Sorpresa en las elecciones andaluzas

La sorpresa de las elecciones andaluzas de ayer no ha desmerecido las que últimamente nos están deparando los comicios de muy diversos países. La novedad no ha sido el triunfo de un empresario megalómano o la aprobación de la salida de la UE, sino la aparición de Vox en el escenario político, alcanzando, desde cero, el impresionante número de doce escaños.

La primera reflexión que esto me sugiere, aunque no sea la más importante, es que el CIS ha hecho un papelón al prever el mantenimiento de escaños del PSOE y vaticinar un solo escaño para Vox. Pero, claro, es lo que pasa cuando se politizan las instituciones y se pone el interés de quien te ha nombrado por delante de la misión que tiene la institución. Creo que se impone alguna dimisión en este órgano.

La segunda es que es preciso dar una explicación a la importante subida del partido de Santiago Abascal, y no resulta del todo sencilla. Una interpretación «nacional» puede ser que las elecciones andaluces son las primeras, de cualquier ámbito, que se dan desde el golpe secesionista catalán – salvo las propias catalanas, en las que ya hubo algunas sorpresas- y, por tanto, es la primera vez que los ciudadanos del resto de España han podido expresar su opinión y sus sentimientos respecto a la forma en que dicho desafío se ha enfrentado por el PP en el gobierno y, ahora, la forma en a que lo está haciendo el PSOE, que, más bien, se ha visto obligado a acercarse al secesionismo y tolerar ciertas actitudes que, quizá, incluso el PP no habría aceptado. Tema, por otro lado, especialmente sensible en Andalucía, que se ha visto en muchas ocasiones como el paradigma de todo lo odiado y rechazado por el secesionismo catalán que, precisamente, tiene en una catalana de origen andaluz, sin pelos en la lengua, a la jefa de la oposición.

Una interpretación más global nos podría llevar a pensar que, de alguna manera, el ascenso de Vox nos está homologando con otras democracias europeas en las que el elemento de la extrema derecha tiene un papel muy importante. Quizá, incluso, se podría afirmar que el fenómeno clave no lo es la aparición de la extrema derecha sino en general el del auge de los populismos; es más, según parece puede haber habido trasvase de votos desde Podemos a Vox, confirmando la idea de que los extremos se tocan. Puede ser, aunque no me convence del todo porque el fenómeno de la indignación ante la crisis más bien ha sido capitalizado en España por el populismo de izquierda, quizá por las características idiosicrásicas de nuestro país. Por cierto, me pareció bastante penosa la reacción de Iglesias proclamando la «alerta antifascista» y llamando a las moviizaciones para «salvar la democracia», cuando precisamente con esas movilizaciones parece que está queriendo negar los resultados de las elecciones. Más bien se trataba de poca autocrítica y mala aceptación de la realidad. La aparición de la extrema derecha no debería recibirse con «alharaca y estrépito» y grititos de horror, sino planteándose qué ha ocurrido para que la ciudadanía adopte estas opción. O sea, exactamente igual que con la aparición de Podemos.

Siguiendo con las causas del resultado, diría que no me parece, en cambio, que el asunto de los Eres haya sido definitivo, porque este escándalo no es nuevo, sino que lleva presente muchísimos años y ha resultado atenuado en su efecto, como ocurre tan frecuentemente con la corrupción, por el hecho de haber beneficiado a muy diversas capas de la población. Por otro lado, ya se encargó Susana Díaz de convocar las elecciones de tal manera de que no coincidieran con el momento álgido de los juicios por este asunto.

Tampoco creo que la razón pudiera ser un hartazgo específico de los andaluces ante un gobierno socialista prolongado durante tantos años pues, aunque obviamente el poder produce un deterioro, es bien conocido que más deterioro produce el no tenerlo y, quizá, el acceso al poder del PSOE en el gobierno central hubiera debido reforzar esa ventaja competitiva. Queda en el aire la influencia que la política de Sánchez en estos meses haya podido tener en las elecciones Andaluzas.

Por otro lado, cabe mencionar también como observación significativa el aumento de Ciudadanos, que no ha experimentado coste por su apoyo al PSOE en esta legislatura en Andalucía y a otros partidos en otras Comunidades Autónomas. Su aumento y el de Vox, y a pesar de la bajada de PP, van a permitir un cambio político inesperado en Andalucía.

En cualquier caso, se confirma un panorama que estábamos todos intuyendo desde hace tiempo: la división del electorado en varias opciones muy próximas entre sí en votos y por tanto, más necesidad de pacto. Sin duda, en España estamos poco acostumbrados a ceder y de alguna manera ello puede tener un efecto positivo: hacer que se introduzcan en la agenda política reformas que de otra manera no se podrían alcanzar. Pero también es posible que esos mismos pactos generen acuerdos poco positivos y, en todo caso, una mayor inestabilidad política. Además, el resultado plantea la inevitable traspolación de los resultados y estas reflexiones al nivel nacional y las consecuencias que ello vaya a tener a la política de Sánchez y los plazos de convocatoria de las generales.

El horizonte está abierto en Andalucía y son varias las posibles opciones. Esperemos que se adopten las más convenientes para el progreso de esa región tan importante de España.

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