Lecciones de la crisis. ¿Necesitamos una Comisión de la verdad sobre la crisis económica?

2018 marca el décimo aniversario de la “Gran recesión”. Muchos políticos europeos, así como otros miembros de la sociedad en general, desean -de forma bastante comprensible- olvidarse de los años de austeridad y concentrarse en el futuro.

Pero ¿hemos aprendido lo suficiente para evitar crisis futuras? ¿Sabemos la razón por la cual nuestras instituciones resultaron ser tan ineficaces la ultima vez? ¿De verdad consideramos que lo harán mejor en el futuro?

Los tiempos de crisis no suelen ser buenos momentos para estas y otras reflexiones. Los políticos están demasiado ocupados intentando salvar la economía (y sus carreras políticas) mediante cualquier método posible para malgastar su tiempo en tan inútil labor. Sin embargo, una vez evitado el desastre, consideramos que descubrir y ilustrar la forma en la cual los errores institucionales condujeron a la crisis sería un ejercicio de gran utilidad para la sociedad española.

En nuestro estudio, que pueden encontrar aquí comparábamos las distintas experiencias de 6 países europeos, llegamos a la conclusión que las Comisiones de la Verdad Económica (a pesar de lo desafortunado de su nombre), eran la mejor forma de aprender de pasados errores.

En primer lugar hay que clarificar qué es una Comisión de la verdad. Se trata de organos independientes llamadas a documentar casos de errores institucionales en los años antes de la crisis, así como las posibles pautas que pueden poner de manifiesto. Es importante destacar que estas comisiones son diferentes de las Comisiones de Investigación en el Parlamento. Las Comisiones de Investigación están formadas por políticos, algunos de ellos responsables de lo mismo sobre lo que investigan y en cualquier caso partidistas, y normalmente faltos de la experiencia y conocimientos que ostentan los profesionales expertos en los aspectos más técnicos del sistema financiero y económico. Las Comisiones de Investigación, a su vez, son fáciles de desprestigiar a los ojos de la ciudadanía dado que es un mecanismo político de ‘toda la vida’.

Las Comisiones de Verdad, al contrario, son lideradas por expertos (financieros, académicos, auditores…) que que pueden recomendar soluciones técnicas no ideológicas y que carecen de intereses políticos.

En este punto, la experiencia comparada es muy interesante. Recordemos que la crisis económica en Islandia llevo a la quiebra al 97% del sistema bancario islandés. Dada la magnitud del desastre, el primer ministro en los días siguientes del ‘crash’ estableció la primera Comisión de Verdad Económica en Europa. Esta Comisión tras dos largos e intensos años de investigación publicó un informe de más de 1.500 páginas, logrando a través de una combinación de testimonios variados reconstruir las causas y el desarrollo de la crisis con una precisión notable.

El informe culpaba en gran medida a los bancos islandeses, por su comportamiento de excesivo riesgo y sus errores estructurales. El Parlamento islandés, basándose en estas y otras conclusiones, entendió que procedía enjuiciar al entonces primer ministro, un suceso único en Europa. A su vez, las recomendaciones del informe llevaron al parlamento a aprobar varias reformas institucionales de gran calado. Es más, el informe tuvo tanto éxito que se convirtió en un ‘best seller’. Se llegaron a vender copias hasta en los supermercados.

Está claro que Islandia no es España, pero ¿puede una Comisión de la Verdad Económica en España llegar a tener un efecto positivo? Creemos que sí.

Una Comisión de Verdad Económica en España podría revelar aquello que suele estar ‘oculto’ a los ojos del ciudadano medio. Como antes hemos indicado, las crisis financieras modernas son extremadamente complejas, y solo unos pocos expertos pueden llegar a comprender todos sus aspectos en su plenitud. La Comisión, formada por estos expertos, tendría la capacidad de explicar los aspectos técnicos mas relevantes y ponerlos a la vista de la sociedad. Una Comisión seria también un ejercicio de catarsis. A pesar de su naturaleza independiente, las Comisiones de Verdad son comisiones oficiales. Una declaración de «mea culpa» por parte del Estado podría tener un efecto positivo en la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.

Una narrativa oficial de las causas y consecuencias de la crisis podría tener, a su vez, un efecto disuasorio  de las corrientes populistas. Como apunta Michael Ignatieff, las Comisiones de Verdad reducen el número de ‘teorías aceptables’ sobre la crisis que circulan en los medios. Una reducción de los varios mitos o teorías de conspiración existentes rebajarían el enfado e indignación generales que suelen alimentar a los movimientos populistas. En Islandia, como ejemplo, los partidos tradicionales no han cedido terreno a nuevos partidos populistas.

Por último, una Comisión de la Verdad Económica, mediante un análisis de los errores institucionales sucedidos, podría hacer recomendaciones de reformas concretas. Un buen ejemplo de esto fue la Comisión Pecora en Estados Unidos. Fernando Pecora fue el encargado de investigar las causas del ‘crash’ de Wall Street del año 1929, y sus propuestas de reforma formaron la base de la ‘Ley Glass-Steagall’ de 1933, que durante décadas protegió al sistema financiero estadounidense de crisis similares.

Aunque la mayoría de los economistas, así como los políticos, suelen preferir aquellas reformas que estimulen el crecimiento futuro, especialmente después de una crisis, no se puede subestimar la importancia de los hechos pasados para moverse hacia el futuro. Investigar las causas de la crisis no solo permite pensar en posibles reformas, sino sobre todo permite restablecer la confianza en la ciudadanía en un Estado que reconoce sus errores. Esta transparencia es fundamental en la legitimación del Estado moderno, tan atacado hoy en día.

Muchos lideres políticos han considerado la crisis como una oportunidad para implementar grandes reformas. Una Comisión de la Verdad Económica seria un buen punto de comienzo en ese sentido. ¿Dejaremos pasar esta oportunidad para reformar nuestras instituciones?

(Traducción del inglés de Antonio Tena)