Discurso del Presidente en la entrega de los VI Premios Hay Derecho

Hoy la Fundación Hay Derecho premia a Jaime Carvajal, que ya no está entre nosotros, y a Jesús Villegas. A ambos los une el premio y lo que motiva el premio: ser un ejemplo para los demás en la defensa del Estado de Derecho y en la integridad, independencia y eficacia de las instituciones.

Con los premios Hay Derecho tratamos de reconocer conductas éticas. Dice el filósofo Robert Audi que lo ético es hacer lo correcto por las razones correctas. Y como dice este mismo autor, lo ético es aquello que logra optimizar la felicidad sin causar injusticia o reducir la libertad, pero teniendo siempre en cuenta que las consideraciones sobre la justicia y la libertad tienen prioridad sobre las de la felicidad individual.

La conducta de Jaime Carvajal fue reconocidamente ética, pues buscaba precisamente la mejora de la situación del ciudadano a través precisamente de consideraciones de justicia y libertad. Tuve la oportunidad de compartir con él reuniones del jurado de estos mismos premios y su entusiasmo y decisión en la defensa de lo que en ese momento ocupaba preferentemente nuestras mentes: el desafío catalán. Todas las referencias que me han llegado después sobre su figura han insistido en su generosidad, empatía y capacidad de liderazgo. Nos enorgullecemos de tener ahora entre nuestros patronos nada menos que a su padre y a un amigo tan próximo como Pelayo Primo de Rivera. Es como haber recibido un legado de su ejemplo en nuestra Fundación

Jesús Villegas es un viejo compañero de lucha y un candidato antiguo a este premio que en otras ediciones ha recaído en personas que han luchado contra la corrupción, que se han destacado en la investigación del terrorismo, o que se han distinguido en la oposición a la quiebra del Estado de Derecho a consecuencia del golpe, posmoderno, como diría nuestro presentador Daniel Gascón, en Cataluña. Jesús Villegas ha realizado un esfuerzo descomunal en un empeño que tanto para la Plataforma Cívica para la Independencia Judicial, que él lidera, como para nuestra Fundación, tiene tanta envergadura como las otras que hemos premiado anteriormente: la independencia del Poder Judicial.

Por supuesto, es importante cuestionarse si debe anularse o no la reforma laboral del PP, si es correcto indultar a los independentistas, o si debe perder el escaño el diputado de Podemos condenado. Pero las reivindicaciones de independencia del Poder Judicial a través de una elección no politizada del CGPJ, que impulsa Jesús Villegas, está varios peldaños más arriba de estos temas en lo que deben ser las prioridades de una democracia avanzada, quizá porque seguramente sobrevuela y afecta a todas ellas. Y ello porque toca uno de los pilares mismos del sistema democrático, la separación de poderes, del mismo modo que el golpe catalán afectaba a la soberanía nacional.

La preocupación por la separación de poderes es permanente en los autores clásicos del pensamiento político desde el momento mismo en que se es consciente de que el poder absoluto, el Leviatán, es peligroso para las libertades. Se basa en una idea muy simple que procede de la observación de la naturaleza humana. Montesquieu –que como bien dice Jesús Villegas mucha gente cita pero pocos han leído- argumentaba que «todo hombre que tiene poder se inclina a abusar del mismo; él sigue hasta que encuentra límites. Para que no pueda abusar del poder hace falta que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder».

«En todos los gobiernos tiránicos –dice- la magistratura suprema, o el derecho tanto de hacer como de hacer cumplir las leyes, está conferido al mismo hombre, o al mismo cuerpo de hombres; y dondequiera que estos dos poderes se unan, no puede haber libertad pública.

«Todo estaría perdido, si el mismo hombre, o el mismo cuerpo de los principales, o de los nobles, o del pueblo, ejerciese estos tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los crímenes o las diferencias entre los particulares.»

La falta de separación de poderes en aquella época se predicaba –por supuesto- en otras condiciones: se trataba de evitar los abusos de la monarquía absoluta. Recientemente un exministro, en un periódico de tirada nacional, usaba este argumento para desvirtuar los de los que defienden el cambio de sistema en el nombramiento de los miembros del CGPJ para lograr más independencia. En realidad lo que Montesquieu quería –decía el exministro- era evitar que un estamento o casta de jueces, procedentes de la nobleza, pudiera retrasar los progresos del pueblo. La conclusión sería, pues, que es mejor que el pueblo soberano controle todos los poderes del Estado. Por medio de sus representantes, claro, que serían los de las cúpulas de los partidos.

Lamentablemente, este poder único de todos los poderes conduce a lo que nos decía Alexis de Tocqueville en La democracia en América: “el despotismo, peligroso en todos los tiempos, resulta mucho más temible en los democráticos”. Hoy la falta de separación de poderes o su  deterioro no nos conduce directamente, por suerte, a una dictadura, sino a una democracia capitidisminuida o iliberal. La democracia iliberal –concepto que se debe al politólogo estadounidense Fareed Zakaria- es una forma de gobierno a caballo entre la democracia liberal tradicional y un régimen autoritario: se respetan ciertos aspectos de la práctica democrática, como el sufragio universal, pero se ignoran otros, como la separación de poderes, o se vulneran ciertos derechos civiles.

Es, parafraseando a Gascón, un despotismo posmoderno, más fino, más disimulado, más complejo, menos fácil de comprender y detectar, pero despotismo al fin y al cabo, porque el sistema acaba dependiendo de muy pocas personas, las que forman las cúpulas dirigentes los partidos, que son las que deciden cómo han de actuar el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. Un iliberalismo líquido, porque las cúpulas cambian en función de las elecciones, pero acaban pactando para repartirse los instrumentos de poder. Eso sí, hacen grandes aspavientos si se lo haces notar. La semana pasada unas cuantas asociaciones estuvimos en un ministerio hablando de esta cuestión y fue mencionar a Polonia y rechazar indignados comparación alguna. Sin embargo, como hemos publicado en el blog, el sistema polaco de elección del CGPJ es muy similar al nuestro y ambas son las excepciones en Europa. Hoy Polonia ha sido multada por la UE con un millón de euros diarios por esta cuestión.

Sin duda, Europa ayudará mucho a solucionar el problema, pero los ciudadanos debemos ser conscientes de esta realidad. Si ser ciudadano en una democracia del XIX equivaldría desplazarse en un carro tirado por burros, serlo en una democracia del siglo XXI es como viajar en un avión supersónico. El dirigente necesita más preparación, porque el burro es más simple que un Boeing. Pero el viajero también tiene que tener una mayor preparación: debe elegir vuelos, pasar controles de seguridad, entender idiomas, realizar un montón de operaciones que antes no necesitaba hacer. A cambio, eso sí, llega más lejos.

Hoy hemos de preocuparnos de muchas cosas y es difícil distinguir las realmente esenciales. La enorme variedad de opiniones, libertad de modos de vida, unida a la extraordinaria complejidad de los procesos en la vida moderna, nos deja a merced de quienes tienen capacidad de influir en las conductas, de aparecer en nuestras pantallas, hoy mucho más fácil merced a la tecnología. Quienes no hayan tenido la suerte de poder adquirir ciertas herramientas de discernimiento y discriminación estarán al albur de propagandistas o  políticos o pseudointelectuales interesados.

Ser ciudadano es, hoy, más un trabajo y una responsabilidad, además de un conjunto de derechos. O mejor, es un enorme patrimonio en activos que se puede malograr si lo dejamos en manos de supuestos profesionales y nos despreocupamos de la gestión. La Fundación Hay Derecho, se dedica a esto y por eso usa como lema la frase: “Por una conciencia cívica”.

Decía Martin Luther King dijo: “nuestras vidas empiezan a acabar cuando se guarda silencio sobre las cosas que importan”. Jaime Carvajal y Jesús Villegas nos han llamado la atención sobre las cosas que importan. Muchas gracias por hacerlo.

4 comentarios
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Enhorabuena a HD por estos nuevos premios. Son la demostración de que todavía hay una cierta esperanza y que hay destellos de luz en la caverna.
    No me gusta demasiado el término «iliberal» por su falta de contundencia. O se está por las libertades o se tratan de eliminar con cualquier subterfugio totalitario apoyado en la propaganda (no sé si hemos notado la cantidad de mensajes doctrinarios en todo tipo de publicidad, en las vallas, en los luminosos, en las megafonías comerciales….).Por ahí se empieza y nunca se sabe donde acaba.
    Enhorabuena a HD por mantener la luz de la razón, del sentido común, de la sensatez, del Derecho y, sobre todo,de la verdadera democracia, en estos tiempos distópicos.
    Un cordial saludo.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Felicitar al Blog, a Elisa y a Ignacio por su labor de estos años junto al equipo que trabaja con ellos. Lo digo de corazón y a pesar de estar convencido de que el reformismo es una pérdida de tiempo y esperando estar equivocado. Felicito igualmente a los premiados.

    Me gustaría referirme brevemente a dos partes del texto de Ignacio en esta entrega de premios. Ambos párrafos explican de modo indirecto pero eficaz por qué el reformismo, en esta etapa agónica de nuestra civilización, ha dejado de ser funcional.

    La primera es la referencia a Robert Audi cuando dice ….»lo ético es aquello que logra optimizar la felicidad sin causar injusticia o reducir la libertad, pero teniendo siempre en cuenta que las consideraciones sobre la justicia y la libertad tienen prioridad sobre las de la felicidad individual»

    Este párrafo parece una versión hedonista del «Óptimo» de Pareto. Procede usar el adjetivo Hedonista porque nos dice que, salvo en lo tocante a Justicia y Libertad, el objetivo de la acción moral es la búsqueda de la «felicidad» que hemos de presumir subjetiva y por tanto relativista.
    Esto es lo contrario de la auténtica acción moral que pasa por lo Universal (aplicable igualmente a las ideas de Justicia y Libertad) y no ha de ser buscada por hedonismo sino porque es lo que corresponde a nuestra naturaleza trascendente.

    La segunda es la acertada referencia a la etapa despótica y terminal de las democracias que describe Tocqueville en el Libro IV de su conocida obra: «La Democracia en América».
    Este libro IV, el último, es profético porque explica en detalle cómo y por qué el Despotismo que ya estamos viviendo es el resultado determinista del sistema.
    En Francia este librito se publica como separata bajo el título: «Le Despotisme Démocratique».

    Todos rendimos pleitesía a Europa y a veces pecamos de ello. Quizás porque sin Europa hoy, con las formas de «desgobierno» que nos «hemos dado» en ESpaña, estaríamos mucho peor.

    Sin embargo, Europa también va a tener que asumir su responsabilidad histórica en la deriva despótica –de naturaleza indudablemente colonial– a la que estamos hoy sometidos. Las dos palancas despóticas que hoy nos están destruyendo y empobreciendo –Ideología de Género desde la tierna infancia y la Histeria climática-¿climatérica? como instrumentos de desguace–son mandatos de Europa.
    Y cuanto más tardemos en hacerlo, menos tiempo quedará antes de que se empiecen a consumar rupturas.

    Enhorabuena y muchas gracias.

  3. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    Queridos O´farrill y Manu Oquendo: agradezco vuestros comentarios y me congratulo de la vuelta de Manu, que hacía tiempo que no aparecía, como clásico que es de este blog. En todo caso, los comentarios son un tanto opuestos, porque mientras O´farrill admite cierta esperanza, Manu considera que queda poca. También considera que la referencia a Audi es un tanto hedonista porque se refiere a la felicidad. Quisiera contestar a todo ello partiendo de la mención de Audi. No creo que tenga matiz hedonista, sino lo contrario. Audi quiere hacer una síntesis entre la ética Aristotélica de la virtud y la ética de la norma, ya sea Kantiana o utilitarista. Y lo que viene a decir es que esa ética de la práctica de las virtudes conduce a una felicidad que no debe ser confundida con el mero placer, sino considerada como la paz que se obtiene por el recto proceder de toda una vida con la práctica de las virtudes; pero, claro, ese recto proceder no debe producir injusticia ni falta de libertad (a veces el recto proceder produce monstruos). Eso, a su vez, se relaciona con la esperanza que se pueda o no tener sobre la regeneración de nuestro país. Creo que la Fundación tiene que defender la regeneración de las instituciones porque es algo bueno en sí mismo, aunque sea difícil de conseguir. Es simplemente una actitud ética desligada de los resultados, no debemos dejar de hacerlo porque vayamos a peor. Siempre nos animamos recordando a Burke: «lo peor es el que no hace nada porque solo puede hacer un poco» o la clásica: «Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada».

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Querido Ignacio, muchas gracias por tu aclaración del sentido de las palabras de Audi. Mi referencia en estas cuestiones es Kant –la universalidad de sus imperativos morales en libertad– y a veces recelo de quienes se mueven entre varios polos.
      Sobre la otra cuestión, la capacidad del sistema de reformarse, ojalá estuviese equivocado. Pero me parece bastante evidente que, ya sin mucho disimulo, estamos acelerando el tránsito a formas totalitarias de poder y los vestigios de soberanía son lo que su nombre indica: residuos evanescentes.
      Ya ni tan siquiera se sabe de dónde vienen los «mandatos», las «agendas» –o las órdenes de multiplicar por 11 el impuesto del CO2– y la batalla cultural se ha perdido sin darnos cuenta de que nos hacían la guerra desde dentro y desde fuera.
      Sería un tema muy interesante –casi obligado– a tratar durante una larga temporada porque poca satisfacción nos puede venir de este fracaso colectivo.
      Sobre el «regreso» tengo que decir que durante muchos meses y especialmente desde Julio pasado me era imposible entrar en el Blog. Solo funcionaba el enlace de Expansión hasta que dejó de hacerlo.
      Un cordial abrazo y, de nuevo, enhorabuena.

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