Deberes para el año 2023: el mensaje del Rey

En un raro caso de acuerdo, tanto PSOE como PP valoraron positivamente el mensaje de navidad del Rey del pasado día 24 de diciembre.  Hay Derecho también está de acuerdo con su contenido y con la llamada a la responsabilidad que contiene. Pero como algún otro partido criticaba el mensaje por estar “repleto de vaguedades” o incluso por ser “un tostón soporífero indeterminado ”, vamos a tratar de explicar las cuestiones a las que se refiere el mensaje y a concretar qué responsabilidades se derivan de ello, no solo para los partidos sino para las instituciones y para los ciudadanos.

La idea de partida del mensaje es la misma que nos llevó a crear el blog y después la Fundación Hay Derecho: las democracias siempre están en riesgo, y tenemos la necesidad y la obligación de defenderlas (“No podemos dar por hecho todo lo que hemos construido”). Esta necesidad deriva de que la democracia garantiza tanto la libertad como el desarrollo económico, lo que queda demostrado, como dice expresamente el Rey, por el gran progreso de España en las 4 últimas décadas.  En cuanto al origen del riesgo, destaca tres: la división, el deterioro de la convivencia y la erosión de las instituciones. Como nosotros no tenemos  la misma obligación de prudencia que la Corona -aunque sí aspiramos a la neutralidad- vamos a concretar qué riesgos son esos y como se pueden limitar.

En cuando a la división, es evidente que se refiere a la división territorial de España. Las referencias a que la Constitución representa la unión y la cohesión sin renuncia a la diversidad lo dejan claro. El mayor ataque al Estado de Derecho desde el intento de golpe de 1981, fue el fallido autogolpe del Gobierno Catalán de 2017. Para nosotros no hay duda de que la Constitución es un intento muy meritorio de coordinar las identidades territoriales con la identidad nacional. Frente a las críticas internas, el reputado profesor Joseph Weiler  dice que nuestra Constitución se puede considerar como un modelo, un ideal para superar la idea, fracasada desde la 2ª guerra mundial, de la identidad entre nación y Estado. Los ciudadanos no tendríamos un único nivel de pertenencia sino una pertenencia múltiple a nuestra región/nación, a la nación española, y a Europa.

Para el profesor, esto supone no sólo una mayor integración y unas ventajas prácticas políticas (paz) y económicas (mercado) sino una disciplina moral individual: el reconocer que cada uno de nosotros puede tener varias pertenencias compatibles nos aleja de los exclusivismos y de la violencia, y nos permite beneficiarnos de diversidad. En este sentido hay que interpretar el mensaje real de “guiarse por la razón” que tiene implícito el de no dejarse llevar por la emoción -en particular por la nacionalista de cualquier signo-.

En este ámbito no nos hacemos muchas ilusiones de convencer a los partidos nacionalistas del progreso moral que supone reconocer que los ciudadanos pueden tener varias identidades a la vez sin tener que renunciar a ninguna. Pero no estaría mal que lo asumieran con convicción los partidos mayoritarios. Lo que deben perseguir no es jugar a satisfacer las emociones nacionalistas (españolas o autonómicas) sino reivindicar el Estado autonómico, hacer cumplir sus leyes -empezando por las del Estado-, y buscar el bien común  de todos los españoles con respeto a la pluralidad y la diversidad también dentro de las  CCAA con gobiernos nacionalistas.

En el extremo contrario se encuentran los que maniobran para que se incumplan la Constitución y la sentencias. Resulta increíble que sea la sociedad civil, y asociaciones como  la Asamblea por la Escuela Bilingüe (último premio Hay Derecho ex aequo), los que tengan pleitear con sus propios recursos para conseguir que se respeten los derechos reconocidos a todos los ciudadanos en la Constitución.

En cuanto al deterioro de la convivencia, sí que puede faltar algo de concreción en el mensaje. Indudablemente se refiere en parte también al  nacionalismo, que ha afectado gravísimamente a la vida de los catalanes, divididos en dos mitades  que viven en mundos separados, como bien demuestra con datos el libro de Adolf Tobeña «Fragmented Catalonia». Con el agravante de que el Gobierno autonómico solo representa  a una de ellas. Pero creemos que también se refiere a la creciente polarización de la sociedad en bandos políticos irreconciliables. Aunque España está mejor que otras sociedades profundamente polarizadas como EEUU, está claro que los partidos políticos de los extremos han tenido cierto éxito en convertir a los que piensan diferente en verdaderos enemigos. Poco sentido tiene apelar a su responsabilidad, pues el enfrentamiento es la razón de su existencia y está en su naturaleza promoverlo. Pero sí está en la mano de los partidos institucionales demostrar que solo llegando a grandes acuerdos se pueden encontrar soluciones a temas importantes. Y esto conecta con el tercer tema, que es de las instituciones.

Las instituciones son el centro de las preocupaciones de esta Fundación. La razón es que cada vez está más claro que el respeto a la dignidad y la prosperidad de los países dependen, sobre todo, de la calidad de sus instituciones. Así lo reconoce el mensaje del Rey. Y en este punto sí podemos concretar algunas medidas para reforzar nuestras instituciones, y de nuevo son los dos grandes partidos los que tienen en su mano realizarlas.

Sin duda el ámbito más urgente es del Poder Judicial y el TC. La progresiva politización del CGPJ y TC al que han contribuido con el mismo entusiasmo PP y PSOE durante casi 40 años ha llegado a un punto insostenible. La manera en que se han ido cubriendo las plazas, con reparto de cuotas contrario a la Constitución, ha llevado al desprestigio de las instituciones. Es necesario cambiarlo ya, y la propuesta del PP es una buena base para que los dos grandes partidos pacten un cambio. Eso sí, de manera previa o simultánea los dos partidos deben renovar el CGPJ. Ya explicó aquí Rodrigo Tena que la reforma de la sedición -por inconveniente que fuera- no era un motivo para abandonar la negociación. Y debería hacerse nombrando a candidatos de consenso y no a los más fieles a cada bando (que es lo que ha hecho el Gobierno con los últimos nombramientos del TC, y el PP con los anteriores). Pero en este ámbito, no toda la responsabilidad recae sobre los partidos. Los propios jueces, y en particular sus asociaciones, deberían dejar de colaborar con un sistema de elección corrompido por los partidos y apoyar decididamente una reforma necesaria.

Son esenciales en el discurso, también, la referencia a la Constitución y a Europa, hoy precisamente enlazadas, de alguna manera, por  el deterioro que tanto la norma como el espíritu de la Constitución esta sufriendo como «marco de referencia» para los españoles a consecuencia de variados acontecimientos recientes y no tan recientes y que, en algunos de ellos, ha sido apuntalada por recomendaciones o intervenciones directas de las autoridades europeas.

Tanto nuestra Constitución como la Unión Europea son esenciales para la defensa del Estado de Derecho, y, así lo reconoce el Rey, cuyo discurso apunta a esa necesidad de mantener y defender bases esenciales de nuestro Estado social y democrático de derecho, en el que se basa nuestra convivencia.

 

……….

Discurso íntegro del Rey Felipe VI

Buenas noches,

Me alegra mucho poder estar en vuestros hogares y seguir cumpliendo con esta tradición de transmitiros mis mejores deseos, sobre todo de paz, en esta Nochebuena; y también de compartir con vosotros algunas reflexiones sobre los acontecimientos más relevantes del año que ahora termina.

El 2022 ha sido −está siendo todavía− complicado y difícil. Como no han sido nada fáciles los últimos años. Cuando creíamos haber superado lo peor de la pandemia —sin duda, la mejor noticia— en el mes de febrero Rusia invadió Ucrania y, desde entonces, hemos sido testigos de 10 meses de una guerra que ya ha causado un nivel de destrucción y ruina difíciles de imaginar en nuestra realidad cotidiana. Hemos vivido el sufrimiento del pueblo ucraniano y seguimos sintiendo, con una profunda tristeza, la pérdida de miles de vidas humanas.

A los ucranianos refugiados en nuestro país y a todos sus compatriotas les enviamos, especialmente hoy, nuestro recuerdo y afecto.

Estamos así, ante una nueva guerra en Europa, en las fronteras de algunos de nuestros socios europeos y aliados, y, por tanto, cerca de nosotros; y que no solo afecta a Ucrania, sino que tiene una trascendencia global. Por ello, nuestra seguridad también se ha visto afectada. España, además de reforzar con nuestros aliados la capacidad de defensa colectiva, se ha unido a la inmensa mayoría de la comunidad internacional para apoyar a Ucrania; y para reafirmar su compromiso de que la soberanía, la integridad territorial y la independencia de los Estados son principios irrenunciables de un Orden Internacional basado en reglas y que siempre debe buscar la paz.

En ese sentido, la cumbre de la OTAN que se celebró en España, en Madrid, sirvió para reforzar la unidad de todos los miembros de la Alianza, y también de la Unión Europea. Esta guerra, junto a los efectos también de la pandemia, está teniendo, además −como es evidente−, un profundo impacto sobre la economía; ha provocado una crisis energética con consecuencias graves en la industria, el comercio, el transporte y particularmente en las economías familiares.

La subida de los precios, especialmente de los alimentos, provoca inseguridad en los hogares. Tener que hacer frente a gestos cotidianos, como encender la calefacción o la luz o llenar el depósito de gasolina, acaba siendo una fuente de preocupación e implica –en muchos casos– importantes sacrificios personales y familiares. Porque, en efecto, hay familias que no pueden afrontar esta situación de una manera prolongada y necesitan el apoyo continuo de los poderes públicos para paliar sus efectos económicos y sociales.

Todo el nuevo escenario que vivimos –la guerra, la situación económica y social, la inestabilidad y las tensiones en las relaciones internacionales– está causando en nuestra sociedad, lógicamente, una gran preocupación e incertidumbre. No podemos ignorar la seriedad de estos problemas, pero tampoco podemos renunciar a que las cosas puedan cambiar y mejorar.

Lo primero –y una vez más–, debemos tener confianza en nosotros mismos, como Nación. La transformación y modernización de España de las últimas 4 décadas, gracias al éxito de nuestra transición a la democracia y la aprobación de nuestra Constitución, avala esa confianza. Como también la justifica la superación de otras crisis económicas, sociales o institucionales que hemos vivido; la más reciente, la de la COVID. Somos un país que, como ahora, siempre ha sabido responder –no sin dificultades ni sacrificios– a todas las adversidades, que no han sido pocas a lo largo de estos años.

Además de creer en nosotros mismos, en nuestra capacidad, necesitamos –siempre, pero más aún en tiempos difíciles– el mayor compromiso de todos con nuestra democracia y con Europa, con la Unión Europea, que son las dos columnas vertebrales sobre las que se asientan nuestro presente y nuestro futuro.

Las democracias en el mundo están expuestas a muchos riesgos que no son nuevos; pero cuando hoy en día los sufren, adquieren una particular intensidad. Y España no es una excepción. Pero hay tres sobre los que quiero detenerme porque me parecen muy importantes: la división es uno de ellos. El deterioro de la convivencia es otro; la erosión de las instituciones es el tercero.

Un país o una sociedad dividida o enfrentada no avanza, no progresa ni resuelve bien sus problemas, no genera confianza. La división hace más frágiles a las democracias; la unión, todo lo contrario, las fortalece.

En España lo sabemos por experiencia propia. Nuestra Constitución, fruto del diálogo y del entendimiento, representa la unión lograda entre los españoles, como apuesta de futuro, de diversidad y de concordia, para una joven democracia. Hoy, con el paso de todos estos años, nuestros valores constitucionales están enraizados en nuestra sociedad; y son por ello la referencia donde los españoles debemos seguir encontrando la unión que nos asegura unión, cohesión y progreso y que nos garantiza una convivencia que, como he destacado a menudo, es nuestro mayor patrimonio.

Una convivencia que requiere en nuestra vida colectiva el reconocimiento en plenitud de nuestras libertades, junto al respeto y la consideración a las personas, a sus convicciones, y a su dignidad. Que necesita guiarse por la razón; que demanda anteponer la voluntad de integrar frente al deseo de excluir.

En esa tarea, necesitamos fortalecer nuestras Instituciones. Unas Instituciones sólidas que protejan a los ciudadanos, atiendan a sus preocupaciones, garanticen sus derechos, y apoyen a las familias y a los jóvenes en la superación de muchos de sus problemas cotidianos. Instituciones que respondan al interés general y ejerciten sus funciones con colaboración leal, con respeto a la Constitución y a las leyes, y sean un ejemplo de integridad y rectitud. Y este es un propósito diario con el que las Instituciones debemos estar siempre comprometidas.

Creo que, en estos momentos, todos deberíamos realizar un ejercicio de responsabilidad y reflexionar de manera constructiva sobre las consecuencias que ignorar esos riesgos puede tener para nuestra unión, para nuestra convivencia y nuestras instituciones.

No podemos dar por hecho todo lo que hemos construido. Han pasado ya casi 45 años desde la aprobación de la Constitución y claro que han cambiado, y seguirán cambiando, muchas cosas. Pero el espíritu que la vio nacer, sus principios y sus fundamentos, que son obra de todos, no pueden debilitarse ni deben caer en el olvido. Son un valor único en nuestra historia constitucional y política que debemos proteger, porque son el lugar donde los españoles nos reconocemos y donde nos aceptamos los unos a los otros, a pesar de nuestras diferencias; el lugar donde hemos convivido y donde convivimos en libertad.

Europa es el segundo compromiso al que antes me refería. Europa representó y representa para España también la libertad. Contribuyó a consolidar nuestra democracia, a potenciar nuestro crecimiento económico y nuestro desarrollo social. Hoy, compartimos muchos de sus problemas y contribuimos a sus decisiones con nuestra propia personalidad y nuestros intereses.

Los desafíos comunes a los que nos enfrentamos, desde los sanitarios a los financieros o los relacionados con nuestro modelo energético o medioambiental reciben soluciones integradas en el marco común de la Unión Europea. Por ello, lo que se decide cada día en la Unión afecta –y mucho– a la vida cotidiana de todos los españoles. Esa es la realidad.

Somos Europa, pero también necesitamos a Europa, que es nuestro gran marco de referencia político, económico y social y que, por ello, nos ofrece certeza y seguridad. Estoy seguro de que el compromiso de España quedará reforzado con la Presidencia rotatoria de la Unión que asumirá el año que viene.

Decía al comienzo que vivimos tiempos, sin duda, de incertidumbre. Pero si el éxito de una nación depende del carácter de sus ciudadanos, y de la personalidad y el espíritu que mueve a su sociedad, debemos tener razones para mirar al futuro con esperanza.

Somos una de las grandes naciones del mundo, con muchos siglos de historia, y los españoles tenemos que seguir decidiendo todos juntos nuestro destino, nuestro futuro. Cuidando nuestra democracia; protegiendo la convivencia; fortaleciendo nuestras instituciones

Debemos seguir compartiendo objetivos con un permanente espíritu de renovación y adaptación a los tiempos. Con confianza en nuestro país, en una España que conozco bien, valiente y abierta al mundo: la España que busca la serenidad, la paz, la tranquilidad; la España responsable, creativa, vital y solidaria. Esa España es la que veo, la que escucho, la que siento en muchos de vosotros; y la que, una vez más, saldrá adelante. En manos de todos nosotros está. 

Y ya finalmente, en esta noche tan especial, os agradezco mucho vuestra atención y junto a la Reina y nuestras hijas la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, os deseo que tengáis una muy feliz Navidad y Año Nuevo.

Eguberri On, Bon Nadal, Boas Festas

 

2 comentarios
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Siempre es importante distinguir si el mensaje navideño es del Rey (cuestión dinástica) o del Jefe del Estado (función institucional).
    Una cosa es hablar familiarmente con los ciudadanos desde la distancia de la realeza y otra muy diferente es analizar la realidad política y social de España y su destrucción institucional .
    Como Jefe de Estado tiene unas funciones específicas (artº 56) y unas atribuciones también claras y concretas (artº 62) para poder actuar. La pregunta es: ¿porqué no lo hace?
    Y ahí lo dejo para no alargar demasiado el tema.
    Un saludo

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  2. Daniel Iborra
    Daniel Iborra Dice:

    El año ha acabado con el sistema político español con menos puntos de democracia y más de regímen autoritario .Es muy importante conocer “ la intención de los gestores políticos” para saber a donde nos llevan .
    La división es consecuencia del modelo político de Sánchez y sus socios.
    Sobre “las intenciones” , fundamental para entender sus decisiones, también nos avisaron dos grandes y experimentados políticos..
    R Arias Salgado“ Zapatero modela un PSOE no europeo, con el horizonte de un socialismo que gana todas las elecciones sucesivamente, en el ejercicio de su hegemonía y del abuso de poder…Toda la estrategia de Zapatero y de Sánchez es evitar la alternancia del poder “
    .Ramón Tamames Gómez:“ Sobre los socios de Sánchez, “ en el fondo lo que quieren es mandar. Quieren mandar empobreciendo el país. Y una vez que lo empobrecen, con una red de mecanismos de clientelismo, controlar el país de una forma definitiva. ¿Cuál es el efecto de Podemos en el Gobierno? Pues sencillamente más subsidios que son necesarios en parte, pero no para todos, porque la gente entonces deja de trabajar.. ellos lo que quieren es cargarse el sistema. Lo ha dicho el jefe de Bildu “Venimos a Madrid a cargarnos el régimen “.
    A la vista de “ la intención de Sánchez “acreditada en la ocupación de instituciones claves del Estado desde que dirige el país , poniéndolas a su servicio , no del interés general.¿ Hay alguien , que con una información veraz de lo que sucede en este país, tenga duda de que quiera seguir Sánchez su acreditada experiencia autoritaria con la justicia?
    Hay dos tipos de políticos, intelectuales y periodistas en España, los partidarios de un régimen democrático ( con su izquierda y su derecha ) , que respetan las normas y las resoluciones judiciales , los derechos y libertades de todos los ciudadanos y los principios democráticos y los partidarios de regímenes autoritarios , como los que dirigen Cataluña y una gran parte del gobierno de Sánchez, que no lo hacen . La democracia no es su sistema ni lógicamente el de la Unión Europea , que se basa en el. Nunca respetarán nada de lo anterior,” les sobra” toda su legislación , los jueces independientes y el control de la gestión política.

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