La (¿irreversible?) descomposición de lo público

“Todo acaba, todo termina.

No dura siempre el mismo sol ardiente en el mismo cielo azul”

(José Hierro, Poesías completas 1947-2003, Visor, 2017, p. 255)

Este artículo es una entrada publicada en el blog “La Mirada Institucional” disponible aquí.

 

Preliminar

Los datos de contexto más inmediato nos muestran algunas señales de alarma. Pero, no les oculto que no me interesan demasiado ahora: son mera sintomatología de una enfermedad mucho más profunda. Que el Índice de Transparencia Internacional sobre la percepción de la corrupción en 2021 nos haga bajar dos escalones y nos sitúe en el puesto 14 de la UE, es preocupante (por debajo de la media); pero no pasa tampoco de mero síntoma. Lo mismo se puede afirmar del reciente Democracy Index editado por The Economist que, sin perjuicio de las inteligentes objeciones que plantea Carlos Sánchez en su artículo dominical en El Confidencial, desciende a la democracia española al segundo escalón, fuera ya de los sistemas políticos más consistentes. Estas son noticias de inmediatez, siempre interesantes y que tantos comentarios mediáticos levantan, pero ofrecen solo una parte del problema.

Lo que aquí sigue, es una mirada personal e incompleta. Hay momentos en que cabe transcender de lo inmediato e intentar, al menos, analizar el presente y el futuro con una lente más amplia, que nos permita identificar los movimientos sísmicos que realmente se están produciendo en nuestro panorama público-institucional, y sobre todo hacer un ejercicio de prospectiva sobre cuáles serán sus hipotéticos efectos. Esa mirada es necesaria, aunque nos incomode, disguste y perturbe, pues –al menos en mi caso y tras más de cuatro décadas trabajando desde y sobre lo público- se detecta un deterioro profundo del ecosistema público, que comienza a ofrecer síntomas evidentes (más allá de los índices expuestos) de descomposición. Lo grave de la situación no es tanto el presente, que lo es, sino especialmente el futuro; pues el deterioro del actual sistema político-administrativo en España tendrá inevitables consecuencias devastadoras sobre el futuro del país y de sus próximas generaciones. La pandemia ha consolidado (aunque venía de lejos) una forma de hacer política y de gestionar lo público basada en la contingencia (a veces chapucera) y en la inmediatez. Hay síntomas muy preocupantes de ineptitud política e ineficacia gestora, amén de dispendio constante de recursos públicos, ahora “abundantes” (por las vacaciones de las reglas fiscales, el endeudamiento y los fondos europeos) y dentro de poco escasos (por los planes de reequilibrio que habrá que aprobar). Y, en ese momento, no muy lejano, aflorarán crudamente los males nunca resueltos.

 

Una sintomatología (incompleta) del estado de descomposición de lo público en España

Estas son algunas muestras evidentes del estado de descomposición de lo público en este país llamado España y en todos sus niveles territoriales de gobierno:

a) No funciona (nunca lo ha hecho) el principio de separación de poderes: las instituciones de control están capturadas por el clientelismo partidista. No cumplen, o lo hacen de forma muy insatisfactoria, las misiones existenciales que tienen asignadas. No hay contrapesos efectivos, ni frenos institucionales del poder. Y sin ellos, ya se sabe: los atropellos son constantes.

b) El sistema político institucional está devastado, sin legitimidad; en hundimiento imparable.

c) El Parlamento es una institución sin pulso que ha cedido graciosamente su potestad legislativa al Ejecutivo, que “legisla” excepcionalmente sin freno ni control. El ruido parlamentario es un insulto a la inteligencia.

d) Los partidos políticos ya no son lo que eran, están adosados al poder. Alejados de la ciudadanía, son ya partidos de cargos públicos. Viven en el poder o esperando alcanzarlo.

e) Hay un connivencia espuria entre política gubernamental y sindicalismo del sector público, para defender el statu quo y paralizar de facto cualquier transformación de lo público que altere sus recíprocos intereses endogámicos.

g) Disponemos de élites políticas de muy baja calidad y liderazgos efectivos inexistentes. La política no sabe gobernar con mirada estratégica, vive atada a la contingencia. Solo quieren ganar elecciones para estar en el Gobierno. No para hacer realmente la vida más feliz a la ciudadanía ni resolver los grandes problemas siempre pendientes. Las decisiones incómodas se aplazan eternamente.

h) La política actual está preñada de impotencia, sectarismo, fragmentación y polarización. Notas apropiadas para el triunfo (ya se anuncia) de las políticas populistas y de la pura demagogia. Las redes sociales fomentan una ciudadanía cada vez más ignorante que se mueve principalmente por estímulos primarios. El debate se ha enterrado. La deliberación apenas existe.

i) Todo se fía en política a una comunicación política de baratija, que vende discursos autocomplacientes que nada tienen que ver con la realidad, y que la ciudadanía ya no compra.

j) No hay alineamiento real entre política y gestión. La realidad público-institucional vive en compartimentos estancos y con muy baja interacción. Desconfianza recíproca y aislamiento.

k) Las políticas se cuartean en estructuras de gobierno multinivel descoordinadas y hasta cierto punto anárquicas, con costes elevadísimos de transacción. No funciona la Gobernanza. El Estado es un conglomerado de estructuras territoriales adosadas que hacen lo mismo (isomorfismo) o se diferencian en la nimiedad absurda y desconcertante (Covid19).

l) Internamente los gobiernos se fragmentan en compartimentos estanco (silos) que apenas interactúan entre sí, agravado por estructuras de gobiernos de coalición con lógicas internas disgregadoras y contradictorias. Sin cultura de coalición. Los ministerios “legislan” sobre “su negociado”, dando lugar, por ejemplo, a disparatados complejos normativos incoherentes y absurdos en su aplicación al sector público (Ley 20/2021 y RDL 32/2021).

ll) La alta administración está colonizada por la política, sin resquicio alguno a la profesionalización efectiva. España es uno de los países de la UE con mayor politización de la Administración (que alcanza decenas de miles de niveles orgánicos de responsabilidad).

m) Las Administraciones públicas no son tractoras de (casi) nada, son máquinas repartidoras de recursos públicos ya tasados (pensiones, retribuciones a empleados) o discrecionalmente distribuidos por medio de subvenciones, ayudas o contratos públicos, frecuentemente dirigidas por criterios clientelares o hacia grandes empresas, despachos y consultoras.

n) La transformación digital está empeorando los servicios públicos, con abandono de la atención ciudadana y afectación brutal a la brecha digital. No hay una transición ordenada.

ñ) El sector público está perdiendo a marchas forzadas capacidad ejecutiva viéndose cada vez más obligado a echarse en manos de un sector privado que ve en lo público un nicho de negocio de proporciones incalculables (algo que ya se visualiza con los fondos europeos).

o) La Agenda 2030 sigue sin calar, convertida en un marchamo publicitario (desarrollo sostenible), sin aplicación efectiva. Los ODS son, en buena medida, elementos decorativos. Las instituciones sólidas del ODS 16 se están transformando en instituciones gaseosas. Nadie (o muy pocos) se cree nada: ni la integridad, ni la transparencia, ni la participación.

p) Las Administraciones Públicas son organizaciones del pleistoceno. No se trabaja por proyectos, se dispone de estructuras rígidas e inadaptadas, que nadie quiere tocar. El sector público empresarial sigue siendo, en buena medida, la cueva de Alí Baba de lo público.

q) Las AAPP están perdiendo su (escaso) talento interno por las jubilaciones masivas. Y nadie piensa en cómo rehacerlo. La Administración se descapitaliza a marchas forzadas. Los recursos humanos del sector público son el gran nudo. Irresoluble.

r) El declive del mérito y la capacidad es absoluto en el acceso. Las oposiciones libres son ya casi anecdóticas porcentualmente. Las Ofertas de empleo público, en buena parte mentira. Las RPT instrumentos rígidos y obsoletos.

t) El aplantillamiento automático (sin pruebas reales de acceso) de centenares de miles de plazas fruto de una política populista y demagógica de pretendido combate contra la temporalidad, comportará muy bajos estándares profesionales en las próximas décadas. Se han dado un tiro en la cabeza. Sin conocimiento interno, la dependencia del mercado será total. No puede haber conocimiento (talento) cuando no se exige en el acceso. No se crea por generación espontánea

u) Sigue el reinado absoluto de la libre designación y la aplicación pésima de los sistemas de concurso. Los RRHH del sector público son compartimentos estancos e incomunicados. Es la cañería principal por donde se van los mayores costes de ineficiencia del sector público (también en el docente y sanitario) por incapacidad estratégica y de gestión.

v) Ni hay evaluación del desempeño, ni carrera profesional efectiva, ni Dirección Pública Profesional. Los valores públicos juegan en retirada en un bastardo empleo público, contaminado hasta los tuétanos por la impronta laboral. La función pública (servicio público) ha dejado paso a la centralidad del empleado público, que de forma espuria y perversa se convierte en el centro endógeno de lo público.

x) La ciudadanía (la persona), por tanto, ya no está en el centro de las políticas (solo de boquilla), que se han convertido en endogámicas (garantizar el statu quo y los intereses endógenos y exógenos cruzados). No hay nadie ya que defienda al ciudadano. La digitalización lo hace aún más vulnerable.

y) Un país que es incapaz de promover reformas y transformación si no nos las exige la UE (que siempre procuramos orillar), es un fracaso colectivo. No dispone de visión ni proyecto.

z) El interés general se ha convertido en un eufemismo formal, pues está dando paso a una privatización creciente de lo público, tanto por los partidos políticos, por el sindicalismo del sector público, por un empleo público en zona de confort, así como por las grandes empresas que se benefician de todas las carencias indicadas. Los demás, a pasar por caja.

Final

Quienes sean finos analistas del pasado, presente y futuro del sistema público objetarán al planteamiento anterior muchas limitaciones y una mirada muy cargada de elementos disfuncionales, sin poner el acento en lo positivo. No lo negaré. Tampoco pido que se comparta, sino que sirva de elemento de reflexión. Cada uno es hijo de su pasado y de sus obsesiones. También se objetará que muchas de esas taras detectadas son globales, fruto de una sociedad en proceso de aceleración y descomposición permanente, y con unos retos o desafíos comunes. Esto es verdad, al menos parcialmente, pero en España se multiplican esas patologías por factores endógenos nunca bien analizados. O simplemente preteridos u olvidados.

Ross Douthat, en un libro editado en 2021, ponía el foco en cuatro notas que identificaban a la actual sociedad decadente: estancamiento, esterilidad, esclerosis y repetición. Las cuatro notas se reiteran de forma clara en el caso español y en todos sus ámbitos territoriales de gobierno, si bien en nuestro caso incrementan sus efectos hasta multiplicarse. Y no parece haber absolutamente nadie con capacidad de decisión y liderazgo en el ámbito de lo público que quiera darle la vuelta a este estado de cosas.

Hay, además, un modo de entender lo público enquistado, viejo y dominado por un conjunto de vicios innatos que proceden de la particular concepción de hacer política en España desde tiempos inmemoriales (herencia decimonónica), preñada de clientelismo y pegada a las ubres de los presupuestos públicos como fuente de absorción y reparto “de poder” (ahora incrementada la leche de la vaca con la gestión de fondos europeos, que corre el riesgo de transformarse en un enorme fiasco). Ahí y no en otro sitio están nuestras grandes dolencias. Las de siempre. Las que nadie quiere resolver, porque “siempre se ha hecho así”. El peso de las mentalidades (o de las patologías heredadas) es inmenso. Y ni siquiera las admoniciones permanentes de la UE sirven para mucho. Entran por un oído y salen por otro. Estamos instalados en el reino de la impostura y de la mentira, en el que la mala política abunda cada vez más y la burocracia empieza a dar muestras evidentes de esterilidad, y ambas tendencias se retroalimentan a sí mismas en ese espacio cerrado que es lo público, en plena era de Gobierno Abierto. Nada es como debiera ser, todo son apariencias. Se vive de vender humo. O, en su defecto, de trampear.  Así, hasta que el toldo se derrumbe. Nada es eterno, tampoco los sistemas público-institucionales.

4 comentarios
  1. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    Absolutamente de acuerdo con la descripción que haces, Rafael, de la descomposición de lo público.
    Para evitar que este desastre se haga irreversible , es fundamental que mejore el nivel de cultura política y de madurez democrática de la sociedad.
    En las democracias del tercer mundo, el estado es el botín del que gana las elecciones y los cargos se nombran y mantienen por otros criterios que la competencia.
    Una democracia eficiente es la que procura que estén los más cualificados en el desempeño de las funciones públicas y sobre todo en las situaciones más difíciles, en las que los errores suelen ser catastróficos para los ciudadanos
    Un estado ineficiente es el que descuida la calidad de su sistema productivo que es el fundamento de la riqueza nacional, del empleo y del sistema de protección social. El que se apropia de los recursos que tiene en administración desviándolos a intereses partidistas y hasta personales y el que no controla la calidad y los costes de la gestión de los servicios y la prestaciones sociales . Y para ello, es esencial la competencia del gestor público, la calidad técnica de su equipo y la elaboración de un programa serio y solvente dirigido al interés público y no a ganar las elecciones. Un estado no puede ser eficiente si sus dirigentes no lo son.
    Lo que nos pasa viene , como dices, de muy lejos . Hay Derecho, el 21/10/16 , publicó una propuesta mía para mejorar la calidad de nuestra democracia .Os dejo este texto ;https://www.hayderecho.com/2015/12/21/una-propuesta-para-mejorar-la-eficiencia-de-nuestra-administracion-y-nuestra-democracia/:
    “ Como en una empresa con una administración competente, el Estado tiene la obligación de lograr una profesionalización de la función publica de manera que, a través de procedimientos de incentivación y reconocimiento de méritos, se encuentren los funcionarios mejores en los puestos de mayor responsabilidad y la prestación de obras y servicios públicos en manos de las empresas mas competitivas en precio y de mayor calidad.
    Es de gran rentabilidad para la ciudadanía el que el Estado utilice cuantas técnicas de gestión mejoren las prestaciones sociales y reduzcan el coste de las mismas. Serian practicas contrarias, por ejemplo, las adjudicaciones politizadas de obras y servicios en favor de ofertas publicas o privadas, inferiores en precio o calidad a sus alternativas, ya que redundaría en un encarecimiento o en un deterioro de las retribuciones sociales de los ciudadanos y la politización de la función publica en beneficio de funcionarios afines. En ambos casos se produciría, igualmente, un fraude a la Sociedad”.

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  2. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    Es evidente que las reformas que necesitamos y las condiciones que exige la UE para la autorización son contradictorias con las propuestas de la coalición y los independentistas y que su aprobación (y los ajustes de la consolidación) son fundamentales para la viabilidad del estado y el futuro político de nuestro país.
    Lo que demuestra la incompetencia y la insensatez de Sánchez y el sector político e informativo que le apoyan
    Y la calificación de la solvencia financiera será la siguiente y parece más próxima y dolorosa de lo que nos dicen “ nos adentramos hacia una etapa de cero adquisiciones de deuda pública por el banco central, posterior elevación de tipos de interés y ulterior final de la reinversión de los bonos amortizados…las decisiones de estos años pandémicos terminarán traduciéndose en caídas de los precios de la deuda y otros activos y correlativos aumentos en los costes de financiación de la deuda pública. Y, particularmente, para el común de los mortales, recortes en el resto de partidas del presupuesto. Las facturas terminarán pagándose, por necesarias que fueran las hipotecas demandadas. Lastimosamente, en economía ,no existe el gratis total ( Lecciones americanas Josep Oliver La Vanguardia 12/2/22).
    La solución más rápida para lograr un equilibrio de las finanzas públicas es la de racionalizar el gasto público y eliminar la corrupción y el despilfarro ,“ estructural”.
    El IEE estima , que si en España se lograra que la eficiencia del gasto público fuera similar a la de la media de la OCDE, se podrían prestar los mismos servicios públicos que ahora por 60.000 millones de euros menos y la brecha de eficiencia del gasto público en España sitúa a la Administración nacional entre las más ineficientes del mundo desarrollado . Por debilidades de cooperación y coordinación entre distintos niveles de la Administración, exceso de burocracia , escasa colaboración público-privada y carencias en el campo de la corresponsabilidad fiscal” ( diferentes medios 8/3/2022). Y plantea un decálogo de medidas parecidas a las que se reivindican en este post de Rafael y por nuestros principales economistas
    Si hemos llegado a este volumen de despilfarro y corrupción es por la complicidad de los medios informativos que han tenido un asiento preferente en su reparto , lo que justifica su falta de denuncia de los defectos de nuestra democracia y su falta de participación en la presión para su solución y es una de las razones de la ineficiencia actual de nuestro estado.

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  3. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    El gobernador del Banco de España ha estado insistiendo, desde hace tiempo, en la necesaria reducción de los gastos “no esenciales “ y en la potenciación de la competitividad de nuestro sector productivo. “Hay que hacer un diseño que pueda ser aceptado por todos los socios de la UE y, para eso, hay que dejar claro que el dinero europeo no van a ser «transferencias permanentes» para financiar «comportamientos oportunistas de los estados miembros», sino para que se haga un buen uso “.
    Así como nuestros grandes economistas. El catedrático Jose Luis García Delgado“ La prioridad no ha sido la gestión, sino elaborar eslóganes y cuidar la imagen. Administremos con rigor lo recaudado. Hay un amplio margen para la mejora de la gestión que puede proporcionar tantos o más ingresos suplementarios al erario que los que se obtendría con las subidas establecidas. Sobre los 140.000 millones de euros “ no se trata de dinero a fondo perdido, con el que regar las redes clientelares. Son recursos condicionados para la reconstrucción y la implementación de proyectos y reformas ambiciosas”.
    Velarde, sobre las reformas necesarias: lo primero es eliminar las trabas administrativas para montar una empresa y unificar el mercado interior español. No es admisible que tengamos 17 legislaciones diferentes. Esta es la gran reforma pendiente de nuestra economía. . Luego un gran pacto educativo. Atajar el déficit enorme de las administraciones públicas, que lastra nuestro crecimiento ( 27/11/2017).
    Y como muestra de la antigüedad y la gravedad de este problema, recordamos las opiniones de dos grandes economista fallecidos, pero siempre vivos en nuestro recuerdo: Joaquim Muns en la anterior crisis” “Nos endeudábamos para vivir mejor, no para ampliar nuestra capacidad productiva de la que deberían fluir los recursos para hacer frente a la deuda y esto acaba siendo autodestructivo.”
    Gay de Liébana “en España se registran ineficacias presupuestarias que podrían resolverse si somos capaces de eliminar la gigantesca industria política que se ha generado y que consume cerca de 25.000 millones al año. Retira a los funcionarios que son poco más de 800.000 y han superado un examen para ocupar su plaza pero sí incluye a los miles de puestos de todo tipo otorgados de manera directa por los dirigentes políticos o los que esconden las empresas públicas y otros organismos en los que se generan gastos que podrían dirigirse anualmente a la recuperación económica. Sólo con esa cantidad tendríamos para cubrir el coste previsto “

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  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Estupendo análisis de la situación institucional en línea con el artículo del autor anterior (Segismundo Alvarez Villanova), por lo que no voy a repetir el comentario al mismo.
    Al parecer todos somos conscientes de estar en un barco a la deriva que el sociólogo Juan Manuel Agulles describe perfectamente en su pequeña pero importante obra «La vida administrada. Sobre el naufragio social» basándose en el navío «Pequod» y su carrera hacia la muerte bajo la dirección del capitán Ahab.
    En esa deriva tortuosa al mando de un personaje con la razón obnubilada por su propio interés personal, a la tripulación sólo le quedan dos respuestas: el motín o la resignación.
    En un contexto de Estado de Derecho basado en la Constitución, los cuerpos del Estado son los vigilantes de los excesos inconstitucionales o caprichosos de quienes manejan el timón de la nave y, en base a su propio estatuto de defensa del Estado, impiden desmanes, denuncian excesos y se valen del poder que la soberanía nacional (el Estado) ha depositado en ellos. Eso (junto a otras cosas) genera la confianza institucional y democrática necesaria para la convivencia en «igualdad de todos ante la ley» del artº 14.
    ¡Cómo se echa de menos el recurso previo de inconstitucionalidad que habría evitado tanto daño!
    Un saludo.

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