Los enredos del Ministro Abalos ¿por cuenta propia o por cuenta ajena?

El culebrón de la «no-reunión» del Ministro Abalos con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodriguez, cuya entrada en territorio de la Unión Europea está prohibida hubiera merecido una prosa similar a la Lewis Carroll en «Alicia en el País de las Maravillas» o mejor aún la de «Alicia a través del espejo» que, desafortunadamente, no está al alcance de los editores de este blog.   En todo caso, parafraseando a Humpty Dumpty, el poder consiste en que las palabras signifiquen lo que uno quiere, o al menos que no signifiquen nada. En ese sentido, el Ministro ha conseguido dar sucesivamente varias versiones surrealistas de lo ocurrido en el aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas de Madrid, versiones que se iban adaptando a los sucesivos descubrimientos periodísticos, por cierto.  Así que -más allá de lo que pueda seguir apareciendo, que parece prometedor a juzgar por las noticias- podemos llegar a la conclusión de que al Ministro le da exactamente igual lo que opinemos la ciudadanía de sus idas y venidas por el aeropuerto con la vicepresidenta de Venezuela. De hecho, ya manifestó públicamente su concepto de la rendición de cuentas al decir que a él no le echa nadie, faltaría más, y menos por menudencias como mentir varias veces (suponiendo que alguna de las versiones sea la buena). Por otra parte, el Presidente del Gobierno le ha ofrecido todo su apoyo, aunque de los apoyos incondicionales y de las manos en el fuego de los políticos conviene no fiarse demasiado.

En este juego de mentiras y medias verdades nada es creíble. Bueno, algo sí: que la Unión Europea ha impuesto una serie de sanciones a determinados dirigentes de Venezuela (entre ellas Delcy Rodríguez) cuyo cumplimiento incumbe a todos los Estados miembros. Entre estas sanciones está la de entrar y circular por el territorio de la Unión, además del bloqueo de sus recursos económicos en la Unión Europea. Las disquisiciones sobre si el aeropuerto de Barajas y su terminal se consideran o no territorio de la Unión Europea resultan sorprendentes: en primer lugar porque no hay duda desde un punto de vista técnico-jurídico, y en segundo lugar porque uno pensaría que impedir la entrada en un aeropuerto de la Unión Europea es justo lo que se pretende en este caso, aunque solo sea porque para llegar a Europa desde Venezuela se suele hacer en avión. La comparación con los inmigrantes ilegales que llegan a nuestros aeropuertos en avión resulta dolorosa desde el punto de vista del Estado de Derecho y de la igualdad de todos ante la Ley.

Pero lo peor quizás es -por ahora- el remate final. Solo una vez establecido que el Ministro no se encontró por casualidad con la vicepresidenta mientras daba su usual paseo de madrugada por la Terminal 4 del aeropuerto de Adolfo Suarez de Madrid Barajas explicó Abalos en la Sexta que realmente lo que había hecho era un servicio al país, al haber ido (a altas horas de la noche y sin su coche oficial por cierto) hasta el aeropuerto  para avisar a la vicepresidenta precisamente que no podía entrar en España. Cada uno puede pensar lo que quiera de estas explicaciones sucesivas, pero tenemos bastante claro lo que pensaría cualquier jurista avezado y no digamos ya un juez. Pensemos en que estuviéramos ante un testigo que da varias versiones de lo acaecido que a) No cuadran unas con otras b) han ido cambiando para ajustarse a las nuevas revelaciones que se van conociendo c)  van mejorando a medida que dispone de más tiempo y más medios de prepararlas y conoce las «imputaciones» de la parte contraria (las alegaciones de que se estaban incumpliendo las resoluciones sancionadoras  europeas).

Pero lo interesante es que probablemente los  ciudadanos piensen lo mismo: que no se puede creer al Ministro y que por razones que solo él conoce tuvo una entrevista con la vicepresidenta de Venezuela que negó cuando se filtró. Y esto solo puede tener una consecuencia, como ocurrió en el caso de José Manuel Soria que ya comentamos en este blog en su momento.  Otro ministro, otro gobierno, otras mentiras, idéntica actitud. Por ahora, Abalos aguanta quizás porque es tal el volumen de noticias surrealistas o/y escandalosas que nuestra clase política nos proporciona que realmente en el plazo de unos días todo queda olvidado. Será por mentir a la opinión pública… Las últimas noticias apuntan incluso a que quizás estaba en el aeropuerto por cuenta de alguien más importante aún.

Sea lo que no sea, lo que en Hay Derecho no podemos olvidar es el daño a las instituciones que ocasionan estos comportamientos ni la preocupación creciente de los españoles por una clase política tan decidida a tocar fondo que ni siquiera el CIS de Tezanos lo puede disimular.

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