The Economist vuelve a considerar a España como una de las veinte democracias plenas

Esta semana hemos conocido el Democracy Index de 2018, el estudio que elabora anualmente el medio británico The Economist, sobre la calidad democrática de los países y que es uno de los indicadores actualmente más prestigiosos.

Pues bien, en el estudio de este año (pueden consultarlo completo aquí), España sigue siendo uno de los veinte países que el medio considera democracias plenas, situándose en la posición 19ª de 165 países que han sido incluidos, con una calificación de 8,08 sobre 10. En el referido ranking, encabezado por Noruega, Islandia y Suecia, en el que España repite la misma nota y posición que el año pasado, nuestro país se encuentra por delante de otros países con democracias más maduras como Estados Unidos o Francia.

 

El estudio divide a los países, entre democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios, puntuándolos de 0 a 10, utilizando diferentes variables como el pluralismo político, en la que nuestro país saca una nota de 9,17, libertades civiles (a España se le puntúa con un 8,82), cultura política (7,50), funcionamiento del gobierno (7,14) y participación política (7,78):

Si siempre es importante que la democracia de nuestro país se valore en estos términos, más si cabe lo es este año, teniendo en cuenta los intentos de desprestigio de cierto sector del independentismo catalán, tratando de asimilar a España con regímenes poco democráticos como Turquía, o denunciando la existencia de presos políticos en nuestro país. Pese a ello, la realidad se suele imponer y lo cierto es que podemos presumir de vivir en uno de los pocos países del mundo (sólo hay 20) con una democracia plena.

Pese a lo dicho, esto no debe hacernos caer en la autocomplacencia porque lo cierto es que hay una gran cantidad de trabajo por hacer y multitud de cosas por mejorar, como tratamos de hacer ver en Hay Derecho desde hace varios años.

El problema es que de un tiempo a esta parte, los partidos políticos están más centrados en sus disputas internas, en el frentismo y en encasillar al oponente, que en tratar de llegar a acuerdos para implementar las reformas necesarias que nos permitan seguir avanzando como país democrático. Basta con poner el reciente ejemplo del intento fallido de reforma de parte de los vocales del CGPJ, en el que se ha perdido una oportunidad histórica de conseguir un poder judicial sin injerencias políticas.

Por ello, más nos valdría recordar el camino recorrido desde la Transición para lograr que la democracia en nuestro país se haya consolidado de una manera plena y olvidar cortoplacismos electorales, con el objetivo no sólo ya de conservar nuestra democracia, sino de mejorarla, ya que, insistimos, hay mucho margen de mejora.

 

Gráficos: The Economist