Primarias

Al aproximarse las fechas de las próximas elecciones generales, autonómicas, locales y europeas algunos de los partidos políticos españoles han empezado a celebrar primarias para elegir a los cabezas de lista. El problema, claro está, es cuando hay un candidato «oficialista» , que suele ser lo habitual. De entrada, es poco probable que otros candidatos posibles tengan muchas ganas de presentarse enfrentándose a los poderosos aparatos de los partidos, incluso teniendo en cuenta el precedente de Pedro Sánchez en el PSOE.  Por eso es tan interesante lo que ocurra en las primarias de Ciudadanos para seleccionar a su candidato/a a la Junta de Castilla y León. El interés se deriva sencillamente de la existencia de una candidatura importante (la de Francisco Igea, hasta ahora diputado en el Congreso) alternativa a la oficialista de Silvia Clemente. Los perfiles de los candidatos no pueden además ser más distintos: mientras que Igea (procedente de UPYD) es médico de profesión y ha sido diputado sólo durante una legislatura, Silvia Clemente procede del PP, en el que ha militado durante 20 años, habiendo ostentado varios cargos importantes en distintas Consejerías. No solo eso, según algunos medios existen dudas sobre su gestión y podría verse salpicada por casos de clientelismo en alguno de estos cargos, dudas que han sembrado inquietud en sectores de C,s.

Dicho lo anterior, lo que parece claro es que a nuestros partidos políticos -incluidos los nuevos- le cuesta mucho asumir la democracia interna en general y las primarias abiertas como un instrumento adecuado para ejercitarla en particular. Las cúpulas de los partidos tienen poca confianza en las primarias. Es cierto que en partidos muy pequeños con muy pocos militantes el riesgo de que se presenten personajes poco escrupulosos o hasta atrabiliarios sencillamente consiguiendo que le voten amigos y familiares es muy alto. Pero siempre se pueden evitar introduciendo mecanismos de corrección adecuados o simplemente estableciendo un número mínimo de afiliados para realizar unas primarias o /y un número suficiente de avalares para presentarse, aunque aquí también se corre el riesgo de que se exija un número desmesurado para establecer una barrera de entrada. En todo caso, parece claro que un sistema de primarias -aunque no es una varita mágica y es evidente que introduce una cierta tensión en el partido, en la medida en que el candidato que gane puede no ser de la linea oficial de la dirección con lo que eso supone y más en vísperas de elecciones- supone más garantías de participación y de democracia interna que un sistema en que todos los candidatos son seleccionados por la cúpula directiva, lo que en la práctica viene a querer decir por una sola persona.  Podemos recordar en ese sentido el PP de Mariano Rajoy, en el que las primarias se consideraban innecesarias. También lo que ocurrió cuando se eligió a su sucesor por primarias: que no ganó la candidata del Presidente saliente.

Por otra parte, las posibilidades de que una sola persona desde Madrid acierte con todas los cabezas de lista es poco realista. En ese sentido, parece más que razonable que los órganos regionales o/y locales tengan algo que decir; al fin y al cabo son los que mejor conocen a los posibles candidatos y el terreno electoral que pisan. Y puestos a ello, lo razonable es que esos candidatos se presenten a primarias.

En definitiva, conviene mantener la coherencia sobre lo que se predica y  lo que se hace. El ejemplo de Podemos, otro partido totalmente controlado por su líder es también muy interesante. La falta de coherencia -y no hablamos del chalet de Galapagar- siempre tiene un coste importante en política. Hablar de la necesidad de participación ciudadana y no tolerar la más mínima participación en la toma de decisiones y controlar con mano de hierro la selección de candidatos -incluso con primarias de por medio- no parece muy coherente. En último término, lo más probable es que acaben saltando las costuras y que algunas personas relevantes pueden decidir montar candidaturas alternativas como ha sido el caso de Errejón en la Comunidad de Madrid. No deja de ser interesante que el último partido en llegar, Vox , simplemente ha anunciado que no celebrará primarias.

Como conclusión, la democracia interna es todavía en gran medida una asignatura pendiente de nuestros partidos políticos, que siguen obsesionados por el control y en particular por el control de las listas electorales. Y sin embargo los «checks and balances», es decir, los contrapesos internos y las fórmulas para limitar el poder del líder y de las cúpulas son tan imprescindibles en los partidos como en las instituciones para garantizar mecanismos más efectivos en la toma de decisiones, la rendición de cuentas, la transparencia, la captura del partido por intereses particulares  y, en suma, un buen gobierno. Que también tiene réditos electorales, porque mejores candidatos obtendrán mejores resultados.

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