Mujer, vida, libertad

Las protestas en Irán por la muerte bajo custodia de Mahsa Amini (por no llevar el velo correctamente, según las autoridades) son la expresión de descontento generacional hacia una dictadura que hostiga sistemáticamente a las mujeres por el hecho de serlo. Generacional porque están protagonizadas principalmente por niñas y mujeres jóvenes -y secundada por hombres-, que desconocen las consecuencias de desafiar al régimen.

Desde la instauración de la República Islámica de Irán tras la revolución de 1979, la extensa violación de derechos humanos ha suscitado ya otras revueltas como las del 2019. La falta de libertad de expresión, la ausencia de libertad religiosa, la discriminación, la persecución contra las minorías y la pena de muerte son prácticas arraigadas. Y en especial, los derechos de las mujeres sufrieron un receso significativo. La mujer quedó relegada en cuestiones de herencia y a día de hoy necesita permiso del padre o el marido para estudiar, trabajar o viajar. Según las leyes sobre el uso obligatorio del velo en Irán, pueden ser castigadas con penas de prisión, azotes o multas por dejarse ver en público sin el pañuelo. La ley aplica a niñas a partir de nueve años, pero en la práctica se incluyen a las
niñas a partir de siete.

La artista iraní residente en España Shirin Salehi contaba, en una columna de XLSemanal, cómo de traumático había sido su paso por el colegio en Irán durante la década de los ochenta, cuando el régimen perseguía y asesinaba a los disidentes y muchos iraníes morían en la guerra contra Irak que duró ocho años: “Nos habían repetido que las niñas nos quemaríamos en el infierno si se nos veía el cabello por fuera del velo y, os aseguro, ninguna niña de ocho años querría arder en el infierno. Estábamos aterrorizadas.”

La “Policía de la moral” es la encargada de hacer cumplir en público las rigurosas interpretaciones del código de conducta islámico instaurado por los ayatolás. Tiene a cargo detener a las personas -principalmente mujeres- que violan el código de vestimenta conservador. Los agentes encargados practican arrestos, a menudo violentos, y las mujeres son conducidas a centros de detención para que allí reciban una clase “educativa” con el propósito de “reformar” su conducta.

La insubordinación de las iraníes

En este contexto, cualquier acto de expresión es una osadía. Yasaman entrega una flor a una viajera y le dice: “Espero que un día podamos caminar juntas por la calle, tú con tu hiyab y yo sin él”. Es ocho de marzo de 2020 y personas de todo el mundo organizan acciones de reivindicación por el Día Internacional de la Mujer. En Irán, realizar cualquier conmemoración ese día está prohibido, pero en un vagón exclusivo para mujeres del metro de Teherán, tres mujeres con la cabeza descubierta, Monireh Arabshahi, Yasaman Aryani y Mojgan Keshavarz, reparten flores y graban la acción en vídeo.

Este se viraliza y las tres activistas son recluidas varios días en régimen de aislamiento y presionadas sin éxito para que confiesen que hay elementos extranjeros tras su acción y que se arrepienten de sus actos. Una fórmula recurrente para desacreditar hechos que tienen repercusión a nivel internacional. Son condenadas a más de 15 años de prisión. Según Amnistía Internacional, durante el proceso ninguna tiene acceso a un abogado de su elección.

Abogadas, periodistas, activistas, estudiantes son encarceladas por expresar su disidencia o defender los derechos más básicos, como heredar lo mismo que sus hermanos o recibir la misma compensación que un hombre en caso de accidente. Mujeres iraníes en el exilio son, mayormente, las altavoces que difunden en Internet las reivindicaciones de las compañeras que siguen en el país. Irán restringe el acceso a las principales plataformas como Whatsapp e Instagram y en ocasiones llega a cortar Internet en zonas específicas, especialmente en el Kurdistán iraní, donde las manifestaciones están siendo más numerosas (y la represión causa más víctimas).

Este acérrimo sistema de control se extiende también al mundo deportivo. Las deportistas deben acatar los códigos de vestimenta en competiciones internacionales. Una imposición que parecía desafiar la escaladora iraní Elnaz Rekabi, que durante el último campeonato asiático de escalada en Seúl, compitió sin velo. Aunque el gesto fue visto como un apoyo a las protestas que sacuden el país, en las últimas declaraciones a los medios a su llegada al aeropuerto alude a que “estaba ocupada poniéndome mis zapatos y mi equipo, y eso hizo que me olvidara de ponérmelo”.

Represión contra adolescentes

Desde el 16 de septiembre, personas dentro de Irán comparten vídeos en redes sociales donde se ven a mujeres arrancarse en público el velo. Esta actuación pone el foco en el velo como signo indumentario no de la fe, sino de la doctrina (una interpretación rigorista de la sharía) impuesta por el régimen. Es decir, es contra la élite religiosa que amedranta desde la infancia a las mujeres, tengan convicciones religiosas o no, por lo que salen a la calle y ponen en riesgo sus vidas. Corean: mujer, vida, libertad.

El gesto ha supuesto ya la muerte de varias jóvenes como Nika Shakarami, de 16 años, que fue arrestada por la Policía de la moral por participar en una protesta. Tras permanecer desaparecida durante 10 días, su familia finalmente encontró su cuerpo en una morgue de un centro de detención en la capital iraní. Como ella, Amnistía Internacional ha documentado al menos a 23 adolescentes asesinados en diez días ya sea por disparos de munición real, por perdigones o por palizas. Se teme que la cifra sea mucho mayor.

Hasta la fecha aún no se ha puesto en marcha una investigación completa y transparente por un organismo ajeno a los presuntos perpetradores. Las declaraciones oficiales sobre estas muertes eximen de toda responsabilidad a las autoridades que, sumadas a la ocultación de pruebas vitales y a las amenazas dirigidas a las familias y a todo el que contradiga la versión oficial, apuntan a la imposibilidad de llevar a cabo una investigación independiente e imparcial en Irán.

¿Por qué esta agresión contra menores? Porque son activos y audaces. Porque no conocen el duelo por el que han pasado sus generaciones predecesoras y no temen (aún) las represalias de sus acciones. Una generación que ha crecido con el uso de las tecnologías, que tiene acceso a las informaciones que llegan del exterior, que puede verse reflejada en las acciones globales de reivindicación de los derechos de las mujeres. Una generación, en definitiva, que se asoma al mundo y se va a la cama preguntándose: “¿Por qué aquí no?”

Reverberaciones y futuro inmediato

A un mes del inicio de las protestas, es prematuro definir qué es exactamente lo que está sucediendo, quiénes lo secundan y hacia qué escenario nos dirigimos. De seguir el empeoramiento de las condiciones de vida por las sanciones, la inflación y una apuesta arriesgada de la República Islámica en sus intereses geoestratégicos (ligados a la Rusia de Putin, enfangado en la invasión de Ucrania), es posible que se produzcan más movilizaciones, también desde otros sectores de la población.

Aventurarse a definirlo como una revolución en base a lo que ocurre sobre el terreno es, quizá, precipitado. Hay, sin duda, indicios para pensar que se aspira a un cambio radical (“muerte al dictador”, se escucha decir en actos esporádicos), pero también que se dirige a un inminente fracaso (por una máquina de represión engrasada durante décadas).

Veo reverberaciones de la llamada primavera árabe, que sacudió las dictaduras de muchos regímenes del Norte de África y Oriente Medio, precisamente porque también empezaron con un detonante muy concreto (en ese caso, la inmolación de un vendedor ambulante) que despertó las conciencias e impulsó a la población a ocupar las calles. Además, con un eslogan semejante que buscaba unir a la ciudadanía en torno a derechos fundamentales: dignidad,
libertad y justicia social.

Sin embargo, queda mucho por recorrer para alcanzar los niveles de conciencia y autogestión al que llegaron en 2011 en la Plaza Tahrir o en Siria.

Lo único que podemos hacer es difundir las valientes acciones de las iraníes para que sigan teniendo un impacto a nivel global, pues es lo único que genera presión al régimen para que se suavice la represión o libere presos de conciencia. Sí podemos afirmar que muchas mujeres iraníes han encontrado la manera de superar el terror, salir a la calle y desafiar a la élite religiosa que las considera de segunda categoría. Esa valentía tendrá un alto precio en vidas.

Pero imprime ya una huella en la conciencia colectiva, un semilla más en la historia reivindicativa del pueblo iraní que tendrá que echar raíces.

 

 

 

3 comentarios
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    ¿Porqué aquí no? es la misma pregunta en el mundo occidental en relación con la imposición de dogmas y pensamiento único, de leyes castigadas con sanciones graves por hablar de Ciencia, por disentir de las imposiciones y recorte de derechos fundamentales, por querer ser libres.
    Tocqueville habla en su «Democracia en América» dice: «El despotismo me parece especialmente de temer en las épocas democráticas», refiriéndose a esos poderes que formalmente son elegidos por el pueblo al que tuelan y «desean mantener en la infancia…haciendo menos útil y más raro el empleo del libre arbitrio y arrebata a cada ciudadano, poco a poco, hasta el uso de sí mismo».
    Lo que ocurre en repúblicas islámicas y en otras de diferente creeencia o cultura en otros lugares, es que responden a patrones o modelos ajenos a lo que en el mundo occidental se había conseguido en materia de derechos humanos básicos, que luego ha resultado papel mojado.
    «El poder toma en sus manos a los individuos, los modela a gusto, extiende sus brazos sobre la sociedad entera, cubre su superficiwe con pequeñas reglas complicadas, minuciosas y uniformes a través de las cuales los espíritus más originales y las almas más vigorosas no podrán salir a la luz para superar a la multitud. No quebranta las voluntades sino que las reblandece, las somete y las dirige y reduce a cada nación a no sr más que un rebaño de animales tímidos e industriosos, cuyo gobierno es el pastor…»
    De esto saben mucho las hegemonías imperiales y Persia fue un gran imperio antes que otros más actuales que ya no es que pretendan conducir y someter a una sola nación, sino que tratan de someter el mundo.
    El acto bárbaro que se denuncia es parte de tantos otros que se silencian cada día y en cada momento por unos sistemas de comunicación. «La prensa pone al lado de los débiles un arma poderosa que le permite difundir….» (cuando y cómo conviene) unas cosas y ocultar las otras.
    El velo islámico en occidente en cambio se ha puesto de moda en forma de pañuelo porque enmarca el rostro y le da más fuerza. Se ha convertido en un complemento de indumentaria perdiendo su sentido cultural o religioso ajeno en muchos casos a las reivindicaciones y al significado de opresión sobre la mujer cuando es imposición de los hombres. O de las propias mujeres que defienden su uso y se sienten cómodas con él.
    Por cierto, es curioso que nuestros equipos de fútbol occidentales exhiban en sus camisetas el nombre de países que pidieran estar comprendidos en esa opresión… pero entonces no pasa nada. Hay «pasta» por medio.
    Mi modesta solidaridad con el artículo y su denuncia que, como vemos, quedará tapada por lo que sea más conveniente.
    Un cordial saludo.

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  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Felicito al Blog por acoger uno de los escasos apoyos a las mujeres en Irán en toda Europa.
    Desde mi perspectiva sigo sin entender cómo una cultura tan importante como la Persa ha podido ser víctima del Islam durante ya tantos siglos. Igual o peor que lo sucedido en Egipto; viejísimas naciónes que nos muestran los efectos del dominio despótico por el Islam.
    Para nosotros, en Occidente, es muy importante entender este aparentemente inaudito proceso porque ya es evidente que nuestras élites prefieren al Islam para acentuar el sometimiento de sus poblaciones mientras las Instituciones de la UE avanzan en una clara y creciente agresión a nuestras raíces cristianas y clásicas.

    Hace un par de años fue la recomendación –proveniente de las élites USA y transmitida desde la oficina de la Sra. Von der Leyen– de que no usásemos los clásicos Christmas en Navidad (para «no molestar» a otros fue la explicación que recibí de un Comisario de la UE, el nombrecito «comisario» lo dice casi todo) Este año, en la Feria de Strasburgo, estaba prohibida la venta de Crucifijos.
    Todo ello silenciado en la peor prensa que uno recuerda en lo referente a distorsionar la realidad y a ocultar información relevante. Ahora, en plena guerra,estamos peor informados y con más ocultacion que el 85% de la población mundial. Menos mal que somos los «libres».

    Estamos ya, de pleno, en lo que nos anunció Tocqueville en 1845: La plena implantación del Despotismo Democrático. Y un servidor sigue a la espera de lo vaticinado por Der Spiegel en 2017: que para 2040 la UE habrá dejado de existir. Tras lo que estamos viendo y descubriendo, «the soonner, the better»

    Saludos

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  3. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    La discriminación selectiva de la información sobre Irán ,es otra muestra para un estudio sobre la financiación de los regímenes autoritarios de sectores políticos, de la información y de la cultura influyentes en las democracias, en defensa de sus intereses estratégicos ( hay muchos más ). Siempre he pensado que no todos los libros son iguales. Los malos ( como el periodismo) son como ladrillos que forman un muro que te impide ver lo que sucede y los buenos , son como peldaños que te ayudan a tener una mejor perspectiva de todo. Manu Oquendo es de los que debió tenerlo claro desde el principio y su participación en Hay Derecho siempre me ha alegrado enormemente . Y cuando no escribe, lo echamos en falta

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