¿Sigue habiendo Universidad en España? ¿Interesa a nuestros políticos más allá de un control ideológico?

En medio de los acalorados debates que nos invaden, más o menos políticos o ideológicos (caso Rubiales, Sancho, cambio climático y sus efectos, amnistía a los condenados catalanes, Ley de igualdad, etc.) ¿en qué lugar de dicho debate queda la problemática universitaria en nuestro país?

Empecé a escribir este post  en el mes de Septiembre, cuando esos temas citados eran los que invadían nuestro día a día. Después ha venido lo que ha venido, que no es momento de describir, pues ha culminado justamente en el día de hoy, tras un largo, arduo y complejo  proceso de investidura, en el nombramiento de un nuevo Gobierno.

En medio de este “ruido”, que se prolonga más o menos desde Julio pasado, la Universidad y su problemática parece haber desaparecido más que nunca de la vida y de las preocupaciones de los españoles.

Este tema no  está, ni posiblemente se le espera,  en el discurso ni en el debate público. No se ha abordado prácticamente ni en las pasadas municipales y autonómicas, y no digamos en las generales, en las que ni siquiera se ha citado, por no decir en estos últimos tiempos en que los protagonistas de la vida pública han sido otros temas.

Esperemos que a partir de este momento, 20 de Noviembre de 2023, en que tenemos nueva Ministra de Universidades, ministerio que se fusiona con Ciencia – lo cual es un dato positivo-, empiece a haber más movimiento. Pero centrémonos en lo que ha sucedido hasta ahora. Ha aparecido alguna información, de vez en cuando, en la prensa escrita y digital, pero, con algunas excepciones, de manera puntual, es decir abordando temas muy puntuales,  y no con un planteamiento genérico de conjunto. Uno de los pocos artículos que ha tratado  últimamente  de una manera genérica los problemas que acosan a nuestra universidad, es la entrevista publicada el pasado 2 de Septiembre en el diario El Mundo por la Catedrática de la UNED  Clara Eugenia Núñez, con el incisivo   – y demoledor – título “La universidad española se dirige hacia la irrelevancia total”.

Algunos de los problemas que plantea, muy abierta y claramente, son ya viejos y conocidos –  y padecidos – por todos los  que hemos trabajado en esa institución (tales como  resistencia a hacer pruebas de nivel comparables en todo España, excesiva uniformidad entre universidades, problemas del doble grado tal y como está establecido, financiación, endogamia, etc.), pero en este post nos centraremos principalmente en  tres temas, como son:  1/ la posición de las universidades españolas en los rankings internacionales, 2/  el tema del acceso a la universidad mediante las pruebas de selectividad y 3/ el desfase cada vez mayor entre el número de universidades privadas y públicas y se tratarán de analizar las causas de cada uno de estos temas.

  1. Los rankings de distintos tipos e instituciones (Shanghai, ARWU, por ejemplo) (1) no han dejado de publicarse puntualmente en las  fechas  habituales – mes de agosto-, y aportan datos interesantes respecto a la trayectoria y posible devenir de nuestras universidades. Citaremos algunos de ellos, tampoco demasiado optimistas, aunque su interpretación obviamente requeriría un análisis  mucho más profundo.

En el de Shanghái,  uno de los más conocidos y usados, al parecer aquellas universidades españolas que ocupaban  los mejores puestos, bien entre los primeros 200 o entre los primeros 500, bajan algo. No queda ninguna  española en este ranking entre las 200 primeras del mundo y además  se pierden las 2 situadas entre las  500 primeras, que bajan de rango. También bajan 3 de las que estaban entre las 1000 primeras.

La de Barcelona, UB, baja de la franja 150-200 a la 201-300, y se sitúa junto a la de Granada, que es de las pocas que sube, junto con la de Oviedo.  Tanto la UB como la UGR, ocupan los primeros puestos de las españolas. De las 11 que el año pasado se situaban entre el medio millar mejor del mundo, este año solo hay 9. La UAB, UV y la UAM bajan de franja: de la 200/300 a la 300/400. Globalmente hay 17 descensos.

En realidad no parece que la causa sea un descenso de calidad de estas universidades en sí (aunque habría que analizarlo más en profundidad), sino la irrupción en la primera franja  – antes de la posición 100-,  de 6 universidades chinas, lo cual altera todo el ranking. Dado el número de rankings existentes, que citamos al final, el número de áreas evaluadas en que se clasifican los criterios, y las características de estos mismos criterios, es muy difícil hacer una comparativa precisa entre todos ellos. Van desde la calidad de la  docencia y su metodología como tal, – criterio que está empezando a cobrar importancia en muchos de estos rankings cuando en un pasado se infravaloraba- , por supuesto siempre se incluye  la investigación, que es el criterio estrella en la mayoría de ellos, – excepto en los que evalúan  universidades muy jóvenes-, y que por tradición se basa en el número de publicaciones en revistas de prestigio incluidas en determinados índices, indexadas, pasando por la empleabilidad al acabar los estudios y los primeros salarios obtenidos en los primeros años, número de estudiantes extranjeros, premios nóbeles que se han formado en determinada universidad, y un largo etcétera.

 

  1. Pero el tema que con mayor frecuencia ha aparecido en todo tipo de medios, por razones obvias, ha sido, y sigue siendo, el del acceso a la Universidad mediante el examen de Selectividad, así como la reforma de esta última, que ha estado totalmente paralizada. Recordemos, como núcleo central – y problemático- de este planteamiento, que el acceder a una determinada universidad y tipo de estudios puede determinar el futuro de muchos estudiantes, así como el abandono de los mismos nada más empezar la carrera o incluso a mitad de la misma. Hay datos que mantienen que un 30% de los estudiantes universitarios abandonan los estudios en el segundo año.

El hecho de estar el Gobierno en funciones hace que no se haya podido  aprobar  el nuevo tipo de examen de selectividad, pero esto no se ha sabido hasta  prácticamente una vez empezado el curso  (en un acuerdo inédito entre profesores, universidades, Gobierno y autonomías, debido a la inseguridad que generaba), a saber,  que se prorroga durante el curso 2023-24 el antiguo hasta que pueda aprobarse el nuevo, ya con un nuevo Gobierno. Este hecho ha mantenido en una total incertidumbre a los centros educativos de enseñanza secundaria, tanto a profesores como a  alumnos, que  no sabían  a qué atenerse en cuanto a metodología, contenidos, material, etc. en vísperas del nuevo curso 2023-2024, pues la nueva selectividad será  –  se dice- totalmente distinta. Como nota crítica al margen, nos atrevemos a decir que el pomposo nombre de selectividad debería quizá desaparecer de nuestro léxico educativo, pues no encaja con una prueba que en algunas CCAA aprueba casi el 100% del alumnado (2). Maturitá, baccalauréat,  abitur, son otras opciones europeas.

Sin entrar a fondo en el cambio metodológico profundo que implica que  el nuevo plan pase de estar centrado en contenidos a  estar centrado en competencias (La paradoja de estudiar con la Ley Celáa y hacer la EBAU de la Ley Wert, El Mundo , 01,09,2023, pg.15),ni en el tema – no trivial- de la sostenida subida de notas por parte de los centros educativos desde la pandemia, con una estimación de dos puntos de media (y por tanto un probable falseamiento de la realidad evaluativa), que hace que muchos alumnos con notas cercanas al 10/14 se estrellen luego en los estudios universitarios, quizá el mayor problema que, al parecer, no se va a resolver, según manifiesta la actual titular del ramo, es  el de mantener un único distrito universitario a efectos de elección de universidad y tipo de grado – lo cual implica que cualquier alumno de cualquier lugar de España puede solicitar acceder a cualquier universidad del Estado – mientras que los exámenes de selectividad siguen siendo diferentes en cada CCAA. (2)

El desatino que esto conlleva, y más en el momento actual debido a la alta tasa de empleabilidad en función de determinados tipos de estudios y a la muy baja tasa con otros, merece por sí solo otro post para analizar en profundidad la presión y carga ideológica de esta medida.

Este hecho no solo es un contrasentido desde un punto de vista lógico – y psicológico-, sino podríamos decir que también desde un punto de vista ético, pues, como se sabe, las notas del Bachillerato de  los centros de secundaria valen el 60% de la nota total de acceso a la Universidad (y la variabilidad es enorme entre las distintas CCAA y los distintos tipos de centros, aunque por el momento no hay, que sepamos, una estadística que refleje este dato fielmente),  y las de la selectividad valen el 40%, pero este examen no es igual para todos los adolescentes españoles, ni en sus contenidos ni en los criterios de corrección (llegando a valorarse la ortografía con baremos muy diferentes).  En esta situación el perjuicio para los estudiantes procedentes de centros y CCAA más exigentes en sus calificaciones, es obvio. Algunos alumnos no  entrarán en el tipo de estudios que desean, y para los que probablemente estén preparados  pero “no les da la media”, mientras que otros con calificaciones más altas, debido, en parte,  a una posible laxitud en los sistemas de calificación o contenido de los exámenes, ocuparán puestos en centros que más tarde se verán obligados a abandonar por no estar preparados para ello. La prueba debería ser única y los criterios de corrección idénticos, y esto no es un tema de ideología, como se quiere hacer ver mientras que este tema es de lógica y de justicia, puramente académico y de equidad, al margen de ideologías. No se oculta a nadie que en el fondo de esta cuestión, como en tantas otras de nuestra vida universitaria, late un sistema de inequidad entre CCAA, algunas de las cuales se niegan a cambiar este sistema de realización de exámenes y adjudicación de plazas por otro más justo.

Aunque no es un tema del que trataremos en este post, pero en la misma línea de inequidad territorial y por tanto relacionado, y ejemplo patente de la disparidad salarial entre CCAA, citaremos los diferentes salarios de los profesores universitarios según la CA donde esté situada la universidad  donde trabajan. Según un artículo muy reciente de El Mundo  (19-11-23, pg. 20), “los profesores vascos ganan 4.000 euros al año más que los asturianos”  y “uno de Santiago de Compostela gana casi 10.000 euros por debajo de lo que gana uno del mismo nivel y cualificación en la Politécnica de Cataluña”. Remitimos al lector interesado al excelente artículo en el que se comparan los salarios de 48 universidades públicas en España, a igualdad de categoría, titulación y complementos. En el profesorado contratado la diferencia entre CCAA llega a ser del 51%, mientras que en el funcionario llega al 26%

  1. En este análisis – necesariamente a vista de pájaro por la complejidad de la temática de la  universidad-, pero también relacionado con la elección de centro tras la selectividad, no queremos dejar de abordar el enorme desequilibrio existente entre el crecimiento de las universidades públicas y el de las privadas en estos últimos años, y el estancamiento de las públicas, con consecuencias importantes en múltiples aspectos, para empezar por el necesario desvío, o elección,  hacia las privadas de cada vez un mayor número de alumnos, y las implicaciones que esto conlleva, no siendo la menor el enorme gasto para las familias. De hecho, en el diario El País del 14 de Septiembre pasado, se hace un análisis de la infradotación de las universidades públicas. El crecimiento en el número de plazas de determinadas titulaciones cada vez más demandadas, y la misma creación de este tipo de titulaciones para adaptarse a una realidad cambiante de manera vertiginosa, – matemáticas, inteligencia artificial, Big data, internet de las cosas, ciberseguridad, biomedicina,etc.- se estanca en la universidades públicas, que no pueden, ni de lejos, admitir a todos los solicitantes, pero se amplía – o se crean- en las privadas. Indudablemente los gestores de las públicas no han estado muy alerta en estos últimos años para hacer un análisis prospectivo sobre las necesidades de la sociedad y las empresas, que se quejan continuamente de no encontrar personas preparadas para determinados puestos y/o perfiles.

Para analizar muy brevemente estos  datos seguiremos el informe CYD, 2021/2022, y también el ranking CYD, que es el  más completo de las universidades españolas. (3)

De las 91 universidades  españolas, 50 son públicas y 41 privadas. Hay que especificar que estas últimas han sido autorizadas en número de 10 en esta última década, y desde el año 1997 lo han sido 27, lo cual quiere decir que hasta el año 1997 las privadas eran casi la mitad que ahora. En algunas CCAA, como Madrid, Valencia y Cataluña, el número de privadas empieza a sobrepasar el de públicas.

Este hecho puede tener muchas lecturas e interpretaciones, por supuesto no todas negativas, pero lo que sí parece claro es que  – al margen de sistemas de becas que empiezan a poner en marcha algunas privadas- , ningún estudiante cuyos padres puedan pagar una privada, carísimas a veces, va a quedarse sin estudiar lo que quiere, a pesar de no haber obtenido plaza en la pública, mientras que en familias con menos recursos, es probable que de no entrar en una pública, sus hijos no puedan estudiar según sus preferencias. Y esto no solo es válido para los que obtienen una nota justa en Selectividad (como sucedía hace unos años), sino para otros muchos, pues sobre todo a partir de la pandemia, los beneficios  – facilitación – en los exámenes se han puesto de manifiesto en las notas, habiendo subido las notas medias de selectividad en casi en dos puntos, como se dijo antes, y esto no se ha corregido todavía. Pero, como venimos diciendo, esto no ha sucedido en todos los centros ni en todas las CCAA, con lo cual muchos alumnos no van a poder entrar en su primera opción, mientras que a otros se les ha facilitado enormemente.

Entre las causas de este crecimiento de las privadas está el tema de la empleabilidad de los recién licenciados, o graduados, pues las necesidades de las empresas no se ajustan a muchos de los perfiles actuales, Este es el hueco que están aprovechando, o llenando las privadas, al parecer con notable éxito.

Otros rankings de universidades distintos del de Shangai

– Times Higher Education (THE): lo elabora la revista Times Higher Education (THE) y analiza más de 1.600 universidades en 99 países y territorios. Evalúa 13 indicadores en cuatro áreas: enseñanza, investigación, transferencia de conocimientos y perspectiva internacional.
– U-Ranking: es un ranking de España, realizado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Evalúa 20 indicadores de la actividad docente, investigación e innovación.
– QS World University Rankings: analiza 1.500 universidades y compara diferentes criterios, desde la reputación académica hasta el número de estudiantes internacionales matriculados.
– Center for World University Rank (CWUR): mide la calidad de la educación y la formación de los estudiantes, así como el prestigio de los profesores y la calidad de su investigación.
– THE. Young University Rankings: listado de las mejores universidades jóvenes del mundo, las que tienen 50 años o menos.
– SCImago Institutions Rankings (SIR): se basa ​​en el rendimiento de la investigación, en los resultados de la innovación y en el impacto social medido por su visibilidad en la web.
– Webometrics: elaborado por el Laboratorio de Cibermetría del CSIC, analiza el volumen y la calidad de los contenidos de la universidad en Internet.
– Forbes: la revista elige las 20 mejores universidades de España, teniendo en cuenta su precio, la calidad del profesorado o la perspectiva internacional.

 

  • Según el informe  Datos y cifras del sistema universitario español, 2020-2021, publicado por el Ministerio de universidades, en las pruebas genéricas de acceso a la Universidad de ese curso, el País Vasco y la Rioja obtuvieron unos porcentajes de aprobados del 96,4% y 96,9% respectivamente, mientras que Extremadura, Baleares y Madrid obtuvieron el 81,8%, el 90,7% y el 90,8%.
  • https://www.fundacioncyd.org/publicaciones-cyd/informe-cyd-2021-2022/ https://rankingcyd.org/

 

 

 

3 comentarios
  1. O'farrill
    O'farrill Dice:

    La deriva formativa y del conocimiento empezó ya hace años cuando la Ciencia era sustituida por los llamados “expertos” gubernamentales, muchos inexistentes en la realidad.
    La llamada “guerra cultural” que Gramsci y seguidores han venido realizando en el mundo occidental con habilidad y perseverancia, finalmente ha dado sus frutos con una bajada del listón que la autora menciona y documenta.
    Del sentido universal del conocimiento se ha pasado al adoctrinamiento ideológico, llegando a verdaderas aberraciones acientíficas y antinaturales.
    La racionalidad y el debate científico ha cedido ante el “engrase” conveniente que está siendo denunciado por los propios “expertos” (caso panel “cambio climático”) como al servicio de los gobiernos o lo referente al SARS CoV-2 entre otras cuestiones…
    Pero en España hay unos órganos consultivos al servicio del Estado (artº 62 C.E.) que son las RR.AA. repletas de prestigiosas figuras, que otrora fueron maestros y ahora están callados ante las imposturas y falsedades. Desde luego no son un ejemplo de referencia en cuanto a su responsabilidad social y universitario.
    La cuestión se reduce a cantidad (nímero de supuestos titulados) frente a calidad de los mismos y fiabilidad institucional para el ejercicio de su labor. Y así nos va.
    Un saludo.

  2. Herminia Peraita
    Herminia Peraita Dice:

    Muchas gracias por sus atinados comentarios. En lo que se refiere a la escasa, o nula, participación crítica de entidades que por su formación y peso en la sociedad deberían hacerse oír en estos momentos – RRAA y universidades-, estoy totalmente de acuerdo con usted. Es bastante descorazonador. Menos mal que aún existen voces individuales, incluso pertenecientes a estas instituciones, que hacen análisis críticos y esclarecedores de la situación. En días muy recientes tenemos los estupendos artículos de la Pr. Adela Cortina (de la RA de Ciencias Morales y Políticas), del Sr. J.L. Cebrián (de la Real Academia de la Lengua) y del Sr. César Antonio Molina, antiguo ministro de Cultura, que compensan un poco esta situación. El análisis de la Prof. A. Cortina sobre el concepto “Mayoría progresista”, digno de leerse.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Muchas gracias por su amable respuesta que pone sobre la mesa un debate adicional sobre responsabilidades más allá de las puramente paridarias y también por las referencias a esa labor individual que algunos hacen (o hacemos) a pesar de ser una lucha desigual y arriesgada en ocasiones.
      Un cordial saludo.

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