Municipalismo Moribundo

“El lenguaje político está siempre impregnado de emociones religiosas, y deviene por ello simbología” (Eric Voegelin)

 

 

Esta breve entrada es fruto de un vano impulso: sensibilizar sobre la imperiosa necesidad de que lo municipal entre, de una vez por todas, en el debate político y legislativo. El estado actual del pulso político y normativo local es de encefalograma plano. Y nada advierte de que las cosas vayan a cambiar en un futuro.

Sorprende la vacuidad de los primeros pasos aún incipientes de esta larguísima campaña electoral para las elecciones municipales y de algunos otros gobiernos intermedios. Prácticamente, lo local está ausente. Se habla de todo, menos de lo local. Al menos, siendo como creo ser persona preocupada e inquieta por la política local, esa es mi percepción. La política nacional, si a eso se le puede llamar política, todo lo anega. Apenas hay reflejo de propuestas, alternativas, deliberaciones o programas municipales. Da la impresión de que solo se quiere que acudamos a las urnas para votar por unas siglas o por un bando, sin que nadie se haya molestado en cultivar nuestro ingenuo entusiasmo sobre el futuro de la ciudad en la que habitamos y sus más que innumerables problemas.

Cualquier ciudadano mínimamente informado sabe identificar algunas de las debilidades de su pueblo o ciudad y cuáles son los aspectos (al menos, algunos de ellos) a mejorar. Tiene, así, capacidad de discriminar sobre programas y propuestas, si es que los hay. Los mecanismos de participación ciudadana y de escucha activa no funcionan. Los actos de campaña (o, mejor dicho, de precampaña) están siendo actos de partido, más bien de cofrades o feligreses entusiastas aplaudidores diga lo que diga el oficiante político de turno. El común de los mortales permanece ajeno a tales manifestaciones de culto político-religioso. Y cuando arranque la campaña formal será todavía peor, el griterío ensordecedor de las consignas más burdas ahogará cualquier gramo de cordura.

Tras varios años con compromisos institucionales, académicos y profesionales con el entorno local, me entristece sobremanera su gradual pérdida de pulso en la política nacional. Desde la equivocada reforma local de 2013, que la oposición entonces declaró unánimemente su vocación de derogarla una vez que llegara al poder (lo que nunca hizo), no ha habido en diez años una propuesta legislativa mínimamente seria que intente reforzar la institucionalidad local, que sigue anclada en los estándares de gasto público sobre el total del sector público propios de los primeros pasos del régimen constitucional, inclusive con una tendencia descendente a partir de los años de la crisis de 2008-2010 (en torno al 12 %, como estudió en su día Juan Echániz: Los gobiernos locales después de la crisis, FDGL, 2019). Los niveles locales de gobierno han quedado además preteridos por una voracidad autonómica que apenas les deja espacio decisional al ámbito local de gobierno y, en fin, con unas competencias, con excepciones, débilmente garantizadas y una financiación pendiente siempre de revisión. Eso sí, circunstancialmente, con la caja llena y el corazón vacío. Sin apenas nervio, cuando lo local debería tener hoy día un protagonismo creciente en un entorno institucional tan volátil e incierto.

No he visto últimamente un debate, una entrevista, un reportaje ni siquiera columnas de opinión, que de esto hablen en los medios de comunicación. Estamos ya inmersos en el mes de mayo. El día 28 se nos convocará a las urnas. ¿Para que votemos qué? ¿Un modelo de ciudad o unas listas de partido? ¿Qué nos ofrecen realmente? ¿Para qué nos llaman a las urnas? ¿Qué quieren? Se lo digo de inmediato: Ganar las elecciones y poder así reforzar su poder para seguir haciendo lo mismo o preparar, en su caso, un presunto cambio. Nadie parece aterrizar en lo que la ciudadanía necesita. Las propuestas transformadoras son escasas. La política cada día es más endogámica. Y si eso pasa también en la política de proximidad por excelencia, que es la local, no quiero ni imaginarme que será en el resto.