Hay Derecho en el Tribunal de Cuentas Europeo

Una vez al año el Tribunal de Cuentas Europeo (ECA en sus siglas en inglés) celebra una jornada de formación para su personal que incluye sesiones plenarias y lo que denominan «Feria de auditoría» en la que se presentan de forma breve diversas experiencias de auditoría de toda Europa. De este modo se intercambian conocimientos y experiencias y los auditores conocen cómo se hacen las cosas en otros tribunales. A raíz de nuestro estudio sobre el funcionamiento del Tribunal de Cuentas español, el ECA nos invitó a participar este año en esta jornada para presentar nuestro trabajo, ya que el mismo incluye una comparativa con el propio tribunal europeo, entre otros. Se puede acceder al estudio completo aquí.

Así que el pasado 17 de noviembre Elisa de la Nuez, Secretaria General de la Fundación Hay Derecho, y yo misma fuimos a Luxemburgo para participar en esta jornada.

Por la mañana asistimos a la sesión plenaria que estuvo a cargo de Ramón Escolano, del Banco Europeo de Inversión.

Después nos invitaron, junto con el resto de ponentes, casi todos auditores de diferentes tribunales de cuentas como Noruega, Dinamarca o Alemania, a comer en las instalaciones del Tribunal, que cuenta con una «cantina» donde todos, consejeros, auditores y administrativos, comparten espacio. Durante la comida los trabajadores del ECA, de varios departamentos y diferentes funciones según nos contaron después, hicieron, para nuestra sorpresa, un «flashmob». La verdad es que fue algo simpático, sin mayor relevancia, pero ciertamente nos impresionó bastante, porque no podemos imaginarnos algo así en nuestro Tribunal, bueno, en prácticamente ninguna de nuestras instituciones, la verdad. Creo que este tipo de iniciativas dicen mucho del estilo de una organización y del ambiente que se vive en ella.

Después de comer pasamos a las sesiones de la «feria», que fueron bastante intensas, pues realizamos dos presentaciones seguidas, de modo que más gente pudiera asistir a varias de ellas.

Compartimos sala con representantes de las entidades de fiscalización de Noruega y Dinamarca, que presentaron dos informes de fiscalización en los que se utilizaban metodologías innovadoras: una metodología basada exclusivamente en la participación de usuarios finales (mistery shopper) y una metodología denominada Public Expenditure Tracking Survey (PETS). Ambas fueron muy interesantes, aunque dejaron patentes qué lejos estamos aún de ciertos países.

Nuestra presentación, que versaba sobre preocupaciones muy más básicas, consistió en un resumen de los principales aspectos que analizamos en nuestro estudio y puede descargarse aquí.

Aunque nuestro estudio difería un poco del resto de presentaciones, ya que la mayoría presentaba auditorías y explicaba las metodologías que se habían utilizado para realizarlas y en nuestro caso no puede hablarse de una auditoría estrictamente hablando, la verdad es que despertó bastante interés. Muchas de las preguntas que nos hicieron tenían que ver con la reacción que nuestro Tribunal de Cuentas había tenido ante el estudio, cómo «les había sentado», y qué medidas habían tomado a raíz de su presentación. Nuestra respuesta fue que, obviamente, el estudio no había sentado demasiado bien en el TCu, pero que la reacción posterior había sido razonablemente positiva. Inicialmente el estudio despertó sorpresa, ya que nuestras instituciones no están acostumbradas a ser objeto de análisis por parte de la sociedad civil, y después cierto malestar, pues a nadie le gusta que se señalen públicamente sus defectos o puntos débiles.

Sin embargo, a lo largo de este año hemos visto una mayor preocupación del TCu por comunicar mejor y ha empezado a ser noticia no solo por sus problemas internos, sino también por los resultados de sus auditorías – algunos ejemplos aquí, aquí, aquí o aquí-. Hemos visto algunos cambios en la forma en la que se hace el plan de trabajo anual, según nos cuentan están trabajando en mejorar la forma en la que se realiza el seguimiento de sus recomendaciones y, especialmente, una mejor disposición a dar información y, por nuestra experiencia personal, a resolver dudas. No es mucho, pero es un paso importante. No decimos que estos cambios se deban exclusivamente a nuestro trabajo, por supuesto, pero creo que el hecho de sentirse observados, y no sólo por la prensa, es un importante incentivo.

Una de las preguntas que más nos sorprendieron fue sobre la reacción del Parlamento. Lamentablemente, tuvimos que decir que no habíamos presentado el estudio ante el Parlamento y que no tenemos constancia de que lo conozcan. Más allá de las circunstancias «anormales» del último año, la verdad es que para nosotros parece muy difícil, casi impensable, que seamos invitados por el Parlamento a presentar nuestro estudio, cosa que al parecer en Europa les parece algo normal. La Comisión Mixta encargada de estas cuestiones no ha solicitado en el último año la comparecencia del TCu para presentar ninguno de sus informes, así que figúrense. El Parlamento debería ejercer su función de control, entre otros muchos medios, a través del Tribunal de Cuentas y debería exigir las responsabilidades políticas derivadas de la mala gestión y el despilfarro, que si no implican responsabilidad contable no son exigibles por el Tribunal (ni responsabilidad penal que debe ser exigida por la fiscalía). Mi reflexión es que si el Parlamento no hace prácticamente nada – o absolutamente nada en el último año- respecto a los informes de auditoría que hace el propio TCu, sería casi un milagro que nos escuchase e hiciera caso a nuestras recomendaciones de motu proprio.

Un aspecto muy interesante de nuestra visita fue que entre los asistentes a nuestra charla estuvieron algunos de los miembros del ECA que formaron parte del equipo de auditores del «peer review» al que se sometió el TCu en 2015. Todos destacaron que nuestras recomendaciones estaban muy alineadas con las del informe que ellos redactaron, aunque las nuestras fueran menos políticamente correctas y tuvimos ocasión de intercambiar opiniones al respecto tras la sesión. Compartían con nosotros la idea de que es necesario realizar muchos y profundos cambios en el Tribunal para mejorar su funcionamiento y su independencia.

Como miembro de la Fundación Hay Derecho para mí fue muy gratificante participar en esta jornada y ver que nuestro trabajo despierta interés más allá de nuestras fronteras, y creo que debe ser un honor para todos los que hacen posible el trabajo de Hay Derecho, a los que esperamos haber representado dignamente. Agradecemos mucho al ECA la oportunidad, y en particular a su Secretario General, Eduardo García, la cordial invitación.