Arbitrariedad como norma: reproducción tribuna en EM de Jose Eugenio Soriano

Malos tiempos para el parlamentarismo. El desdén del Ejecutivo hacia el oscurecido legislador es patente. Años sin celebrarse el Debate sobre el Estado de la Nación, aquél que no quiso hacer Suárez costándole que Carrillo socarronamente le espetara que «ya se está arrepintiendo de no haberlo comenzado»; años de decretos-leyes sin pluralismo que valga, hasta llegar al inefable Real Decreto-ley 24/2021, de 2 de noviembre, de transposición de directivas de 161 páginas, divididas en Libros, Títulos y Capítulos, como si de un Código se tratase y todo por evitar multas europeas por la pereza en incorporarlas a tiempo (y la saga continúa con un par más de decretos en apenas 10 días); años, en fin, de concentrar en el partido todo, el Ejecutivo y el Legislativo, que, con listas cerradas, primarias que elevan devotamente al jefe, circunscripción provincial, sistema proporcional (en el Congreso)… han acabado matando a Montesquieu. Y con el reparto de cromos en el Tribunal Constitucional, en el Consejo General del Poder Judicial y en cualquier otro rincón constitucional (Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo), enterrándolo hasta muy hondo. La ecuación que integraba democracia con Estado de Derecho no se despeja ya y el resultado está siendo gravemente fallido. Lo que digan los jefes es palabra de diputado, con alguna simulación estética y estéril, más para acrecentar el dogmatismo que para evitar que el Congreso sea caja de resonancia de lo que acuerden los jefes. Incluso la Ley de hierro de la oligarquía política de Michels se ha convertido ya en rústico pedernal.

Y esto sucedió también durante la pandemia con el eclipse del Parlamento, que abdicó de su función de control del Gobierno, ocasionando la intervención única y última del Tribunal Constitucional respecto de este trance provocado por un decreto que al prorrogarse por seis meses continuaba empobreciendo la acción de fiscalización del Congreso, al mismo tiempo que inauguraba una peculiar delegación en las Autonomías, a las que se traspasaba, ilícitamente, una responsabilidad que es de todos. Responsabilidad que no puede ser compartimentada ya que el virus no conoce fronteras y, además, la fórmula constitucional de los estados excepcionales atienden exclusivamente a un dialogo entre Congreso y Gobierno, en ningún caso incorporando a terceros. Y, así, pese a la inmensa presión mediática, orquestada políticamente, mal que bien, el Tribunal Constitucional -su mayoría al menos- sí que ha sido resiliente y ha mantenido límites a la invasión gubernamental sobre el Parlamento, recuperando para éste su dignitas auctoritas incluso contre lui-même: no cabe cierre parlamentario ni siquiera ordenado por el propio Parlamento. Da un disparo de advertencia por delante de la proa: las Cortes no pueden abdicar de sus funciones ni el Gobierno decidir cuándo y cómo han de ejercerse éstas.

Caveant consules ne quid respublica detrimenti (Vigilen los cónsules que la República no padezca, lema del Senado en Roma cuando investía a los senadores). De eso se trata.

Nuestra lamentable historia constitucional está llena de estas crisis y así nos fue. Pareciera que la jurisprudencia constitucional ha de salvar al Parlamento de sí mismo, aunque para ello deba limitar las propias capacidades decisorias de la Cámara en el punto clave que define su posición como sujeto de control del Ejecutivo en el marco de los estados excepcionales, dice un voto particular favorecedor de la posición gubernamental y contrario a la mayoría del Tribunal. Pues bien, esto es cierto exactamente. Y aventuro que cuando pase el tiempo de turbulencias quedará tal idea como poso de una nítida defensa de lo que queda de la función que corresponde al Parlamento, ya que todos los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Y la Carta Magna recuerda que las Cortes Generales… controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución. Y si declinan de tal función está el Tribunal Constitucional para recordarlas.

La Constitución sigue siendo una norma jurídica, no una mera declaración programática de intenciones ni una contraseña vacía de contenido. No cabe (hoy) el harakiri parlamentario.

Van tres sentencias del Tribunal Constitucional, tres, criticando el apagón parlamentario durante esta maligna situación de excepción. Y en esta ocasión se añade una severa crítica a la abdicación de funciones gubernamentales mediante la extraña delegación en las Autonomías cuando es más cierto, por inevitable, que una situación general de excepción obliga a concentrar y coordinar actividades y funciones durante el provisional período de su vigencia mediante medidas temporales de carácter extraordinario. Y sin que ello suponga en modo alguno vuelta al centralismo, ya que la normalidad, felizmente la situación común, no impone ese tipo de anormalidades. Lo que no cabe en lógica constitucional es trasladar e intercambiar situaciones de excepción con las situaciones comunes y ordinarias, ni viceversa. Y desde luego ¡ojalá nunca se dé!, en caso de estados de excepción y de sitio, tal concentración de poderes en el Gobierno sería mucho más enérgica, como por demás se hizo en la primera declaración del Estado de Alarma.

El Parlamento, pues, no puede desertar de sus funciones y así lo recuerda el Tribunal:

Recae sobre aquella institución parlamentaria el deber constitucional de asumir en exclusiva el control político al Gobierno y, en su caso, la exigencia de responsabilidad por su gestión política en esos períodos de tiempo excepcionales, en la misma forma y con mayor intensidad que en el tiempo de funcionamiento ordinario del sistema constitucional, dada la afectación de derechos fundamentales acordada en los citados estados de excepcionalidad. Y taxativamente añade: «No puede calificarse de razonable o fundada la fijación de la duración de una prórroga por tiempo de seis meses que el Congreso estableció sin certeza alguna acerca de qué medidas iban a ser aplicadas, cuándo iban a ser aplicadas y por cuánto tiempo serían efectivas en unas partes u otras de todo el territorio nacional al que el estado de alarma se extendió».

Se trata de un caso de abuso por omisión, ya que por las circunstancias en que se realiza sobrepasa manifiestamente los límites normales del ejercicio de un poder, como es el de conceder una autorización al Gobierno, con desconocimiento además de sus propias funciones de control. Por ello, esa falta de justificación y la consecuente falta de control son nulas e inconstitucionales, con fundada razón constitucional.

Como igual falta de control parlamentario y confrontación con la propia Constitución y la Ley fue la delegación de la propia alarma en los presidentes autonómicos, que no responden ante el Congreso, sino ante sus Asambleas, que tampoco serían competentes para declarar y resucitar en su caso dicho estado excepcional. Desaparecidos en combate epidemiológico, político también, el Gobierno y el Congreso no velaron por los derechos ciudadanos, entregaron el preciado orden constitucional a quienes no podían mirar más allá de sus limitadas fronteras y, mientras tanto, economía y salud, derechos y libertades, reclamando la vuelta y recuperación de sus legítimos representantes. Así las cosas, el Congreso quedó privado primero, y se desapoderó después, de su potestad, ni suprimible ni renunciable, para fiscalizar y supervisar la actuación de las autoridades gubernativas durante la prórroga acordada. Quien podía ser controlado por la Cámara (el Gobierno ante ella responsable) quedó desprovisto de atribuciones en orden a la puesta en práctica de unas medidas u otras… Quedó así cancelado el régimen de control que, en garantía de los derechos de todos, corresponde al Congreso de los Diputados bajo el estado de alarma.

Una cierta resurrección constitucional del Parlamento, que debemos al Tribunal, sería una correcta conclusión. Apreciemos pues que «tres palabras del legislador no conviertan en basura bibliotecas enteras de libros de Derecho».

6 comentarios
  1. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    El importante artículo del profesor Soriano García, que ahora se reproduce, inspiró este mío:

    https://isaacibanez.es/la-falta-de-transparencia-denota-siempre-gato-encerrado/

    No sólo se abusa del Decreto-Ley, despreciando el parlamentarismo, sino que, como ha criticado el Consejo de Estado, se incurre en reiteradas deficiencias procedimentales en la tramitación de la legislación de urgencia:

    (Mala administración) “Esta conclusión favorable al uso del real decreto-ley, que en su momento pondrá punto final al presente dictamen, no impide la crítica a las reiteradas deficiencias procedimentales en su tramitación ni permite demorar la adopción de medidas de control dirigidas a evitar que en lo sucesivo se vuelvan a reproducir situaciones que, como la que subyace en la presente consulta, no se ajustan al principio de buena administración, consagrado en el artículo 41 de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea y deducido por la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo de los artículos 9.3 y 103 de la Constitución”.

  2. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    La pérdida de calidad democrática de nuestro país deriva de que en el sistema político español compiten dos grupos , el democrático y el partidario de los Regímenes autoritarios. (.Podemos, Izquierda Unida , E.R.C. , BILDU CUP….) que han demostrado su admiración por el régimen político que impera en estos países .
    .Sánchez tenía dos opciones: una la de que el partido que dirige sea la izquierda de una democracia plena en la que se conjuntaban el progreso económico y social y las libertades y otra la de convertir España en un régimen autoritario en la que los socialdemócratas son enemigos del sistema.
    Sánchez escogió ir de la mano del grupo de los autoritarios .Basta ver el nivel de ruina, corrupción, apropiación de la justicia y de las instituciones y falta de libertad de los países donde está implantado el proyecto para hacernos la idea de adonde nos llevan.
    Al final tenía razón Rubalcaba.
    Rosell ( El Mundo) comentaba la profecía de Rubalcaba , cuando Sánchez se mostraba tan seguro de que un pacto con Podemos haría cambiar a Iglesias, le previno “¿Y si es al revés , como yo sospecho?” .
    Si tenéis dudas, ver el artículo de Constantini, en Voz Populi – 14/5/2021” Podemos analiza su legado diez años después del 15-M: Iglesias ha cambiado el PSOE” “ es la herencia política del líder morado”
    Y , ¿ cual era el programa de Podemos? , nos lo aclara un gran experto , R.Tamames :“ Sobre los socios de Sánchez, “ en el fondo lo que quieren es mandar. Quieren mandar empobreciendo el país. Y una vez que lo empobrecen, con una red de mecanismos de clientelismo, controlar el país de una forma definitiva. ¿Cuál es el efecto de Podemos en el Gobierno? Pues sencillamente más subsidios que son necesarios en parte, pero no para todos, porque la gente entonces deja de trabajar.. ellos lo que quieren es cargarse el sistema. Lo ha dicho el jefe de Bildu “Venimos a Madrid a cargarnos el régimen “.
    Y Sánchez ¿ por qué cede a los contrarios a la constitución? . R Arias Salgado: “Zapatero modela un PSOE no europeo, con el horizonte de un socialismo que gana todas las elecciones sucesivamente, en el ejercicio de su hegemonía y del abuso de poder…Toda la estrategia de Zapatero y de Sánchez es evitar la alternancia del poder “.

  3. Felio José Bauzá Martorell
    Felio José Bauzá Martorell Dice:

    Por fortuna y en medio de un fatídico silencio de los operadores jurídicos y de la doctrina, alguien como José Eugenio Soriano avisa de la crisis del parlamentarismo, situación en la que la sede de la soberanía se convierte en una institución meramente formal, abandonando su posición activa en el seno del Estado Democrático de Derecho.
    Urge en consecuencia poner límites al crecimiento de la función ejecutiva y la reconducción del funcionamiento de las instituciones hacia un necesario equilibrio, para qie regrese nel principio democrático a su estado natural.

  4. Pedro Brufao Curiel
    Pedro Brufao Curiel Dice:

    La Constitución como norma la caracterizó con maestría y rigor D. Eduardo Gª de Enterría. Si apenas se aprecian los límites entre Parlamento, Ejecutivo e incluso Judicial es por la falta de contornos nítidos en sus manifestaciones: abuso del decreto-ley, leyes de caso único, leyes que son materialmente reglamentos e incluso actos administrativos, sentencias que «crean» el Derecho, inejecución de sentencias como norma casi generalizada cuando se condena a la Administración, leyes de convalidación para enervar la acción de la Justicia y la reserva de jurisdicción.

    Todo lo cual produce y es efecto de la falta de controles mutuos entre los tres poderes, que un inestable equilibrio son la base del Estado de Derecho y de las libertades y derechos del individuo, quizás el mayor logro de la Ilustración, que palidecen ante la arbitrariedad como norma.

  5. O'farrill
    O'farrill Dice:

    El parlamentarismo o la representación política de los ciudadanos (soberanía nacional) está quebrado desde sus inicios cuando la lealtad parlamentaria está regida por la disciplina o el mandato imperativo inconstitucional y las listas cerradas.
    Si a eso añadimos que se constituyen como representantes de esa soberanía personas que proclaman su beligerancia hacia El Estado y la Constitución o cuyos juramentos llegan a lo estrafalario, es lógico que por mucho que nos gustara otra cosa (un estado de Derecho con los poderes delegados y funciones bien definidos) nos encontremos una y otra vez con la muerte de Montesquieu, certificada por el PSOE en 1985.
    Pero los árboles no nos permiten ver el bosque, la trastienda política existente en lo que llamamos «nuestro entorno» donde el pluralismo político real está siendo sustituido por el pensamiento único totalitario basado en la propaganda de los medios de comunicación.
    Nadie parece cuestionarse el origen real de una pandemia que debería haber puesto en alerta a los servicios de seguridad de todos los países. Nadie se cuestiona medidas sin fundamento científico real. Nadie se cuestiona los datos reales de la pandemia, como si antes de ella, no hubiera contagios y muertes todos los años (antes atribuidas al sistema respiratorio) con cifras similares…..o cómo si los cambios climáticos fueran nuna novedad en la historia del Planeta… Todos estamos presa de un pánico irracional que, al parecer, nos impide analizar racionalmente los temas. Ni siquiera aplicar el sentido común.
    Al final… ¿de qué nos sorprendemos?
    Gracias al profesor Soriano por su llamada de atención. Un saludo.

  6. Lucas Blanque
    Lucas Blanque Dice:

    Siempre es de agradecer al profesor Soriano que utilice este blog para trasladarnos su opinión sobre la realidad jurídica y política de este país, grave en estos días. No he podido evitar recordar, al hilo del relato de la dejación de funciones parlamentaria, la doctrina de los órganos constitucionales que recordara Rodríguez Zapata y que, entre otros extremos, venía a caracterizar como tales a aquellos órganos que en un diseño constitucional determinado tenía funciones propias e indelegables. Una de las propias del Parlamento es el control del Ejecutivo. Abdicar de ella es abdicar del papel central que le corresponde. Mal ejemplo, mal precedente. Si vuelve a ocurrir, ojalá el TC resuelva antes.

Los comentarios están desactivados.