Brote de nepotismo múltiple en Móstoles

Una de las cosas más penosas de dedicarse altruistamente al enhancement institucional (utilizo un semibarbarismo por no hablar de la manoseada regeneración) es constatar que las cosas de palacio van despacio. Pero mucho. No es que aquí creamos que nadie nos tenga que hacer caso por nuestra autoridad o prestigio, pero sí tiene uno la ingenua esperanza de que ideas que parecen obvias vayan poco a poco calando porque es claro que a medio plazo van a beneficiar a todos. Es más, tienes la esperanza de que en una época de crisis, en que las bases establecidas de la sociedad se tambalean, pueda producirse un momento oportuno para el cambio.

No quiero hablar de la situación política en general, en la que parece que el bipartidismo-rodillo ha dado paso a una especie de multipartidismo esclerotizado que no va ni para adelante ni para atrás en las reformas institucionales que urgentemente necesitamos. Pero, eso sí, las prácticas del antiguo régimen se repiten y, lo que es peor, se repiten sin conciencia alguna de que son reprochables.

Me refiero, por poner un ejemplo, al caso de la alcaldesa de Móstoles, que no ha dudado en nombrar a su hermana para llevar las redes sociales del Ayuntamiento por 52.000 euros, ha ascendido a su tío, Héctor, de auxiliar administrativo en Cultura a director técnico de Deportes y se ha subido el sueldo un 16%, hasta los 82.000 euros anuales, como nos cuentan aquí. Eso está mal, pero peor está que diga que no entiende las críticas y que ella se rodea de personas competentes y de la máxima confianza. Si esta señora no comprende las críticas, que al parecer vienen incluso desde su propio partido, es que tenemos un brote de nepotismo de una cierta gravedad.

¿Qué hacer para prevenir el contagio? Lo de siempre, tomar una serie de medidas profilácticas; básicamente  grabarse a fuego en la cabeza estos principios democráticos fundamentales:

Primero: que una cosa no esté contemplada en el Código Penal no quiere decir que esté bien. Las responsabilidades políticas son diferentes de las penales. La legislación penal es la ultima ratio ante conductas absolutamente reprochables que pueden llevar a la pérdida de libertad y sanciones importantes pero que no definen el ámbito de lo correcto e incorrecto en una sociedad normal.

Segundo: que un acto administrativo o civil no esté prohibido o que una incompatibilidad no esté regulada no quiere tampoco decir que sea justo y necesario. Hay actos que son discrecionales de la Administración, pero pueden ser controlados y anulados por los Tribunales si no tienden a cumplir los fines a los que deben estar dirigidos. Hay contratos que son lícitos e incluso exigibles, pero moralmente reprochables.

Tercero: que si un político es un representante, como tal representante tiene sus poderes limitados en caso de conflictos de interés, y siempre hay éste, por principio, cuando alguien usa dinero de otro para pagar actos, hechos o personas en que el político está interesado, y por definición hay ese interés cuando se trata de tu familia y allegados. ¿Por qué? Pues porque hay una duda fundada de si ese dinero, ese contrato o esa decisión la estás tomando en beneficio de quien te ha dado el poder y a quien te debes o si lo estás haciendo porque te interesa a ti y a tu familia. Por eso el que tiene un poder notarial para vender un piso no lo puede comprar a su nombre según el Código civil, ni un administrador de una sociedad puede contratar a su esposa, según la Ley de Sociedades de Capital, sin los consentimientos de aquellos a quienes representan, pues es muy posible que en esos casos el representante quiera fijar un precio o unas condiciones “de amigo” en perjuicio de quienes les han nombrado y cuyos intereses guardan.

Estas ideas, bien metidas en la cabeza de los políticos y de los ciudadanos, previenen de la enfermedad del nepotismo. Porque un país democrático comme-il-faut no se limita a aplicar las normas escritas sino que, como decía Tocqueville, lo esencial para una democracia son los hábitos o costumbres de la sociedad, “la suma de ideas que dan forma a los hábitos mentales”. Las mores son incluso más importantes que las leyes para establecer una democracia viable, porque estas son más inestables cuando carecen del respaldo de las mores.

Pero dirá la interesada (y lo ha dicho), “es que confío mucho en ellos”, “son personas de mi total confianza y eso es un valor”. La confianza está sobrevalorada, estimada alcaldesa. Al menos en un país mínimamente desarrollado. Como exponíamos en nuestro libro Contra el capitalismo clientelar, los economistas dicen que éste –el clientelismo- es una respuesta lógica ante la falta de instituciones: como no sé si la justicia me va a proteger, ni si habrá estado de Derecho, mejor es sobornar a quienes detentan el poder para así asegurar el buen fin de mis inversiones. Pero si hay buenas instituciones esa solución no solo es mala jurídicamente, sino que a la larga produce ineficacia y enriquecimiento de sólo unos cuantos, los que manejan el poder. O sea, en un país desarrollado las relaciones jurídicas y económicas ya no se limitan a los parientes, amigos y clientes, porque ya existen instituciones que sustituyen la confianza que da el conocimiento directo y las relaciones personales por la seguridad que proporcionan unas reglas estables que permiten el juego del mérito y la capacidad: los cargos, los contratos, las funciones nos las van a ejercer las personas, competentes o no, pero de mi total confianza, sino personas competentes que, si no actúan correctamente serán removidas de su cargo. Eso permite el progreso, la innovación y el desarrollo económico, porque además promocionar el mérito, amplia el alcance de las relaciones económicas y políticas mucho más allá del limitado ámbito de la familia y los amigos.

Y ¿qué hacer con el brote nepotísitico de Móstoles? En mi opinión no debería caber otra que la remoción de sus cargos de los nombrados y la dimisión de la Alcaldesa por la responsabilidad política derivada de nepotismo agravada por la ignorancia de su gravedad. ¿Muy radical? Para nada: es lo que ha ocurrido en Portugal no hace mucho con el llamado  familygate o en Francia con cuatro ministros de Macron y antes con Fillon. Algo que que dejara en buen lugar a los míticos Alcaldes de Móstoles de 1808, cuyo bando incorporo en la imagen.

PS: terminando estas líneas me entero de que la Alcaldesa rectifica y «anula» la contratación de su hermana. Algo es algo. Aunque de dimitir nada, porque «no es una rectificación: es un acto de coherencia después de que la ciudadanía se mostrase en contra de una decisión lícita». Sigue sin comprenderlo del todo, me temo.