Nombramientos político-gubernamentales

“¡Oh, qué hombre tan extraordinario y fascinador! ¡Qué elevación de miras, qué superioridad! Con decir que era capaz, si le dejaban, de organizar un sistema administrativo con ochenta y cuatro direcciones generales, está dicho lo que puede dar de sí aquella soberana cabeza”

(Benito Pérez Galdós, La de Bringas, Obras Completas, III, Aguilar, p. 671).

Esta pasada semana, durante un acto en Las Palmas de Gran Canaria con motivo de un coloquio sobre el libro El legado de Galdós. Los mimbres de la política y su ‘cuarto oscuro’ en España (Catarata. 2023), la presentadora y moderadora, la prestigiosa biógrafa de Don Benito, Yolanda Arencibia, al hilo de los cambios de Gobierno y su afectación a la Administración recordaba los magníficos pasajes que el autor canario había dedicado a lo largo de su obra a los nombramientos y cesantías, y con su buena memoria se refirió cuando el escritor canario hacía mención a la Gaceta (nuestro actual BOE) como repartidora de credenciales (esto es, de cargos públicos).

Y, en efecto, fue en el episodio nacional de O’Donnell donde se recogen dos extensos párrafos dedicados a esa risueña matrona de la vieja Gaceta que repartía sus destinos entre quienes nerviosos aspiraban a ellos. Merece la pena recoger alguno de estos pasajes, pues su descripción es sencillamente inigualable:

“Daba gusto ver la Gaceta de aquellos días, como risueña matrona, alta de pechos, exuberante de sangre y de leche, repartiendo mercedes, destinos, recompensas, que eran el pan, la honra y la alegría para todos los españoles o para una parte de tan gran familia (…) ¡Pues en lo civil no digamos! La Gaceta, con ser tan frescachona y de libras, no podía con el gran cuerno de Amaltea que llevaba en sus hombros, del cual iba sacando credenciales y arrojándolas sobre innumerables pretendientes, que se alzaban sobre las puntas de los pies y alargaban los brazos para alcanzar más pronto la felicidad. La Gaceta reía, reía siempre, y a todos consolaba, orgullosa de su papel de providencia en aquella venturosa ocasión (…) enseñando sus longanizas con que debían ser atados los perros en los años futuros”.

Ciertamente, en los próximos días y semanas nuestro BOE (aunque en este caso con la denominación masculinizada) se llenará de ceses y nombramientos en cadena de Ministros, Secretarías de Estado, Secretarías Generales, Subsecretarías, Direcciones Generales y Secretarías Generales Técnicas, por no hablar de asesores o miembros de Gabinetes de Ministros y Secretarios de Estado, o asimismo del personal directivo de máxima responsabilidad del extenso universo de las entidades del sector público institucional y empresarial dependiente de la Administración del Estado. Y ello sin hacer mención a las hipotéticas remociones y nombramientos que se puedan producir en puestos de la alta función pública reservados al sistema de libre designación (que se cuentan por miles). Sin contar estos últimos, solo con los primeros, aquellos ya superan con creces el número de mil. Este es el botín directo que tienen los partidos en el Gobierno para repartir entre sus acólitos y personal de confianza política, al margen de que en la AGE algunos de estos niveles directivos solo se puedan cubrir con personas que tengan la condición de funcionarios del subgrupo A1, lo que en este caso no impide que se despliegue la confianza política sino que la restringe en su proyección a un círculo acotado de personas (lo que el profesor Quermonne en 1991 ya denominó como un modelo de spoils system de circuito cerrado).

Aunque no ha habido alternancia política, y por tanto la continuidad podría ser la norma, no es menos cierto que en esto de la política de nombramientos entran en juego afinidades no solo partidistas sino también personales o profesionales. Quien llega de nuevo cargo público (más si es ministerial) quiere rodearse de personas de “su” confianza. Un error del que este país no ha sabido salir nunca, sometidos como estamos en un subdesarrollo institucional en esta materia sin parangón en las democracias avanzadas.

Todo esto es muy sabido, pues ya forma parte sustantiva de lo que nuestro Estado clientelar de partidos, trufado de prácticas de nepotismo y amiguismo, ejerce por doquier (también en todas las Comunidades Autónomas, con cifras en algunas de ellas muy cercanas a los grados de politización existente en el Gobierno central; así como en un buen número de entidades locales).

Mientras tanto hay países, algunos muy próximos geográfica o culturalmente (tales como Portugal o Chile), a quienes nos gusta mirar siempre por encima del hombro, que ya tienen implantado desde hace años sistema de Alta Dirección Pública Profesional. Aquí esa solución institucional se ve ajena e innecesaria: propia de «los bárbaros del norte» que tan solo algunos países despistados han incorporado: ¿para qué quiere un político de la vieja usanza, antes cacique y ahora valedor del clientelismo, directivos públicos profesionales?: Mejor un amigo político, pues «quien vive de la nómina no puede hacer un desaire al Poder Supremo» (Galdós, Tormento). El cinismo aquí existente hace que la política siga invocando razones de legitimidad democrática (el «dedo democrático», la fuente hispana de la legitimación directiva) para designar altos cargos directivos que, en no pocas ocasiones, carecen de las competencias y capacidades ejecutivas y de liderazgo necesarias para llevar a cabo una gestión exitosa en su área de responsabilidad del programa político impulsado por el Gobierno de turno. En estos casos no hay comprobación previa de capacidades ni competencias, aquí todo se presume. La credencial las otorga. Más si eres del partido o de sus aledaños. Eso es lo importante, lo demás accidental.

La política, la mala política, esa política menuda de la que hablaba Galdós, cree que llenando las estructuras ejecutivas de la alta Administración de amigos del poder o de los partidos en el poder, cierran filas y lograrán grandes resultados en su gestión. Lo cierto es que se equivocan de palmo a palmo, y cuando advierten su error ya es muy tarde. Pero en esas siguen, erre que erre. El corazón clientelar puede más que la razón política, pues esta apenas existe.

Con frecuencia se olvida que durante varias décadas la Seguridad Social ha sido un modelo de gestión de excelencia en España. La modernización que se llevó a cabo en ese ámbito y en otros fue importante. Hoy en día, sin embargo, abundan en la gestión que lleva a cabo la Administración del Estado verdaderos agujeros negros que denotan una pésima comprensión por parte de la política de la imprescindible acción ejecutiva o de gestión pública para proveer unos servicios y prestaciones públicas, que cada vez funcionan con peores estándares de resultados (sistema de pensiones, ingreso mínimo vital, servicio de empleo, inmigración, correos, etc.). La creciente politización de las estructuras de gestión en las Administraciones Públicas es síntoma evidente de un sistema en estado de descomposición.

Esos déficit de capacidad de gestión o –en palabras de la Comisión Europea- de déficit de capacidades administrativas, son clamorosos en lo que a la pésima y lenta digestión de fondos europeos respecta, con lo que se está poniendo en juego además la manoseada recuperación económica e, incluso, se pueden llegar a malgastar muchos de esos recursos y endeudar al país más de lo que está.

A ver si les entra en la cabeza a estos políticos de mirada estrecha y extraviada: nunca, jamás, habrá buena política donde no haya buena gestión. Lo expuso, como vengo reiterando en numerosas entradas, Hamilton hace más de 240 años en ese oráculo de Ciencia Política y de Gobierno que es El Federalista. Y conviene recordarlo: una política clientelar nunca hará otra cosa que beneficiar a los suyos, no al país. Nuestros partidos, de momento, esa es la única gramática política parda que aplican. Y así nos va.

Al fin y a la postre, como también describió con su particular mirada incisiva el autor canario, muchos de esos cargos públicos, por no desairar al poder más alto, practicarán “el fácil oficio de no hacer nada”. Es la mejor forma de sobrevivir políticamente en un mar de tempestades,  cada vez más crecientes. Y los grandes desafíos de futuro siguen esperando pacientemente a que la política, algún día, les haga caso. No creo que estemos precisamente para perder el tiempo. La discontinuidad y la rotación en niveles ejecutivos del sector público, vinculada siempre umbilicalmente a la política, es una pésima solución institucional. Algún día quizás alguien lo entienda. De momento, a esperar. Paciencia estoica.

 

Este post ha sido previamente publicado en el blog del autor.

10 comentarios
  1. javier cimadevilla
    javier cimadevilla Dice:

    Magnífico artículo y diagnóstico preciso desde hace…Así como aquello de Tabucchi en Sostiene Pereira (+ o -) «¿Opinión pública? Aquí lo que importa es saber quién manda» Y como también se puede deducir fácilmente directamente de este estupendo artículo de Jiménez Asensio, el precio de todo esto es demasiado elevado para el ciudadano porque desaparece el Estado (La República, de los clásicos) como ámbito común; de dónde, una de las dos Españas ha de…ya que lo importante es la bandería, nosotros y ellos. Peor, o nosotros o ellos.

  2. LAOG
    LAOG Dice:

    También cabe destacar de este entretenido y crítico artículo de Jiménez Asensio el reconocimiento de la excelente gestión de la Seguridad Social española, pocas veces reconocida en aportaciones académicas recientes.
    Sí echo en falta en este análisis de causas del deterioro presente en esa gestión de las prestaciones sociales públicas, no contemplar el deterioro de la cobertura adecuada de los déficits de personal crónico de este área de los Servicios de la Administración del Estado.

  3. Daniel Iborra Fort
    Daniel Iborra Fort Dice:

    Como siempre , Rafael nos deja un artículo indispensable para la cultura política de los ciudadanos que sufren y financian un Estado ineficiente. El gran agujero procede de lo que venimos denunciando, también en Hay Derecho, desde hace un montón de años.
    Cataluña es el caso más grave de un error histórico que es el responsable de gran parte de los problemas que tenemos, el desarrollo de nuestro estado autonómico, especialmente desde nuestro ingreso en la UE.
    Mientras los grandes países europeos pasaban a convertirse en una especie de provincias de un nuevo Estado, para asegurar el futuro económico y social de sus pueblos, nuestro país continuó un proceso contradictorio con las obligaciones que habíamos asumido como socios de un proceso de integración política y económica. Y generó, en paralelo a la creación de nuevos órganos y funciones supranacionales con sus costes correspondientes, una estructura territorial inadecuada e inviable.
    El sistema autonómico (que si se reconvierte nos parece tan fundamental como el resto de administraciones), tal como evolucionó, sin orden ni control, se ha acabado convirtiendo en un sistema obsoleto, ineficiente, ruinoso para los ciudadanos y fuente de escándalos continuados al aflorar, sin descanso, todo tipo de casos de despilfarro de recursos, de corrupción y de incompetencia en buena parte de nuestra geografía.”
    Nuestros grandes economistas nos lo han avisado repetidamente :
    ejm Tamames “ hemos creado una compartimentación de mercado, de manera que hay 17 mercadillos, sistemas sanitarios…Nos hemos pasado de rosca con el Estado de las autonomías. No significa que haya de suprimirlo, sino respetar la idea original, no crear 17 estados dentro del estado español “
    Velarde, sobre las reformas necesarias: lo primero es eliminar las trabas administrativas para montar una empresa y unificar el mercado interior español. No es admisible que tengamos 17 legislaciones diferentes. Esta es la gran reforma pendiente de nuestra economía. . Luego un gran pacto educativo. Atajar el déficit enorme de las administraciones públicas, que lastra nuestro crecimiento .
    .Y también , en sanidad , vivimos el problema en la pandemia , Miquel Porta , catedrático de epidemiología de la UAB.. “Nos cuesta vidas que haya 17 autonomías que son como 17 estados enfrentados y que, haya también 27 estados europeos también descoordinados”.

  4. Ricardo Narbón
    Ricardo Narbón Dice:

    Gran artículo que me viene fenomenal para citar al enorme Benito Pérez Galdós en una de sus más insignes novelas sobre las credenciales y un tema de rabiosa actualidad como es la amnistía, quién se lo iba a decir al premonitorio Galdós. El párrafo, que no tiene desperdicio, dice: ”Existe una confabulación tácita (no tan escondida que no se encuentre a poco que se rasque en los políticos), por la cual se establece el turno en el dominio. En esto consiste que no hay aspiración, por extraviada que sea, que no se tenga por probable; en eso consiste la inseguridad, única cosa que es constante entre nosotros, la ayuda masónica que se prestan todos los partidos desde el clerical al anarquista, lo mismo dándose una credencial vergonzante en tiempo de paces, que otorgándose perdones e indultos en las guerras y revoluciones. Hay algo de seguros mutuos contra el castigo, razón por la cual se miran los hechos de fuerza como la cosa más natural del mundo. La moral política es como una capa con tantos remiendos, que no se sabe ya cuál es el paño primitivo.”
    Fortunata y Jacinta. Parte tercera, capítulo I parte I

  5. Alfonso
    Alfonso Dice:

    Admiro al señor Jiménez Asensio que, tras tantos años y tinta, no ha desesperado de mantener la imperiosa necesidad de una alta función pública no partidista. Incluso, diría yo, obligación constitucional de que exista para mantener la objetividad y la adopción de decisiones racionales y razonables.

    Gracias, señor Jiménez Asensio. Como ciudadano y funcionario, que soy, le animo a perseverar. En mi reducido ámbito profesional intento esta misma “prédica”, pero es en el desierto. Mis propios compañeros funcionarios parecen preferir el clientelismo para sus carreras.
    Un cordial saludo.

  6. Pedro Luis Egea
    Pedro Luis Egea Dice:

    Leído el artículo hay que concluir ¡qué mala, qué malvada es la política! Aunque el autor debería reconocer que gracias a la política se resuelven los problemas que enfrentan los ciudadanos ¿o son los letrados y abogados del Estado los que nos resuelven los problemas?

    • Alfonso
      Alfonso Dice:

      Estimado señor Egea,
      si conociera mejor la trayectoria intelectual del señor Jiménez Asensio, estoy convencido de que su intervención hubiera sido de otro tenor.

      Lo que yo añado es que la política se refiere a la resolución de los asuntos de la polis, por lo que es una actividad necesaria y honorable.

      Sin embargo, los actuales partidos politicos la degradan porque se han convertido en empresas privadas. También porque sus dirigentes no son los óptimos. Una lectura breve al respecto la puede encontrar en “Mediocracia”, de Alain Deneault.

      La mayoría de los países europeos occidentales tienen separado el ámbito de los partidos políticos de aquel propio de la alta Función Pública, lo que les permite adoptar mejores decisiones políticas.

      Reciba, por favor, un cordial saludo.

    • Cristóbal
      Cristóbal Dice:

      Ni hablar, Sr. Egea. No son “los letrados y abogados del Estado” los que nos resuelven los problemas, ¡qué va! Quienes nos resuelven los problemas son únicamente los ‘juristas de reconocido prestigio”, tal y como el Tribunal Supremo ha dictaminado recientemente, jejeje… Por supuesto, esa Sala del TS no se ha parado a desentrañar y delimitar, por seguridad jurídica y por racionalidad básica, qué hay que entender de aquí en adelante por “jurista” (¿=Persona que se dedica al estudio del derecho o lo ejerce como profesión?), por “reconocido” y por “prestigio”. Vamos a ver: un Licenciado/Doctor en Relaciones Laborales o en Ciencias Económicas con montones de años de experiencia contrastada en asesoramiento de empresas y en mediación de conflictos y con montones de publicaciones en sus áreas de especialización, pero que no son licenciados/doctores en Derecho (ni, por tanto, ‘juristas’), ¿no pueden ser miembros del Consejo de Estado? Otra cosa que no hace esa Sala del TS es aplicar la regla básica de las 5 Uve dobles (como se conoce en inglés: Who, What, Where, When, Why + How) para esos conceptos de “reconocido” y de “prestigio”. Tampoco dicen que esa redacción de la norma está más obsoleta que los postes telegráficos de las películas del oeste (Por cierto, los de Hay Derecho tampoco lo dicen, ¿por qué será?). Me llama poderosamente la atención que esa Sala que tanto empeño (afortunadamente) pone en aquilatar el alcance de la “capacitación técnica” de los miembros de los tribunales de oposiciones, sin embargo no dedica ni un punto ni una coma a decirnos primero qué hay que entender por “prestigio” y por “reconocimiento” y a qué hay que atenerse para saber si ese prestigio y ese reconocimiento están avalados y/o certificados por algún tipo de mecanismo -reglado, contrastable y recurrible- de otorgamiento por parte de quien tenga reconocida la capacidad de contribuir a ese reconocimiento del prestigio. Mientras los de Hay Derecho no demuestren que esos mecanismos existen y son de fiar, me confirmo en la opinión de que en todo esto lo que hay es un olor (todo lo oloroso que se quiera) a un corporativismo y a un ‘juanpalomismo’ de lo más rancio. ¡Para preservar el buen funcionamiento de las instituciones, por supuesto!

  7. Daniel Iborra Fort
    Daniel Iborra Fort Dice:

    Una ciudadanía con experiencia política , como la de los países de democracia plena , hace años que tiene clara la diferencia entre la financiación del estado del bienestar , mejorando los servicios públicos y las prestaciones sociales y la de un estado clientelar.
    La clave para que el estado del bienestar sea sostenible es que los recursos públicos estén bien gestionados.
    El estado clientelar es el estado del bienestar para unos pocos, la clase política dirigente y sus apoyos y el sector sindical, cultural, intelectual y mediático que comparten , con ellos, el banquete de los ingresos públicos.
    La tarea principal de limpieza le corresponde a la sociedad .Las elecciones son el instrumento idóneo para ello. La manera que un estado clientelar se convierta en un estado del bienestar es que los contribuyentes eliminen a los intermediarios que roban los recursos públicos para su beneficio electoral y/o personal y por ello, los políticos lo temen y gestionan mejor los recursos
    Y también ,en una democracia , es clave que los servidores públicos ayuden a evitar que al Estado se le priven de recursos para atenciones fundamentales y acabe convirtiéndose en un estado clientelar con una” corrupción estructural
    Antes de su fallecimiento ( 16/7/2021) ,el conocido economista ,Gay de Liébana nos dejó esta recomendación , que fue publicada en numerosos medios. “en España se registran ineficacias presupuestarias que podrían resolverse «si somos capaces de eliminar la gigantesca industria política que se ha generado y que consume cerca de 25.000 millones de euros al año».

  8. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Magnífico artículo y estupendos comentarios.
    El deterioro de la gestión pública agigantado por el traspaso de competencias a las CC.A.. con el consecuente aumento de las burocracias, parece referirse al conocido “cuanto peor, mejor….”
    “Organizar el caos” es, según el publicista americano de pps. del pasado siglo Edward Bernays, cuyo libro “Propaganda” ha sido el manual de todo sistema totalitario, la premisa indispensable para el sometimiento de las voluntades.
    Pues bien en eso estamos. En el caos contagioso cuya metástasis se ha extendido en todo el mundo occidental, pero sobre todo en Europa donde la tarea se lleva a cabo desde las propias instituciones.
    Si los ilusos de entonces creíamos en esa “Europa de los ciudadanos” como una solución a los problemas nacionales, comprobamos con enorme frustración como se nos lleva por sendas distópicas y acientíficas propiciadas desde interese particulares. Y es que los “lobbys” son cada vez más potentes y van destruyendo cualquier atisbo de soberanía.
    Un saludo.

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