Editorial: propósitos para el año nuevo

No ha sido 2023 un buen año para nuestro Estado de Derecho y nuestras instituciones, principales preocupaciones de Hay Derecho. El último artículo del Economist sobre España se titula “Las instituciones españolas crujen bajo la presión partidista”. Hace referencia a las tensiones creadas por la proposición de ley de amnistía, a los pactos de investidura con referencias a un supuesto, al bloqueo del Consejo General del Poder Judicial, pero también a la invasión partidista del CIS, la agencia EFE, la Fiscalía y el Tribunal Constitucional. Que diga  que las cosas no están tan mal como en Polonia (antes del cambio de Gobierno allí) no es un consuelo sino lo contrario: se nos empieza a ver como el tercer enfermo de Europa, tras Hungría y Polonia. 

Pero tan importante como ser conscientes de la gravedad de la situación es no equivocarse en la reacción. En Hay Derecho entendemos que los ataques al Estado de Derecho no se remedian saltándose las reglas, sino, por el contrario, reclamando su estricto cumplimiento por todos los medios legales. Es decir, con más Estado de Derecho, y no con menos. Por eso, ante las amenazas que los pactos de investidura implican para el Imperio de la Ley, la igualdad y la separación de poderes, cada institución tiene que cumplir estrictamente su papel.

Estos son casi los términos exactos que ha utilizado el Rey en el mensaje de Nochebuena de 2023. En concreto ha dicho que “cada institución, comenzando por el Rey, debe situarse en el lugar que constitucionalmente le corresponde, ejercer las funciones que le estén atribuidas y cumplir con las obligaciones y deberes que la Constitución le señala”. La frase funciona como unos espejos enfrentados, pues al decirla, él mismo cumple su papel de moderador de las instituciones que le asigna la constitución. También responde a quienes pretenden que ante los ataques al orden constitucional el Jefe de Estado fuerce los límites de su papel constitucional. Lo último que necesitamos es que las instituciones que siguen en su sitio lo pierdan. 

El mensaje es además, una defensa de la Constitución y de la unidad de España, como es lógico pues el Jefe del Estado es “el símbolo de su unidad y permanencia” (art. 56 CE) . Pero lo importante no es tanto lo que defiende sino porqué. El discurso comienza refiriéndose a las dificultades económicas y sociales, al empleo, la sanidad, la educación y a la violencia contra la mujer. La Constitución y la unidad no se contemplan como objetivos en sí sino como instrumentos para conseguir “el desarrollo de nuestra vida colectiva”. Se sitúa así en la posición  institucionalista que defendemos en Hay Derecho. Esta teoría sostiene que son las instituciones democráticas y el Estado de Derecho lo que hace posible la justicia, la prosperidad y la paz. La Constitución es lo que permite que exista un Estado democrático y social, o como dice el mensaje: “Expresarse libremente, recibir una educación, tener un empleo, o protegerse de la enfermedad … , contar con ayuda social o disponer de un retiro digno”.  En esto también hemos insistido desde aquí, cuando algunos políticos han llegado a manifestar que el Estado de Derecho era un lujo que solo importaba a los ricos, y que bien cabía sacrificarlo para mantener las políticas sociales. No. Sin Estado de Derecho, sin control de poder, no habrá derechos de ningún tipo, tampoco sociales. Como resume el propio mensaje “fuera del respeto a la Constitución no hay democracia ni convivencia posibles; no hay libertades sino imposición.” No hay, tampoco, Estado social. 

Otra línea fundamental del mensaje es la insistencia en un proyecto común (hasta 7 veces). Este proyecto común se basa en unos principios políticos (la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político como valores básicos del art. 1 CE) pero se extiende a aspectos materiales, pues la Constitución permite  “disfrutar de una vida en la que cada uno pueda ver razonablemente satisfechas sus legítimas expectativas, sus ambiciones, proyectos y necesidades.” Es evidente que una amplísima mayoría de los españoles está de acuerdo sobre esos principios políticos y sobre el tipo de sociedad en la que quiere vivir: una economía de mercado en la que exista una solidaridad interpersonal e interterritorial que permita mantener el Estado de bienestar. La polarización, es decir defender que existen dos -o más- Españas irreconciliables, no refleja la sociedad, sino que es una estrategia política para obtener réditos electorales a corto plazo. Aunque no se explicite, las referencias a los principios compartidos y la unidad implican que la única forma de afrontar los retos que tenemos en asuntos básicos como educación, pensiones, empleo y sanidad es a través de pactos amplios de las principales fuerzas políticas. 

Terminamos con el aspecto institucional, que es el mensaje central para nosotros, pero tratando de aterrizarlo. Ralph Waldo Emerson dijo que una institución es la sombra alargada de un hombre”. De nada sirve una recomendación a las instituciones si no lo reciben personas concretas. Esa es sin duda la razón por la que dice que las instituciones deben estar en su lugar “empezando por el Rey”. El discurso utiliza  2 veces a “derechos”, pero 13 “deberes”, “obligaciones” o “responsabilidades”. Cuando dice que “debemos respetar a las demás instituciones y contribuir a su fortalecimiento y su prestigio” se está dirigiendo a él mismo, pero también a cada Juez, Fiscal, magistrado del Constitucional, Ministro, funcionario y ciudadano. Nuestro propósito para este nuevo año es que cada uno de nosotros, y no solo los que ostentan un cargo o una función pública, cumpla la función que le corresponde, pues como dijo el juez Louis Brandeis, en democracia el cargo político más importante es el de simple ciudadano. 

5 comentarios
  1. Diego Flores
    Diego Flores Dice:

    Que no se equivoquen los autores. Una cosa es como dicen y quien, que nos ven en Europa; otra es como creen algunos que nos ven; una tercera es como quieren ellos vernos y porque; la última ya mas importante es como estamos en realidad.

    Cuidado, yo no digo que bien. Pero cuando miro al autoproclamado “faro de la democracia” y veo que un asalto al parlamento, con muertos, para impedir la confirmación de los resultados electorales de un ya convicto violador (y con mas procesos judiciales que bolas un árbol de navidad), es discutido por eminentes juristas si es o no insurrección; pues pienso que nuestra justicia esta batallando si, pero como todas y quizás no tanto ¿que quiere que les diga?.

    Miren alrededor, casas reales mejorables, instituciones de poca honra, justicia mirando al techo en ocasiones,… los ejemplos en la “ejemplar “Europa del norte y del sur dan para mas de una tesis doctoral, asegurado.

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    • Segismundo Alvarez Royo-Villanova
      Segismundo Alvarez Royo-Villanova Dice:

      Nosotros creemos que España sigue siendo una de las mejores democracias del mundo, pero que está en una peligrosa deriva negativa. El mal de muchos y peor de algunso no nos consuela: por el contrario, nos preocupa ir a peor. Y por supuesto nos parece gravísimo el asalto al Capitolio, faltaría más. Todas las instituciones (y también cada uno de nosotros) puede mejorar. Ese es el objetivo y para ello es necesario señalar las cosas que se hacen mal.

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      • Diego Flores
        Diego Flores Dice:

        Gracias por publicar y muchas gracias también por responder a mi nota. Simplemente, ha habido algo que ha dolido por percibirse inexacto y desesperanzador.

        He visto un TS llevando una juicio complicadísimo de manera ejemplar en forma y fondo y tengo mas confianza en mis instituciones en su conjunto, que en algunas de sus cabezas.

        Ciertamente, no tenemos los derechos de autor de politicos irresponsables. En el Reino Unido, por nombrar otro “referente” reciente, estuvieron en un tris de cargarse la estabilidad de Irlanda del Norte y la union del país. Hoy los Países Bajos están lidiando con otro morueco, también de tupe peculiar (¿a estudiar la relación?) que amenaza severamente la concordia nacional.

        Naturalmente que hay que reaccionar y con inteligencia y firmeza. Pero tengo pocas esperanzas de que los nacionalistas dejen de serlo, ni que muchos de mis representantes (mejor) también dejen de serlo, al menos en el corto plazo. Arrieros somos….

        Un cordial saludo

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    • Alfonso
      Alfonso Dice:

      Ciertamente, la degradación de la democracia, como conjunto de valores, no es algo de lo que España tenga la exclusiva. He citado en algún otro comentario en este cuaderno de bitácora de “Hay Derecho” que los partidos políticos son, en estos momentos, el mayor problema de las democracias. Sin embargo, nosotros tenemos que actuar de forma local, en este caso España, si queremos obtener resultados. Esperemos que en otros países los “cargos políticos más importantes”, es decir, los ciudadanos (bien traídas en el artículo las citas de Brandeis y de Emerson) se organicen para este mismo tipo de acción.

      Porque, en efecto, el asalto al Capitolio es muy inquietante. Pero debemos recordar que una gran parte de las teorías postmodernistas de carácter deconstructivista se gestan en las Universidades de los EEUU de América del Norte, y son éstas teorías (falsas, no quiero dejar de apuntarlo) las que se están utilizando para minar, en gran medida, los valores que sustentan las democracias: subjetivismo, negación de la realidad, sustitución de la razón por las emociones, etc.

      Buen comentario al discurso del Rey en el artículo.

      Un cordial saludo.

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  2. O'farrill
    O'farrill Dice:

    “Para gustos pintan colores” dice un refrán popular.
    Pues bien, el comentado discurso del rey/jefe del estado tampoco es para tirar cohetes dada la confusión entre lo dinástico y lo funcional a lo largo del texto constitucional.
    Una cosa es un discurso de tono familiar navideño y otra el ejercicio funcional encomendado a lo largo de todo el año de arbitrar “el funcionamiento regular de las instituciones” incluyendo la Jefatura del Estado/casa real. Conviene distinguir ambas y sus respectivos papeles.
    Tampoco la invocación a un estado de Derecho (todos lo son en la práctica) pasa de ser una cuestión obvia. Lo importante es si tal Derecho está cimentado en una democracia real y sólida o en una democracia formal de apariencia pero con demasiadas sombras tras de ella.
    La democracia no se basa en un acto puntual cuantitativo de apoyos forzados o clientelares, sino en un sistema participativo real en los intereses generales (de todos) donde la exigencia de responsabilidades públicas, sea una constante de la soberanía nacional “de la que emanan los poderes del Estado”. Un legislativo que legisle (no que se lo den legislado), un ejecutivo que obedezca en lugar de imponer y un judicial que entre a fondo en la aplicación de la Justicia (dar a cada uno lo que le corresponde) más que en la aplicación de Derecho (tarea puramente administrativa).
    A estas alturas tenemos unos paises colonizados por intereses ajenos a los de sus ciudadanos en el conjunto de Europa. La UE es una simple correa de transmisión de los mismos. Y, lo más grave, es que se miente y manipula desde la comunicación (antes prensa libre). Se hacen pronósticos y profecías falsas, se ponen en tela de juicio principios y valores universales y naturales y se crean nuevos “órdenes mundiales” de tinte malthusiano y destructor.
    Coincido con el primer párrafo del comentario de Diego Flores. Unos conocen,. otros han oído, otros suponen, otros simplemente repiten y copian incluso lo más absurdo.
    Vuelvo al principio, cada cual tiene su particular visión y criterio de cada cosa y eso lo hace único, original y valioso en la diversidad pluralista que es la democracia. Frente a ello el gregarismo procedente de cosmogonías en las que domina el temor y el miedo.
    A veces es muy difícil seguir cuerdos en un mundo de imaginarios distópicos y dogmáticos totalitarios.
    Un saludo.

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