La racionalidad de la monarquía

Hace unos días leí en un periódico de difusión nacional un artículo acerca de la inviolabilidad del Rey. El tema es, como sabemos, complejo, pero no fue ese asunto el que reclamó mi atención, sino una afirmación que dejó caer de pasada el autor. Decía así: “aun cuando pueda ser verdad que la república es más racional que la monarquía, sin embargo, no siempre la política se guía por la razón”. La segunda parte de la frase despeja las posibles dudas que pudiera suscitar la primera. Parece claro que la república es más racional que la monarquía, aunque esta es el tributo que pagamos por nuestros comportamientos políticos irracionales.

No entraré en la segunda parte de la afirmación acerca de nuestra irracionalidad cuando actuamos políticamente. Solo me ocuparé de la primera, la forma de Estado monárquica es menos racional que la republicana. Esta idea se encuentra asentada en nuestra conciencia, en nuestras prácticas y nuestros hábitos. La institución de la monarquía es anacrónica, decimos, antes de defender al rey. En realidad, asumimos esos pensamientos como algo dado y correcto. Cuantas veces no hemos dicho que nuestro rey es el primer republicano; cuantas otras que el rey es quien mejor encarna los valores republicanos, en suma, un rey republicano. De esta manera logramos que nuestra atención se desplace de la monarquía hacia la república y lo justificamos porque encarna los principios de esta, no porque sea rey.

A esta razón añadimos otras que se desprenden de la idea de fondo. Así cuando defendemos que la monarquía es completamente democrática, en lo que nos apoyamos es que las democracias más plenas de este mundo, son también monarquías parlamentarias. De este hecho deducimos la bondad de la institución monárquica. Si existe un número considerable de países entre las primeras democracias que se han instituido como reinos, no parece que andemos excesivamente descarriados cuando nuestra monarquía es perfectamente equiparable a esas monarquías europeas. El problema con este argumento es que solo añade cantidad, número, sin que profundice en la razón o razones que hubiera para defender o no un régimen monárquico. Únicamente sabemos que una parte importante de las democracias plenas son monarquías

Otro argumento al que se suele recurrir es el del dinero. Las repúblicas son mucho más costosas que las monarquías. Recuerdo una anécdota del rey sueco cuando los socialistas llegaron al poder en los años treinta del siglo pasado. Naturalmente, el rey los recibió. Los socialistas habían vencido en las elecciones con un programa republicano, por lo que tendrían que llevarlo a cabo. El rey así lo reconoció, aunque les rogó que primero trataran durante algún tiempo de seguir con él y probar a ver cómo les iba. Finalizada la reunión y una vez que el líder socialista abandonaba el despacho, el rey le espetó, “Ah, además le aseguro que es más barato”.

Ninguna de estas explicaciones es capaz de poner en cuestión la posible consistencia del argumento que acompaña la caracterización de la monarquía como un régimen menos racional que la república. En un libro de cuasimemorias escrito hace más de veinte años a cuatro manos entre Felipe González y Juan Luis Cebrián, incidía el primero en esta misma idea: la monarquía “no es racional. Desde el punto de vista de la lógica representativa, no hay ninguna razón” para sostenerla. Puede haber otras razones que la justifiquen, como las de utilidad, moderación, estabilidad, pero razón, no, pues la monarquía no pertenece a la lógica democrática”. Esta idea ha pervivido en nuestro país a lo largo del tiempo, hasta el extremo de llegar a ser defendida por gentes que podríamos caracterizar de ideologías muy diversas y contrapuestas. Pareciera que solo estuviesen de acuerdo en su oposición, por su debilitada racionalidad, a la monarquía.

En mi opinión esta manera de pensar implica un entendimiento erróneo de la democracia, lo que conduce a no entender tampoco el papel del monarca en ella. A fin de comprenderlo, habría que remontarse a las monarquías constitucionales del siglo XIX. Estas se asentaban en la soberanía popular al mismo tiempo que desconfiaban del acierto de las decisiones a las que pudiera llegar quien la encarnaba. Esta es la razón por la que, defendiendo el papel primigenio del pueblo, se sostuvo a la vez la necesidad de que hubiera una sola voz que hablara en nombre del mismo y con ello se evitase el caos de una pluralidad de voces, todas ellas expresión de la voluntad popular. Así se introdujo el papel del monarca como la voz del pueblo, garante de su unidad. El monarca asumía un papel central y único a la hora de determinar lo que el pueblo como soberano deseaba.

La monarquía parlamentaria no es sino una evolución de esa monarquía constitucional, en la que el papel del rey ha dejado de ser determinante y se limita a asumir uno de carácter simbólico. Nuestra democracia se asienta sobre la soberanía del pueblo, esto es, sobre la voluntad general, pero esta es una mera abstracción que requiere de su determinación. Esto se puede llevar a cabo en una democracia solo y exclusivamente a través de la libre participación de las voluntades particulares expresadas en las urnas. Así, la universalidad de la voluntad general se diluye en la suma y resta de voluntades individuales que, si no son capaces de reconciliarse con la universalidad de la voluntad soberana del pueblo, puede conducir a que esas decisiones, democráticamente adoptadas, puedan considerarse como irracionales.

Es verdad que nuestro sistema posee muchos mecanismos que tratan de corregir de un modo u otro esa posibilidad de que las voluntades particulares terminen imponiendo la arbitrariedad de sus intereses egoístas. Por ejemplo, el reconocimiento de derechos y libertades individuales; la división de poderes; el sometimiento a la ley y, entre ellos, la institución de la monarquía. Su labor fundamental consiste en recordarnos que el Estado democrático de derecho se sostiene sobre el interés general del pueblo como soberano. Esta es la razón por la que el rey nunca puede hablar en nombre de los intereses particulares, que quedan lanzados al terreno de la lucha política. El rey solo se mueve en el plano que expresa la abstracción del interés general y la necesidad de que su determinación por medio de las voluntades de los ciudadanos se realice siempre dentro del marco de la ley.

De lo anterior puede concluirse que la monarquía no es menos racional que la república, sino todo lo contrario, más racional. La razón radica en que saca de la lucha partidista el elemento básico sobre el que se construye nuestro sistema de convivencia, la voluntad general o soberanía popular. Es decir, la institucionalización de la monarquía es la expresión más evidente de la necesidad de combatir las insuficiencias de una lógica representativa abandonada a sí misma en la tormenta de los diversos y enfrentados intereses particulares de los ciudadanos. En suma, la lógica democrática bien entendida nos exige no la institucionalización de una república que no puede evitar el estado de arrojamiento en la lucha partidista, que por tal es arbitraria y egoísta, sino justamente la necesidad de que nuestro edificio jurídico político pueda simbolizarse en una institución como la de un monarca que ha de encontrarse siempre imbuido solo y exclusivamente por el interés general.

Las exigencias de una institución de este tipo son inmensas y no porque pueda considerarse como irracional o menos racional que la de una presidencia de la república, sino por lo contrario, precisamente porque es más racional. Si existe un sistema jurídico racional y justificado frente a los sistemas republicanos que se nos tratan de imponer, es el de la monarquía parlamentaria. Pregúntenselo a G. W. F. Hegel, se lo dirá mejor, pero no más claro.

26 comentarios
  1. Enrique Fer
    Enrique Fer Dice:

    Gracias por esta entrada tan necesaria. Por otra parte, se dice que la monarquía parlamentaria es contraria a la igualdad de oportunidades. Quien piense que las repúblicas ofrecen de facto igualdad de oportunidades para la presidencia se equivoca. En la teoría quizá. En la práctica se somete el proceso a la misma podredumbre de favores, negociaciones en la sombra y recursos que no están al alcance de todos. En la teoría, la monarquía puede ser injusta por la falta de igualdad de oportunidades, en la práctica, sin embargo, nadie en su sano juicio optaría por perder todos sus derechos a la intimidad e imagen, a la libre circulación, a la libertad de oficio, de expresión, etc. Yo no cambiaría mi modesta vida por la Zarzuela. De rico a pobre, nadie a quien he llegado a preguntar cambiaría su vida por la del Rey tras pensarlo bien, por mucho privilegio que conlleve el cargo.

    • José J. Jiménez Sánchez
      José J. Jiménez Sánchez Dice:

      En mi opinión no se trata tanto de que la monarquía sea o no contraria a la igualdad de oportunidades, como de que la misma supone la creación de una institución cuya legitimación se encuentra justamente en reforzar esa igualdad. La monarquía ha de asegurar que la voluntad general, que la institución moral que significa el Estafo, posee una voz imparcial, la del monarca.

  2. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    No creo que haya contradicción. En los Artículos federalistas, decían que si los hombres fueran ángeles no tendría sentido que hubiera gobierno. Toda institución de gobierno genera desigualdad, lo que se justifica porque se asegura ese régimen de igualdad de oportunidades. Así sucede con la monarquía, cuya institucionalización ha sido posible por nuestro asentimiento.

  3. José Vives Rego
    José Vives Rego Dice:

    Este excelente artículo del Sr. José J. Jiménez Sánchez, pone una vez más sobre la mesa el debate entre Monarquía y República en la España actual. Quisiera expresar mi modesta opinión al respecto, que lamentablemente no podrá resolver el debate en curso.
    1-

  4. José Vives Rego
    José Vives Rego Dice:

    Este excelente artículo del Sr. José J. Jiménez Sánchez, pone una vez más sobre la mesa el debate entre Monarquía y República en la España actual y su inherente complejidad política. Quisiera expresar mi modesta opinión al respecto, que lamentablemente no podrá resolver el debate en curso.
    1. A mi juicio la monarquía es una modelo de gobierno obsoleto en un país moderno y avanzado.
    2, Dicho lo cual, el problema en España radicaría en como pasar de una monarquía a una republica y sobre todo a que tipo de república.
    3. Dada la históricamente comprobada tendencia al desbarajuste político en España, la pregunta es si el modelo republicano que se instaure va a generar o no mas harmonía política.
    4. El definir previamente (al supuestamente deseado abandono de la monarquía parlamentaria que tenemos hoy día) el tipo de república y muy especialmente el tipo de presidencia del Estado, es fundamental.
    5. A mi modo de ver lo que España necesita es una republica federal que siga uno de los tres modelos para mí de referencia: EUA, Alemania y Suiza.
    6- En cualquier creo que sólo tiene sentido en España abandonar nuestro modelo de monarquía parlamentaria actual si se opta por una república federal en una Europa federal.

    • José J. Jiménez Sánchez
      José J. Jiménez Sánchez Dice:

      A ver si alguien, ¿Fundación Hay Derecho?, asume y organiza un symposio sobre el tema.
      En relación con su comentario, creo lo contrario, la monarquía, la monarquía parlamentaria, claro está, no es ningún modelo anticuado ni obsoleto de gobierno, sino lo contrario. Las razones las expresé en el artículo y un ejemplo de lo contrario puede observarse en la polarización y división extrema que sufren los Estados Unidos.
      Con respecto a nuestra historia, no creo que hayamos obtenido ningún buen resultado bajo el régimen republicano. No quiero ni pensar que hubiera sucedido en octubre de w017 si no hubiésemos tenido una voz por encima de los intereses de los partidos. Creo que el discurso del Rey el 3 de octubre es un claro ejemplo de lo que he tratado de defender.
      El debate sobre otros países como USA o Alemania requeriría de un debate más pausado, aunque el federalismo no es de ningún modo incompatible con la monarquía, todo lo contrario.

    • José J. Jiménez Sánchez
      José J. Jiménez Sánchez Dice:

      A ver si alguien, ¿Fundación hay derecho?, se anima y organiza un symposio sobre el tema.
      En relación con su comentario, creo lo contrario, la monarquía, la monarquía parlamentaria, no es ningún modelo anticuado ni obsoleto de gobierno, sino lo contrario. Las razones las expresé en el artículo. Y un ejemplo de sus ventajas, lo tenemos a contrario en la polarización y división extremas que sufren los Estados Unidos.
      Con respecto a nuestra historia, no creo que hayamos obtenido ningún buen resultado bajo el régimen republicano. No quiero ni pensar que hubiera sucedido en octubre de 2017 si no hubiésemos tenido una voz por encima de la de los distintos partidos, capaz de recordarnos que el soberano es el pueblo y este habla solo y exclusivamente por medio del derecho. Creo que el discurso del Rey del 3 de octubre es un claro ejemplo de lo que quería expresar.
      El debate sobre otros países requeriría de una discusión más pausada, aunque el federalismo no es incompatible con la monarquía, todo lo contrario.

  5. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Me alegro de que este interesante debate siga abierto.
    En primer lugar hay monarquías y monarquías. Unas están reconocidas y estabilizadas por la tradición. Otras (como la nuestra) han sido «reinstauradas», no por la voluntad de los españoles, sino por la voluntad del general Franco (Ley de Sucesion en la JEFATURA DEL ESTADO de 6 de julio de1947): «es un estado católico, social y representativo que, DE ACUERDO CON LA TRADICION SE DECLARA CONSTITUIDO EN REINO». Es decir, el entonces príncipe Juan Carlos sucede como «Jefe de Estado» a Franco en el reino de España que no existía, en base al juramento de los Principios del Movimiento Nacional (si no hubiera habido juramento, no habría existido nombramiento de sucesor. Más tarde con el nuevo juramento dela Constitución y el encaje de bolillos de Fernández Miranda se salta el orden dinástico (luego no hay continuidad) y se instaura una nueva monarquía en España, con una función específica: la Jefatura del Estado que, preciamente, no es como se pretende «decorativa», sino claramente funcional: el rey se convierte en la cabeza del Estado con responsabilidades específicas. Si cumple su trabajo, se le reconocerá por los españoles. Si no, lo tendrá difícil. Desde luego ocasiones hay en abundancia para su intervención.
    Se dice, que uno de los objetivos de la Transición y de la Constitución, era blindar la figura real. De ahí la inviolabilidad y el comentario hecho público: «Yo soy el rey de España y hago lo que me da la gana».
    La Transición política fue monitorizada por EE.UU. en la línea del resto de Europa: barrera ante lo soviético con un socialismo «light», integración formal en la OTAN (que Suárez no quería, de ahí la «pérdida de confianza» y el 23 F) y el apoyo «Flick» y «Flock» al PSOE para pasar del «OTAN, de entrada NO» al «OTAN, SI».
    En el texto constitucional se mezclan (por la razón que sea) la cuestión dinástica con la función política y aparece un oxímoron en toda regla: monarquía significa poder absoluto (de ahí el «hago lo que me da la gana») que no puede compartirse con la «soberanía del pueblo o soberanía nacional «dela que emanan pos poderes del Estado» (incluso su jefatura).
    Más tarde en el texto constitucional se siguen enredando las cosas. Por ejemplo se administra Justicia «en nombre del rey (cuestión de poder absoluto) en lugar de «en nombre del Estado» y se incluye «la persona del rey» (inviolable, no la del jefe del estado) con temas de estado.
    Los que saben cómo se hizo el texto constitucional fuera del formalismo institucional, saben la trastienda que existía en torno a su redacción.
    En cuanto al debate monarquía o república en el siglo XXI, no cabe la trampa de la «monarquía republicana», cuando se dedican preceptos constitucionales a la línea de sucesión en la «Corona» ajena a la «soberanía nacional» y el sistema de elecciones libres.
    Como vemos, hay tema para debatir seriamente fuera de los tópicos y estereotipos ajenos a la racionalidad del Derecho.
    Un saludo.

    • José J. Jiménez Sánchez
      José J. Jiménez Sánchez Dice:

      Bueno, este comentario exigiría reescribir la Transición. No obstante, creo que es suficiente con recordar lo que escribía Javier Cercas en su libro Anatomía de un instante sobre lo que supuso la Transición: una ruptura genuina.
      Si la entendemos así y creo que es como hemos de hacerlo, muchas de las dudas que se plantean desaparecen.
      En segundo lugar, la monarquía ha de comprenderse tal y como lo hace nuestra Constitución, una monarquía parlamentaria, símbolo del poder soberano del puenlo.

      • O'farrill
        O'farrill Dice:

        Estimado amigo: viví la Transición muy de cerca y nunca se planteó que fuera un dogma de fé, sino una manera de resolver de momento la situación política de España. Por tanto, el texto constitucional y su contenido están abiertos siempre a las reformas que fuera necesario. Sobre todo a la vista del caos jurídico (que se lo pregunten al TC) que contiene.
        Desde hace muchos años se ha ‘planteado la necesidad de su reforma, actualización y mejora para mantenerla viva, en vez de que se convierta en un fósil cuya única utilidad sea testimonial.
        Hay bastantes ideas desde la base del sentido común, de la técnica jurídica (de la que carece el texto) y de ajuste para evitar su permanente vulneración.
        Quizás lo que ocurra es que dé pereza. Que se prefiera el caos jurídico a su ordenamiento adecuado, con tal de no empezar de nuevo a ponerse al día. O que, venga bien a los intereses de los partidos (que no son los de la soberanía) la situación.
        Al final, como decía Pedro de Vega, «el constituyente ha sido capturado por el constituído».
        Lo peor en el mundo de la evolución es quedar reducido a un «relicto», una reliquia a quien nadie hace caso.
        Un saludo

        • José J. Jiménez Sánchez
          José J. Jiménez Sánchez Dice:

          Indudablemente que el texto constitucional ha de estar abierto a reformas. De hecho ya se ha reformado en dos ocasiones, aunque requeriría alguna más. Lo único que debemos tener presente es que esa reforma se haga de acuerdo con los procedimientos establecidos en la misma Constitución. Esto es, que el constituyente, transformado en el constituido, actúe como este.

      • O'farrill
        O'farrill Dice:

        Agradezco en primer lugar que el autor responda a los comentarios. No es algo habitual.
        Agradezco asimismo su propuesta de un foro más amplio donde debatir este tema, por su enorme importancia (a pesar de que no lo parezca a muchos) y sea todavía «tabú» para los medios de comunicación…
        Dicho esto, creo que hay que separar las figuras y funciones de un personaje de la realeza, de las de un responsable público del Estado, obviando las imágenes anacrónicas del mantenimiento de una línea de sucesión al trono para establecer otra abierta de Jefatura del Estado, cuya figura no debe ser necesariamente partidaria, sino arbitral y funcional (ya lo dice la C.E. pero no se ven los resultados).
        Un saludo.

        • José J. Jiménez Sánchez
          José J. Jiménez Sánchez Dice:

          El agradecimiento es mutuo, especialmente cuando se trasluce una lectura atenta de los textos.
          Con respecto a lo segundo, me sigue pareciendo que la monarquía parlamentaria y su exigencia de la sucesión evita más problemas de los que supondría una elección para el cargo de Jefe del Estado.

  6. José Vives Rego
    José Vives Rego Dice:

    Yo también me alegro de que el debate siga abierto. Quisiera añadir los comentarios que siguen en el bien entendido de que carezco de conocimientos jurídicos.
    1. No deja de sorprenderme, que los ataques a la monarquía provengan mayoritariamente de las izquierdas mientras que su defensa es frecuente que sea asumida desde la derecha. Me gustaría saber como se interpreta ese hecho desde una perspectiva jurídica.
    2. La gran ventaja de la monarquía es que por definición no defiende a ningún partido en particular. En la línea de esa argumentación el problema de la República es que su presidente debe ser elegido y por tanto se elige a un político de un partido con lo que su pertenencia a un partido debilita su posición neutral y de defender o representar a todo el pueblo.
    3. Otra ventaja de la monarquía es que debido a su carácter vitalicio o casi, sus relaciones geopolíticas pueden ser más sólidas y fructíferas puesto que se basan en un conocimiento personal más largo y profundo.
    4.Como bien apunta el Sr Jiménez, la necesidad de la monarquía en sistemas democráticos parte de la necesidad de que haya una sola voz que hablara en nombre de todos y con ello se evitase el caos de una pluralidad de voces, todas ellas expresión de la voluntad popular. Otra cosa muy diferente es si el papel del monarca como la voz del pueblo, puede realmente garantizarse.
    5. El Sr. Jiménez apunta que el papel del rey ha dejado de ser determinante y se limita a asumir un carácter simbólico. En tal caso, creo que el futuro de la institución va a ser corto, pues ya sabemos que los símbolos a pesar de tener una función social cada vez más evanescente, en los tiempos “tecnocientíficos” que corren cada vez tienen menos valor intrínseco aparte de que los símbolos y mitos pueden conducir a errores tremendos.
    6. Soy de los que piensa que el debate de sí la monarquía es más o menos racional que la republica tiene poco valor epistémico básicamente por dos motivos: i) la política tiene un componente emocional inevitable y en la mayoría de los casos predominante ante la razón o incluso lo que la tecnociencia `puede aconsejar. ii) la adhesión o distanciamiento del pueblo a la monarquia tiene una cierta racionalidad, però también es altamente dependiente del elemento emocional.
    7. Desgraciadamente la lucha partidista y por tanto arbitraria y egoísta, está más alejada del interés general que la institución monárquica en caso de que lo defienda. Pero los datos sociales de las últimes décadas apuntan a que el contenido del concepto de interés general es variable en función de los individuos, los sectores sociales y las naciones. Cuestión aparte pero fundamental es en qué circunstancias se nos ha impuesto o querido imponer un sistema monárquico o republicano y que intereses de partido hay detrás de la defensa de una u otra institución.
    8.Quisiera acabar manifestándome claramente y unívocamente “consecuencialista”, es decir: es “útil“ un sistema político, una institución o un político en la medida en que fomenta y genera los resultados que la ciudadanía desea. Soy de los que piensa que la servitud de las ideologías del signo que sea empieza a carecer de sentido hoy día, tanto más cuanto que los resultados son los que finalmente cuenta en sociedades (como la nuestra) cada día más pragmatista. En ese sentido si la sociedad considera que la Monarquía o la República representa y fomenta los valores y beneficios deseados por la sociedad, ese debería ser el modelo para implementar.
    Mis mas cordiales saludos a todos y mil gracias por compartir estas reflexiones.

  7. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Trataré de responder brevemente a las cuestiones planteadas:
    1. Creo que esa división entre izquierdas y derechas, entre progresistas y conservadores, se encuentra viciada de raíz. Si razonamos bien, podremos comprobar que realmente es mucho más avanzado la defensa de la monarquía parlamentaria que la de la república, aunque parece que nos dominan ciertos prejuicios que nos hacen defender como progresista lo que en realidad es más reaccionario.
    2 y 3. Completamente de acuerdo con lo afirmado.
    4. El problema radica en que el monarca habla en nombre del pueblo, en nombre de la voluntad general, lo que no impide que ese pueblo por medio de sus representantes se determine. Es decir, la monarquía no evita el desorden democrático, sino que lo retrasa a un momento posterior. En ese desplazamiento encontramos un momento de paz que nos puede ser muy necesario para afrontar la disparidad que aparecerá necesariamente con posterioridad. Recuérdense las fechas del 1, 3 y 8 de octubre de 2017.
    5. Bueno, esto es discutible, puede ser que sí, pero también lo contrario. Si sabemos utilizar la institución, creo que al final obtendremos un rédito importante.
    6. Sobre las emociones en política, solo cabe decir que más nos valiera que intentásemos racionalizarlas. Goebbels supo muy bien, mucho mejor que Churchill, utilizarlas.
    7. Indudablemente el interés general, que no es sino un interés abstracto, ha de determinarse, aunque siempre haya de hacerse en atención del mismo. Esto nos permitirá una y otra vez reinterpretarlo, lo que debiera hacerse atendiendo a las mejores razones.
    8. Lo que la ciudadanía desea no debiera ser sino una concreción de lo que debe desear y si no concuerda con esto, hemos de lograr que termine por desearlo. Esta es la justificación de la necesidad de la educación política en una democracia. Al menos por la cuenta que nos trae.

  8. José Vives Rego
    José Vives Rego Dice:

    Tras este interesante debate, mi conclusión por el momento es que me gustaría que en España fuésemos una República Federal, aunque no tengo claro que tipo de sistema presidencial (Jefatura del Estado) nos convendría mas … Sin embargo, dada la bien acreditada capacidad de los españoles de generar reinos de taifas, la monarquía me parece una alternativa razonable, aunque el debate Monarquía versus República tenga todavía mucho recorrido.
    Quisiera puntualizar que el conflicto y la guerra entre grupos, no se limitan a los humanos. Esos comportamientos también se observan en muchos animales, desde los insectos sociales, peces y pájaros hasta mamíferos, incluidos los primates no humanos. De alaguna manera diría sin ser fatalista, que el conflicto está en nuestros genes y que se ha seleccionado por selección natural. Desde la Antropología, sabemos que los conflictos entre sociedades humanas tienen su origen en los grupos que inicialmente cooperan para posteriormente competir con otros grupos por recursos escasos, territorio, comida, oportunidades de apareamiento, poder e influencia. Esta conflictividad debería evolucionar de manera que se estableciesen relaciones entre grupos y sociedades de coexistencia pacífica, haciendo todo lo posible para evitar el conflicto violento. En ese tránsito, las heterogeneidades sociales, de valores e intereses y sobre todo como se establecen los liderazgos, son elementos cruciales y fundamentales para evolucionar en una línea u otra. Me temo que el cambio climático, la escasez de recursos (especialmente energéticos), el incremento de la demografía y la degradación ambiental van a generar graves conflictos y quizás cuando esos conflictos nos hayan pasado una factura demoledora, reencontraremos la senda de la cooperación y la paz.
    Muchas gracias Sr. Jiménez, por haber suscitado este debate y por sus ajustados comentarios.
    Un cordial abrazo a todos,

  9. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Completamente de acuerdo con su alternativa razonable, la monarquía parlamentaria. Me parece asimismo acertado su juicio acerca de la necesidad de seguir debatiendo sobre Monarquía y República.
    En cuanto a su cisión sobre la conflictividad entre grupos humanos, solo me gustaría añadir que el derecho supone la construcción de una segunda naturaleza a fin de evitar los inconvenientes de la primera.
    Gracias también a usted por debatir sobre un tema complejo de acuerdo a razones.

  10. Antonomasia
    Antonomasia Dice:

    El autor compara una republica presidencialista, EEUU, con una monarquía como la española para concluir que aquella tiende a polarizar más que ésta, es una comparación torticera ¿por qué no compararnos con la república italiana o con la alemana? Sus presidentes suelen ser ejemplos de neutralidad frente a los partidos. En cuanto a la manida incapacidad de los españoles para dotarse de un régimen republicano convendría recordar los muchos años que necesitó Francia para encontrar su alma republicana, tras períodos más negros que nuestras breves y acosadas repúblicas. También podríamos mirar a Alemania, que a pesar del desastre que supuso la de Weimar no se dejó amilanar y encontró de nuevo su razón republicana. Pero parece que los españoles tenemos que estar perpetuamente condenados a la monarquía por la experiencia de la II República como si no fuéramos adultos y no hubiéramos evolucionado desde los tiempos de la alpargata. Al final el argumento pro monarquía más fuerte viene a ser el miedo a cambiar. Triste. Si nos tememos a nosotros mismos, incluso tras la madurez demostrada en la Transición, los fantasmas del pasado decidirán siempre nuestro futuro ¿somos los únicos europeos incapaces de aprender?

  11. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Con independencia del adjetivo utilizado para calificar la comparación usada en mi texto, admito el nuevo término de comparación, las repúblicas parlamentarias. Si nuestro parlamento hubiera de elegir un presidente de la república española, cabría pensar que quizá no se decidiera por alguien neutral, cuando ha sido incapaz de hacerlo con los nombramientos de miembros de instituciones fundamentales para el funcionamiento de nuestra democracia como son los casos del Tribuna Constitucional y el CGPJ.
    Si pensamos en la mayoría urdida para ganar la moción de censura que hizo presidente a Pedro Sánchez o cómo se ha incorporado a la dirección del Estafo a aquellos que quieren destruirlo, puede ser que comencemos a admitir que la monarquía es una buena solución en nuestro caso, más allá de que hayamos dejado de calzar alpargatas. Tampoco es que seamos la excepción europea. Europa se encuentra plagada de monarquías parlamentarias. Por cierto, consideradas todas ellas como democracias plenas.
    No se trata, pues, de ningún miedo a cambiar, sino de reconocer que la institución de la monarquía puede caracterizarse como una institución plenamente moderna que ayuda a visualizar la unidad del pueblo soberano, así como a evitar los problemas de la polarización que pueden surgir en las repúblicas presidencialistas, pero también en las parlamentarias.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Estimado amigo: como vemos el tema es interesante y da para un buen debate. Aclaro que mi apellido procede alguien que sirvió fielmente a los monarcas de la época (Carlos IV y Fernando VII) hasta que pasó lo que pasó.
      Como ya comenté al principio, hay que distinguir entre las monarquías ya consolidadas y la instaurada en España por decisión unilateral de Franco y la forma en que se hizo.
      Los resultados son los que conocemos y que no voy a calificar. Sólo el ejercicio efectivo de su función «arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones» atribuído constitucionalmente, ya supondría una aceptación racional y pragmática por parte de los ciudadanos (del Estado).
      El arbitraje supone imponer las reglas del juego constitucional a todos sin excepción, incluyendo la negativa a sancionar normas inconstitucionales. Imponer la separación de poderes y su neutralidad institucional, ya sería un buen punto de partida. Y eso no se arregla con un discurso, sino con un toque efectivo de atención sacando tarjetas amarillas, rojas o expulsando a quien pretenda estar por encima de las reglas. La moderación es impedir que nadie se salga de su cometido.
      Pero entiendo que el texto constitucional dice una cosa y la contraria. Ya va siendo hora de que al menos sea coherente.
      En nuestro caso además hemos tenido y conocido los diferentes casos de un ejercicio de poder absoluto, tanto en lo político como en lo personal, en la figura de Juan Carlos I (la frase «hago lo que me da la gana» parece que es real y está publicada en OK Diario). Las consecuencias fueron los ya conocidos casos judiciales todavía pendientes de investigación que le han llevado al exilio voluntario. Quedan pendientes todavía aclaraciones sobre la fortuna personal también publicadas y no desmentidas.
      Estoy de acuerdo en que nadie sabe si un presidente de república haría lo mismo. Nadie puede poner las manos en el fuego por nadie. Pero su figura es transitoria y estaría regulada convenientemente con respecto a sus responsabilidades. No sería «inviolable» (se supone).
      Lo que se está dilatando la investigación de todo lo ocurrido, no hace sino desprestigiar la figura de la monarquía y dar pábulo a todo tipo de conjeturas negativas.
      Termino con otra cuestión pragmática: un presidente de república no tendría el coste adicional de una casa real con todo lo que supone, sino que se atendría a la retribución por la función institucional del jefe del Estado.
      Por eso he defendido la necesidad de legislar la función, no la cuestión dinástica que siempre es más compleja en cuanto a derechos de sucesión.
      Un saludo y gracias de nuevo por sus respuestas.

  12. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Me parece que la primera objeción que plantea quedó solventada por la Transición. El pueblo español decidió en 1978 darse como régimen la monarquía parlamentaria. Después habrá que calificar lo acertado o no de su funcionamiento. Creo que hubo fallos importantes con Juan Carlos I, que no deben empañar su contribución decisiva a la instauración de nuestra democracia constitucional.
    Otra cuestión es la de la inviolabilidad. En mi opinión el rey solo sería inviolable de aquello de lo que no es responsable, aunque esto requeriría de una regulación detallada, dada la complejidad de la cuestión. En cuanto a los costes de una monarquía respecto de los de una república, parece que hay estudios publicados que ponen de manifiesto que ni mucho menos es más cara la monarquía. No obstante, no es este el auténtico problema, que consiste en determinar cuál de los dos sistemas sería más racional. En mi opinión sería la monarquía.
    Finalmente, solo decir que Felipe VI ha entendido perfectamente su papel como Jefe del Estado.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      No es una objección por mi parte, sino un hecho probado política y jurídicamente.
      La Transición fue un simple cambio de régimen «de la ley a la ley», que el pueblo español llevó a cabo antes de que se aprobara la Constitución, luego no fue un referendum sobre la forma de estado.
      Los «fallos» importantes en el ejercicio de la función institucional son aquellos que se dirimen de acerdo con el artº14 de la C.E. (igualdad ante la ley de todos los españoles). Aquí entramos en el tema «inviolabilidad de la persona» inaceptable constitucionalmente. Menos en forma particular.
      No conozco tales estudios sobre el «coste» de un sistema u otro. Lo único que parece lógico es que un cargo institucional temporal no conlleva al resto de la familia. Otra cosa es la honestidad en la función. Es cuestión como usted dice de racionalidad no de «estudios»(el papel aguanta todo).
      Finalmente tengo que discrepar de su última frase a menos que dejemos de lado el texto constitucional y nos dejemos llevar por la cuestión emocional (empatía) en lugar de por la razón institucional.
      De nuevo gracias por este interesante debate que debería ser más amplio.
      Un cordial saludo.

  13. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Diría que los hechos, especialmente los políticos y jurídicos, son interpretables. En mi opinión, la Transición fue más allá de la ley a la ley, pues supuso una auténtica ruptura en el plano de los principios.
    En cuanto al referéndum, pensemos comparativamente en la votación hace ya más de doscientos años de la Constitución norteamericana, en la que se define la forma de Estafo, la republicana. Algo similar ocurrió aquí.
    El problema de la inviolabilidad y responsabilidad del monarca es cuestión discutida que requiere de una reflexión más pausada. De todas maneras le adelanto que desde mi punto de vista el monarca es irresponsable solo y exclusivamente de lo que no hace por sí mismo, sino que viene obligado por su cargo.
    Respecto a la última frase, permítame que la defienda en tanto que es mi interpretación de una determinada conducta con independencia de mi estado emocional.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Estimado amigo: De nuevo gracias por sus amables respuestas. Creo que lo que diferencia nuestras opiniones es que las suyas hablan del «monarca» (cuestión dinástica ajena a la función pública institucional) y yo prefiero enfocarlo a esta última cuestión: la Jefatura del Estado como primer funcionario del mismo, con funciones, deberes y responsabilidades ante el Estado.
      Por otra parte, no creo que un Jefe de Estado esté «obligado» a actos que vayan contra la propia Constitución o las leyes, lo mismo que ocurre con cualquiera de los cuerpos del Estado, en cualquiera de sus poderes.
      «…La persona del rey es inviolable…». El artº 14 es muy explícito: «Todos los españoles….» lo que incluye a la persona del rey/jefe del estado que, naturalmente, es español.
      En todo caso, el asunto se presta -como usted proponía- para un foro más amplio y extenso en tiempo, forma y opiniones.
      Un saludo.

  14. José J. Jiménez Sánchez
    José J. Jiménez Sánchez Dice:

    Gracias e igualmente. Esperemos, no obstante, que se anime la Fundación y tengamos ese encuentro.

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