La floresta autonómica, ¿tiene solución? (I)

Aceptando, con notable retraso, imputable a la necesidad de superar el temor a no estar a la altura de mis ahora compañeros de blog –y muchos de ellos de profesión-, la invitación a compartir algunas de mis reflexiones en esta página, me he animado a lanzarme a la piscina en un asunto en el que no soy ni mucho menos, especialista. Con la ventaja, eso sí, de que son los especialistas -administrativistas- quienes han allanado los obstáculos jurídicos que ha permitido a los políticos de todos los partidos llevarnos a la irracional situación actual.|

El nacimiento del estado de las autonomías, hace 30 años, fue, cuando menos, peculiar. Desde luego no parece muy coherente e ignoro si tiene precedentes en el derecho constitucional comparado, un proceso en el que de forma simultánea se debatía el proyecto de Constitución, que dedicaba un título, el VIII, a la organización territorial del Estado en comunidades Autónomas, mientras que de forma paralela, el Gobierno, por Decreto, bajo la presión orquestada por la oposición socialista y nacionalista, creaba por Real Decreto “organismos preautonómicos” sin encaje alguno en la legalidad de la época.

De forma buenista (no es patrimonio exclusivo del siglo XXI esta forma de pensar) se creyó que esta sería una buena forma de encauzar los sentimientos y aspiraciones políticas de la oposición que, con extraordinaria habilidad supo identificar la causa de las libertades con la de las aspiraciones al autogobierno de las “nacionalidades” que integraban el Estado Español. Tengo para mí, con la inmejorable ventaja de la perspectiva del tiempo transcurrido, que los pocos que en aquel momento denunciaron la previsible deriva del proceso hacia una situación como la actual, tenían razón.

Lo malo es que en España, como subproducto de la extenuante politización que sufrimos, se legisla indefectiblemente más con el corazón que con la razón y en lógica consecuencia, los debates políticos se suelen reducir a las críticas ad hominem (dime de que se trata, que me subo al carro), en vez de profundizar en las verdaderas razones, los pros y los contras que sustentan una determinada posición.

Creo que nadie que observe el panorama legislativo español con un mínimo de imparcialidad y objetividad podría negar que la proliferación de la floresta autonómica es un completo disparate, como tan acertadamente se ha venido denunciando por diferentes compañeros. Por mi parte querría poner sobre la mesa el debate acerca de su posible superación. ¿Es posible?

Reconozco que es difícil aunque no imposible. En mi opinión, habría que partir de un acuerdo previo: La floresta autonómica no es sino el resultado de un juego político en el que existen diferentes bandos en disputa y en el que las autonomías sin auténtica vocación nacional independiente de la común española, han adoptado el papel del niño que quiere ser igual que los mayores y monta continuas rabietas y chantajes emocionales para conseguir lo que quiere. Y en esa actitud del “yo quiero ser como el que más” plasmada al penúltimo nivel de la cúspide normativa en la llamada “cláusula Camps” está la base y fundamento político de la floresta jurídica autonómica. Vaya por delante que no acuso a Camps o la Comunidad Valenciana de estar más enfermos de infantilismo político que los demás. Esta acusación la dirijo a todos los actores políticos sin excepción, incluyendo, claro está a las “hermanas mayores” y a la propia “madre”, que responde muy bien al perfil del progenitor buenista que se cree que concediendo todos los caprichos a sus hijos, evita los problemas.

En este infantilismo, unido a un desenfoque grave en cuanto a la misma identificación de los distintos actores reales que, por más que se insista en ello no son las Comunidades Autónomas, radica la base política del problema. En este sentido me parece que Maragall tenía razón cuando proponía un sistema de “federalismo asimétrico”, pues es absurdo considerar a las 17 CC.AA. más las dos ciudades autónomas como sujetos políticos idénticos.

7 comentarios
  1. Rafael Dueñas
    Rafael Dueñas Dice:

    Hola Javier, me alegro de leerte. Quiero preguntar ¿tienen sentido 17 (+2) CC.AA de dimensiones tan dispares? Sería más fácil para acabar con parte de la floresta hacer una división territorial reduciéndolas a un número mucho menor y de un tamaño razonable.En consecuencia habría menos normas y sería más fácil armonizarlas. De igual manera, podría reducirse el número de Ayuntamientos creando entidades de mayor tamaño y considerando pedanías a los de pequeña dimensión. Un cordial saludo

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  2. Alvaro Delgado
    Alvaro Delgado Dice:

    Javier, creo que muchos estamos totalmente de acuerdo con lo que expones con claridad meridiana. El problema en estos casos es encontrar una solución al dislate. Como en el ejemplo de los niños consentidos, es mucho más fácil dar caprichos a los protestones que reconducirlos luego, cuando el vicio de pedir les ha convertido en auténticos maleducados. Dile ahora tú a los de un Ayuntamiento determinado, o a los de una Comunidad Autónoma concreta que les vas a recortar competencias o que les vas a fusionar con otros vecinos para hacer más racional la Administración. A ver quién le pone el cascabel a ese gato….
    Recibe un fuerte abrazo y bienvenido al Club.

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  3. jj
    jj Dice:

    Totalmente de acuerdo con el autor y los comentarios. La pena de este asunto es que, ahora, gentes de derechas o izquierdas, han llegado a la misma conclusión que otros anticiparon hace más de 30 años: 17 CCAAs, 17 Consejos Consultivos Autonómicos, 17 Tribunales de Cuentas, 17 Defensores del Pueblo, 17 Tribunales de la Competencia, 17… Pero, como digo, de esas cosas ya nos prevenían algunas personas a finales de los 70, antes y después de aprobarse la Constitución. No les hicimos caso. Y no porque nos parecieran mal sus opiniones, sino sobre todo porque eran «franquistas». Véase el caso de Gonzalo Fdez. de la Mora, que anticipó que la paritocracia y el nuevo diseño territorial serían los grandes errores del cambio. Y como él, algunos más. Si ahora Fidalgo (ex-CCOO) dice caso lo mismo que FdlMora, ¿habría que considerarle un franquista y descalificar de plano sus opiniones? Es lo que tiene este país… que desprecia a las grandes cabezas con argumentos ad hominen, en vez de pensar sin prejuicios y con altura de miras…. Por otra parte, en USA los estados federados se unen -e pluribus unum- en pos de un interés general… Aquí, el proceso es inverso: de la unidad a la disgregación. ¿Dónde está el límite? Cuidado, que si preguntan ustedes por el límite, saldrá alguno de los que han pisoteado el interés general todo este tiempo, para tacharles de centralistas-franquistas-totalitarios y gente que no respeta la diversidad y los principios de autonomía reconocidos a municipios y regiones… Mientras tanto, pasa el tiempo, y aunque parezca que todo esto sale gratis, algún día se verán las consencuencias.

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  4. jj
    jj Dice:

    http://www.iceta.org/jm310178.pdf……………..

    Como muestra del cacao mental que había en 1978 sobre el asunto territorial, valga este art. de un colaborador estrechísimo de Adolfo Suárez, su Secretario de Estado de Comunicación, JOSEP MELIA (mallorquín, no catalán) actuando de ariete de los nacionalistas catalanes. El vocero oficial del gobierno Suárez, defendiendo a los nacionalistas, y haciendo una crítica censoria de Marías, cuyas ideas eran mayoritariamente compartidas por los diputados de UCD!!! Marías (al que nadie podrá acusar de franquista, como hacen con Fdez. de la Mora) criticaba ese concepto difuso de «nacionalidades» y pensaba que no había que intentar contentar a quien nunca se iba a dar por contento con demandas identitarias que no tendrían límite… Si para que no llore el niño, le consientes todo, cada vez que quiera algo, se pondrá a llorar de nuevo porque la estrategia le funciona… Quiere decirse que si el Secretetario de Estado de Comunicación, mano derecha de Suárez, pensaba esto de Marías, qué ideas no tendrían Pujol o Arzalluz sobre estos temas!!!

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  5. elisadelanuez
    elisadelanuez Dice:

    Francisco Javier, bienvenido al blog y gracias por tus reflexiones. Como sabes, yo soy la responsable de la serie de la floresta autonómica que tantas sorpresas nos depara (incluso a mi misma, porque más profundizas en la floresta y más te asombras de hasta donde se ha llegado). Lo de la cláusula de «y yo más» o «y yo también» -la cláusula Camps según la cual todo lo que consiga el primo de Zumosol que me lo den a mí por si se me escapa al redactar mi Estatuto- es una muestra de hasta donde hemos llegado en el disparate y el infantilismo, por no hablar de la técnica jurídica.

    Ahora que se ha acabado la fiesta creo que es hora de que la sociedad civil haga -porque en otro lado no se va a hacer, para qué engañarnos- un análisis racional del Estado de las autonomías, que a mi juicio es un modelo sencillamente no sostenible. Otra cosa es que políticamente va a ser muy díficil que los principales beneficiarios del sistema, los partidos políticos y no solo los nacionalistas por cierto -hablemos claro, son las castas políticas locales de cualquier signo y sus redes clientelares- vayan a renunciar voluntariamente a un «statu quo» que les beneficia tan directamente. Si la política es el arte de lo posible, las soluciones radicales de suprimir o federar CCAA porque no tienen «masa crítica» simplemente no me parecen realistas. Pero en cualquier caso es un debate que toca ya.

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  6. jj
    jj Dice:

    Elisa, Dios te oiga y todo vaya arreglándose. Esa definición de la política como el arte de lo posible se la he leído más de una vez a Savater. Él mismo también escribió una vez que la política es el arte de dosificar la coacción. Y en esto de las autonomías quien más y mejor han dosificado la coacción han sido CIU y PNV. Si no me concedes esto, o no me modificas el Estatuto de Autonomía…….. no te apoyo en los presupuestos grales del Estado, o en esto, o aquello. Y así, tantos años… Por eso se dice que Roca, o Pujol, o Anasagasti son grandes «políticos», por su habilidad negociadora para coaccionar en esto y lo otro… Pero estoy contigo -y no me enrollo más!!!- en que los partidos nacionales tienen una grandísima culpa: a mi nadie me coacciona si yo no me dejo… Y si tengo que disolver las Cortes, las disuelvo, en vez de ceder y ceder….

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  7. F. Javier Oñate Cuadros
    F. Javier Oñate Cuadros Dice:

    Muchas gracias a todos por vuestros comentarios Envié una contestación pero debió perderse así que toca repetirla. Rafael: También me alegro de coincidir aquí. Tengo una «solución» para el problema que planteas y del que también se hacen eco otros comentaristas. Es objeto del segundo comentario que saldrá publicado un día de estos. Querido Álvaro, bienhallado una vez más. Anticipo mi opinión de que hay que operar con realismo, dicho vulgarmente, «con estos bueyes hay que arar» y con los pies en la realidad institucional y política vigente hay que iniciar un cambio de rumbo que nos permita llegar a una situación mejor que la actual. Difícil la travesía, pero imposible que el resultado sea aún peor, salvo Armagedón politico, claro. JJ: Las tensiones en UCD y en AP fueron tremendas. Fraga, uno de los «padres» de la Constitución, denunció (aparte de muchas otras incorrecciones técnicas introducidas por mor del consenso) el tremendo peligro del Título VIII, así como la inclusión del término «nacionalidades» en el art. 2º. Y los 16 diputados de AP acabaron votando unos a favor (Fraga), otros en contra y otros absteniéndose. Uno de los problemas más claros de nuestra Carta Magna es que no se pensó en ningún momento en establecer un sistema de controles (cheks and balances) y al final la soberanía popular no reside en las instituciones, sino en los partidos. Por otra parte, es lamentable la falta de legitimdad percibida en los partidos nacionales, que hace imprescindibles a los nacionalistas, más allá de la conveniencia de una reforma del sistema electoral. Elisa, muchas gracias, por partida triple, por coeditar este magnífico blog, por dejarme participar activamente en él y por tu bienvenida. Coincido en que nada se conseguirá manu militari, salvo que se dé la rarísima circunstancia de que accedan al poder de los dos partidos nacionales, simultáneamente, dos auténticos líderes que quieran poner orden, porque de lo contrario, la realidad económica por sí sola no impondrá los cambios, dado que los llamados a llevarlos a cabo serían los más damnificados. Se me ocurren dos nombres, pero no querría llebvar el debate a ese terreno.

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