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Estudiar Derecho en Reino Unido vs. España. Mi experiencia un año de Erasmus

Amig@ lector/a:

Soy estudiante de Derecho y Estudios Internacionales en la Universidad Carlos III de Madrid. Este pasado curso 2018/2019, gracias al Programa Erasmus+ he estudiado cuarto de carrera en la Facultad de Derecho de University College London (UCL). Mis estudios de Derecho hasta entonces me habían dejado una cierta sensación de desencanto, y llegué a UCL con mucha ilusión no sólo por la experiencia personal sino también por la académica. Este curso he experimentado una manera diferente de estudiar Derecho que me parece, en varios sentidos, mejor. Sin duda mi visión es fruto de mis experiencias particulares, pero, tras cotejar con amig@s de distintas universidades que han hecho intercambios académicos parecidos, considero que mucho de lo vivido es común. Escribo este post no queriendo caer en un “derrotismo ibérico” -que no comparto- sino para sumar una perspectiva al debate sobre la educación que queremos que ofrezcan nuestras universidades.

Empecé la carrera con motivación por entender las normas jurídicas que rigen las relaciones humanas, y por adquirir una herramienta accionable de transformación social como puede serlo el Derecho. Pero demasiado a menudo la dinámica de las clases consistía en copiar lo que en clase se dictaba casi literalmente. No aprendíamos argumentación, pensamiento crítico ni aplicación práctica. Preparar los exámenes solía consistir en memorizar apuntes. El examen luego estaría compuesto por preguntas puramente expositivas, del tipo “Explique cuáles son los principales elementos de la ley X”, o de tipo test, como “¿Cuál es el plazo de prescripción del delito X?”. L@s estudiantes responderíamos y, al poco tiempo, olvidaríamos lo estudiado.

Por ello llegaba a Londres con muchas ganas de estudiar Derecho de la manera en que, por lo que había oído, lo estudian allí. ¿Realmente habría menos memorización y, en su lugar, más argumentación y análisis? A lo largo de 9 meses estudiando en UCL he ido respondiendo a esta pregunta, desde mi experiencia personal. Y lo que he encontrado es que en UCL sí hay que memorizar, y mucho. Hay que estudiarse muy bien las normas jurídicas, y la opinión de distint@s académic@s sobre temas controvertidos. Pero hay una gran diferencia: la memorización no es el fin último. Más bien, lo memorizado se utiliza o bien para resolver un caso práctico o para desarrollar un argumento propio que no se ha impartido como tal en clase.

Es cierto que desde que el plan Bolonia está vigente, al menos en la UC3M, las asignaturas deben impartirse en un 50% de clases teóricas y otro 50% de clases prácticas. Mi experiencia personal ha sido que muchas veces estas “prácticas” consisten en la entrega de trabajos no verdaderamente prácticos sino recopilatorios de información (“¿Qué dice la jurisprudencia sobre el delito X?”). En aquellas asignaturas cuyos profesores realmente dedican las clases prácticas a la resolución de casos, no me parece que haya tantas diferencias entre la pedagogía utilizada en ambos países (o al menos, entre las universidades que yo he vivido como estudiante). Sin embargo, incluso cuando sí se resuelven casos prácticos, sigue habiendo una diferencia clave: la manera en que se estudia la teoría.

Imaginemos la asignatura de Derecho Constitucional en una universidad cualquiera de nuestro país. Un tema de la materia consistiría en los principios fundamentales de la Constitución. Otro tema consistiría en la relación entre Gobierno y Parlamento. Una pregunta del examen sería “Enumere los principios fundamentales de la Constitución”, y otra pregunta sería “Explique la relación entre el Gobierno y el Parlamento”. Para responder habría que describir dichos temas tal y como se recuerdan de los apuntes.

En UCL se impartiría la misma materia en clase. Pero la pregunta del examen sería “Discuta la siguiente afirmación. La dominación del Gobierno sobre el Parlamento es problemática desde un punto de vista constitucional”. No es posible responder a esta pregunta reproduciendo lo estudiado de los apuntes, porque no se ha tratado en clase explícitamente. Sí hay que explicar cuáles son los principios fundamentales de la Constitución, y también la relación entre el Parlamento y el Gobierno. Pero hay que analizar lo segundo a la luz de lo primero, argumentando por qué la relación entre Gobierno y Parlamento –si se considera una relación de dominación- entra o no en conflicto con los principios constitucionales. Para ello, es posible apoyarse en opiniones académicas, pero siempre como apoyo a la propia e intentando incluir y rebatir el punto de vista opuesto. Un ejemplo de respuesta, de muchos posibles, puede encontrarse aquí traducido [ver adjunto: Ensayo adjunto (español)] –aunque no sea para nada perfecto, recibió una evaluación positiva y lo adjunto porque me parece que así se ilustra más directamente.

Para responder a esa pregunta hay que haber memorizado mucho. Pero la memorización sólo es un paso previo, es algo así como hacerse con los ladrillos que luego habrá que combinar para hacer una construcción estructurada y, a ser posible, original –siendo la estructura y la originalidad lo que finalmente se evalúa. La diferencia entre las dos preguntas no tiene nada que ver con el hecho de que el sistema jurídico de Reino Unido sea common law en lugar de derecho continental. Sólo hay que cambiar el tipo de preguntas que hacemos, y eso se puede hacer ya se trate de derecho español o británico.

El tipo de preguntas que se hace en los exámenes también influye en la manera de impartir las clases. En UCL se previene la pasividad porque se espera que l@s alumn@s lleguemos a clase habiendo hecho lecturas previamente asignadas, -aunque muchas veces lo que termina ocurriendo es que se hacen las lecturas después de la clase. Es cierto que en UCL también hay lecciones magistrales en las que el profesor imparte materia, y que también hay que tomar muchas notas, pero rara vez hay que copiar literalmente porque de antemano se proveen resúmenes muy elaborados para que l@s asistentes puedan escuchar en lugar de copiar frenéticamente. Además, las clases son grabadas de modo que luego se puede volver a ellas desde la plataforma virtual, pudiendo escucharse tantas veces como se quiera. Esto, me parece, sería impensable en España, precisamente porque lo que se evalúa es la repetición de contenidos y por tanto se entiende que el valor aportado por el/la docente únicamente es la transmisión de dichos contenidos en lugar del planteamiento de preguntas críticas o el acompañamiento en el análisis. Grabar las clases, por tanto, equivaldría a sustituir al docente en la única función que se le atribuye y por eso sería impensable.

Otro detalle, no estrictamente relacionado con la memorística pero a mi juicio también importante, es que las evaluaciones en UCL son anónimas. L@s estudiantes no escribimos nuestro nombre en exámenes ni trabajos sino un código numérico. Esto previene sesgos -negativos o positivos- por parte de quien corrige. Por otro lado, se recomienda que utilicemos un estilo de expresión lingüística sencillo y directo. Se nos anima a moderar la ornamentación verbal, la subordinación oracional múltiple y el hipérbaton -instrumentos considerados más adecuados al ámbito de la creación literaria que al de la academia jurídica. El objetivo de esto es que l@s estudiantes demostremos que sabemos explicar con claridad los conceptos aprendidos y que podemos relacionarlos, y que no utilicemos un lenguaje grandilocuente para dar rodeos si no sabemos responder.

Considero que las consecuencias de un sistema pedagógico como el que he vivido en UCL son muy positivas. Un sistema puramente memorístico desincentiva fuertemente la proactividad y la capacidad de análisis. Poco a poco l@s alumn@s nos convertimos en receptores pasivos de información, hasta el punto de que la pregunta más frecuente que se nos oye hacer en clases de Derecho es “¿puede repetir lo último que ha dicho?” (para apuntarlo bien y poder memorizarlo luego). Es el resultado de un sistema que recompensa la literalidad en la repetición de contenidos, al cual l@s estudiantes nos adaptamos y acostumbramos.

Después de estudiar un año de Derecho en UCL, creo entender por qué en Reino Unido es tan común que l@s estudiantes de una disciplina luego puedan trabajar en otra que no tenga nada que ver. Un@ puede estudiar Derecho y luego dedicarse, por ejemplo, a la consultoría. Porque aunque termine la carrera sin saber sobre el tema en el que se especializa un determinado trabajo, no ha dedicado 4 años a memorizar, repetir y olvidar, sino a considerar distintos puntos de vista, investigar sobre ellos de manera activa, a estructurar y a adaptarse.

Un sistema pedagógico como el de UCL tiene efectos positivos mucho más allá de la empleabilidad de l@s estudiantes. Esta costumbre de análisis y pensamiento crítico nos hace más libres también en la formación de criterios propios en cualquier contexto, favoreciendo una sociedad civil más fuerte. También impulsa una cultura académica en la que las publicaciones no tienen un contenido meramente recopilatorio o histórico, basado en la descripción de lo que ya existe, sino en la que se hacen propuestas para mejorar nuestras leyes e instituciones. La investigación de nuestras universidades tiene un potencial enorme de contribuir al progreso social, no sólo en el campo STEM sino también en el campo del Derecho, a través de la innovación jurídica. Si la tipología de empresas definida en la ley no termina de funcionar, si el proceso de aprobación de las leyes no es óptimo… un estudio analítico y creativo del Derecho permite detectarlo y proponer soluciones que nos hagan la vida mejor.

Podríamos ganar tanto si incorporáramos un sistema pedagógico así a la enseñanza del Derecho. Para conseguirlo no hacen falta grandes cambios estructurales en la universidad. Lo único necesario es cambiar el tipo de preguntas que hacemos a l@s estudiantes en los exámenes. Conseguirlo es urgente. No puede ser que una educación de la mayor calidad sólo esté al alcance de quien puede financiar una estancia Erasmus, o hacer toda la carrera en universidades extranjeras de prestigio. He tenido magnífic@s profesor@s en España que utilizaban métodos muy parecidos a los que he vivido en UCL, pero tenemos que conseguir que dejen de ser una excepción.