Sobre la falta de asistencia a clase en la Universidad

Últimamente vemos que los medios de comunicación se están haciendo eco de un fenómeno que alumnos y profesores constatamos ocurre cada vez más a menudo en nuestras universidades (sobre todo, desde la pandemia): la falta de asistencia de los alumnos a las clases.

Dada la preocupación sobre las consecuencias que esta situación pueda producir, estos últimos días hemos hablado con algunos estudiantes y colegas de diferentes universidades (no sólo de Madrid) para tratar de comprender por qué ocurre este fenómeno, y he aquí algunas de las respuestas sobre las que esperamos haya un debate fructífero:

La primera explicación parece lógica e irrefutable: los alumnos no van a las clases de los malos profesores. Desde luego, esto ha ocurrido siempre y es una de las razones más citadas, pero no es la única. Entre otras cosas, porque la novedad es que ahora tampoco acuden tantos alumnos como antes a las clases de los reputados como buenos profesores.

De hecho, algunos de los alumnos nos explican que, si antes de la clase de un buen profesor tienen otras de profesores que consideran malos o mediocres, ya no van a la Universidad porque, además, en muchas ocasiones viven lejos de los campus y no les compensa el tener que trasladarse hasta allí, máxime cuando sus compañeros les pasan los apuntes y/o los tienen colgados en las plataformas virtuales donde tienen cada vez más recursos a su disposición.

Evidentemente, también hay algunos alumnos que sencillamente no acuden a clase porque se han acostumbrado desde la pandemia a estar en casa y no les apetece salir. O porque -como también dice alguno de ellos-, no les conviene el horario que les ha tocado (por ejemplo, ¡el que coincide con la hora de comer o el de los viernes por la tarde!). Dejando aparte a los alumnos que trabajan a la vez que estudian (de los que no tratamos aquí), está claro que en muchos casos la falta de asistencia se debe sencillamente a la falta de responsabilidad y motivación (no olvidemos que muchos estudiantes están en la universidad por no tener salidas laborales, en un grado que no fue su primera opción, por presión familiar o social etc).

Pero más interesante es otra de las razones que aducen algunos alumnos (casi siempre, los más motivados y preparados): no acuden a las clases de determinados profesores porque – dado que hay que aplicar las directrices del Plan Bolonia- están obligados a hacer muchas más actividades prácticas en el aula, y se lamentan de que apenas tienen tiempo para estudiar y prepararse bien las asignaturas (por ejemplo, teniendo mucho más tiempo para leer), de modo que se “saltan” las clases prácticas y aprovechan el tiempo para estudiar en casa o la biblioteca. Pero vamos a desarrollar este aspecto de la cuestión más detenidamente:

  • Además de la cantidad está la calidad. Algunas de las numerosas actividades que deben realizar para cada asignatura, no son precisamente las más adecuadas, según estos estudiantes: algunas de las actividades que se realizan en el aula son exactamente las mismas y con los mismos materiales de años pasados porque el profesor no las renueva, con lo cual los alumnos ya tienen todas las respuestas y soluciones en internet (los apuntes, exámenes, prácticas etc. están colgados en diferentes aplicaciones y la inmensa mayoría de los alumnos la conoce y utiliza), de modo que les parece una pérdida de tiempo acudir a esas clases.
  • Se quejan también de que hay actividades que se llevan a cabo con una metodología propia, más bien de la enseñanza secundaria que desmotiva profundamente a algunos alumnos que las consideran impropias de un curso universitario, sobre todo de los últimos cursos de la carrera. Creen que ciertas metodologías pedagógicas les infantiliza, ya que se asume que no son capaces de leer y entender un texto, aunque sea un PDF de 20 páginas (no digamos ya un libro o un manual). Esta es otra razón para no acudir a las clases que se basan en ese tipo de metodología, apuntan estos alumnos. Curiosamente, alguno de ellos, gente joven obviamente, nos dicen prefieren las clases en las que el buen profesor enseña la materia con o sin recurso a las nuevas tecnologías.
  • Asimismo, algunos estudiantes han lamentado que algunas de las clases prácticas o seminarios previstos en el Plan Bolonia son utilizadas por los profesores para llevar a cabo tareas que necesitan para cumplir con algún proyecto de investigación o similar en el que estén participando, aunque no sea un tema de interés para ellos o se trate de un asunto apenas relacionado con el contenido de la asignatura o suponga no dar parte del temario de la asignatura en cuestión que sí les interesaría, con lo cual prefieren no asistir a esas clases.
  • Por otro lado, parece necesario que los alumnos expongan en el aula, pero la realidad es que muchos alumnos, el día que saben que van a exponer sus compañeros, no acuden a clase porque -afirman- se aburren y/o les parece que no van a aprender nada. Sobre todo, cuando hay asignaturas en las que los seminarios consisten únicamente en exposiciones de los alumnos. Preferirían, si el profesor es bueno, que no hubiera tantas exposiciones sino clases verdaderamente magistrales. Eso es lo que nos transmiten.
  • Por último, y de nuevo según lo que nos dicen los estudiantes, otra razón que desmotiva la asistencia a clase, es la cada vez más extendida realización de pruebas basadas en un test. Las clases, seminarios etc. basadas en la realización de cuestionarios tipo test que a veces se pueden contestar casi sin esfuerzo (entre otras cosas porque las preguntas y las respuestas pueden estar a su disposición en internet), les frustra y desmotiva, aunque reconocen que esta es una queja más bien de los estudiantes más exigentes, pues hay otros que prefieren este tipo de pruebas que consideran mucho más fáciles de aprobar.

Pues bien, al margen de lo que nos han transmitido estos alumnos (que recordamos que es sólo una mínima muestra), habrá seguramente otras causas que se deban a los cambios sociales que no sólo la pandemia sino el acceso a las nuevas tecnologías ha provocado y seguirán provocando. En este sentido, muchos alumnos reconocen que ya no valoran (o lo hacen mucho menos) la comunicación y la relación directa con compañeros y profesores; es decir, lo que antes se consideraba “vida universitaria”. De hecho, algunos de los que acuden a las clases se quejan de esta situación porque venían de la enseñanza secundaria con la idea de que la Universidad “iba a ser otra cosa”. Por cierto, que esta situación se acusa también entre los propios profesores (pero esto sería objeto de otro Post).

Para algunos docentes, la solución consiste en pasar lista. Pero no para todos. Algunos de ellos se resisten a tratar a los estudiantes como si siguieran en el colegio y tuvieran que dar una explicación cada vez que faltan a clase. Además, cuando vienen obligados porque se pasa lista, puede ser peor el remedio que la enfermedad: no atienden y molestan a sus compañeros que también nos dijeron que, en ese caso, prefieren que no acudan a clase.

En definitiva, en este Post sólo hemos querido trasladar las respuestas que nos han dado algunos estudiantes y, la verdad, es que por el momento no se nos ocurren muchas soluciones más allá de una de las más obvias: tener buenos profesores que se preparen bien tanto las clases magistrales como las clases prácticas. En este sentido y ya para terminar, un alumno que estuvo el año pasado de Erasmus en la Sorbona, nos contó que las clases estaban tan llenas que había estudiantes sentados en el suelo del aula. La explicación seguramente es doble: los profesores explicaban muy bien, sí, pero los alumnos tenían muchas ganas de aprender y eran muy conscientes del privilegio de poder estar allí.

Critilio

 

12 comentarios
  1. Diego Flores
    Diego Flores Dice:

    La autora o autor demuestra buena voluntad en describir un problema ya tradicional de nuestras universidades, entiendo que públicas; donde junto con departamentos, en verdad excelentes, se encuentran otros solo dignos del rigor y honestidad intelectual y profesional de nuestro actual presidente en funciones.

    No estoy tan seguro que lo mismo suceda en las privadas. En particular aquellas que son altamente competitivas en ingeniería o negocios y que suelen ofrecer buenas salidas profesionales.

    El problema, que lo es, merece más atención que una liviana referencia a Paris, de donde sin más prolegómenos, nos decían en los cuentos que venían los niños.

    En fin, siempre es mas fácil perdernos en temas identitarios que en aquellos que nos garantizaran una posición como nación en el futuro… ¿o será la misma cosa?

    Responder
  2. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Muy interesante el tema que se plantea en este post. Yo he vivido cómo después de mi hora de clase los alumnos se iban y en ocasiones se quedaban DOS alumnos en el aula. Un día pregunté a los alumnos la razón de ese absentismo tan brutal y la respuesta fue: “es que este profesor nos lee su libro”. En otras ocasiones los alumnos no van porque el profesor “dicta” apuntes y ya los tienen del año pasado.
    Yo creo que son muchos factores los que influyen en el absentismo del alumno, pero para mí uno destacado es el trabajo del profesor. Si las clases “no aportan” el alumno no va. Y eso es muy lógico porque ir a clase supone un esfuerzo y si “no suma” pues se quedan en casa con recursos online. No es tan difícil de entender. Yo creo que para que el alumno vaya a clase el profesor debe hacer que la asistencia sea imprescindible para el aprendizaje y, por tanto, para superar la asignatura.
    Si como sucede en mi disciplina el examen es una batería de supuestos prácticos que los alumnos deben resolver razonando la respuesta, el alumno irá clase si la explicación es práctica y le supone una ayuda para resolver los casos. Por tanto, el tipo de examen también condiciona la metodología en aula e incentiva o no al alumno a ir a clase. Mi experiencia es que si al alumno le aportas, el alumno va y el que no va, directamente suspende porque no ha adquirido las competencias.
    Yo creo que tenemos un buen capital humano en la universidad que tenemos que aprovechar, pero para eso se requiere esfuerzo y trabajo. Yo es en lo único que creo y al alumno hay que despertarle interés por la materia e inculcar cultura del esfuerzo. Las universidades deben crear incentivos a la calidad docente y no es admisible un profesor que “dicte apuntes” o se ponga a leer su libro. Eso es una “estafa” al alumno que no es tonto y desde luego no le regala su asistencia. La calidad docente debe tener más peso en la promoción del profesorado. No basta investigar, hay que enseñar y hacerlo bien.

    Responder
    • Lole
      Lole Dice:

      Quizás la causa de que haya malos docentes es el sistema de gobernanza en las universidades españolas públicas: los profesores eligen a sus jefes.

      Responder
      • Matilde Cuena Casas
        Matilde Cuena Casas Dice:

        No creo que tenga mucho que ver. Eso crea otros problemas. Lo importante es que haya un control de la calidad docente, no solo de la investigación. Ahora parece que se está prestando más atención a este tema, pero durante años las evaluaciones del profesorado por parte de los alumnos han sido voluntarias. Ahora esto está cambiando y espero que empiece a producir efectos. Con todo, no hay sistema de evaluación infalible.Como en todo, hay que crear incentivos a la excelencia.

        Responder
          • Matilde Cuena Casas
            Matilde Cuena Casas Dice:

            Pues como ya se ha empezado a hacer. Proceso de evaluación obligatorio (programa Docentia) y si no hay evaluación positiva no cabe instar acreditación para la promoción del profesorado. Los complementos económicos por tramo docente deben basarse también en evaluaciones positivas.

  3. JL del Moral
    JL del Moral Dice:

    El principio Nemo dat quod non haber también es aplicable al docente. Por eso las clases se vacían. No porque el docente no sepa transmitir sino porque el docente no sabe a secas. Saludos

    Responder
  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    En este tema tan compldejo reside el futuro de las naciones y estados. Por ello se trata de llevar al huerto de los intereses particulares de quienes diseñan, influyen, proyectan y financian el mundo universitario (tanto político como privado).
    La enseñanza o apredizaje se sustenta sobre todo en la capacidad y ganas de comunicación de un profesorado dividido ideológicamente en muchos casos y dirigido por la política partidaria a su vez influida por los intereses y lobbys de cada momento. Nada nuevo en el sistema político clientelar en que nos movemos.
    Por otra parte el interés de los estudiantes ha bajado en la misma medida que la desmotivación del profesorado, sujeto a aceptar teorías acientíficas, caprichosas y aberrantes de lo que llaman Nuevo Orden Mundial impuesto desde intereses espurios. Todo el mundo sabe que estamos asentados en un barrizal asfixiante de propaganda mediática que es un insulto a la inteligencia.
    Añádase a ello las nulas perspectivas de trabajar de verdad en unos sistemas económicos destruídos bajo las teorías del “planeta verde”. Añádase a ello el rechazo a la lectura y al aprendizaje cuando se supone que el “móvil” es el dios al que adorar. Añádase las muchas mentiras en que se basa nuestro teórico progreso, donde el retroceso real tiene más fuerza que los escasos avances. Añádase la destrucción social a través del mundo “woke” y similares….
    Cuando pregunté porqué los alumnos de Primaria del colegio de mi hija no escribían, ni leían, la respuesta fue que “para eso ya existen los ordenadores”.
    Hemos llenado las aulas de artilugios inútiles y banales muchas veces y hemos expulsado de ellas las bibliotecas y los libros, los debates, la reflexión, los criterios de cada uno… pero, eso sí, tenemos salas llenas de ordenadores, pizarras electrónicas y medios que sólo funcionan cuando funcionan los cerebros humanos. Medios de trabajo confundidos con fines de trabajo.
    Y así nos va.
    Un saludo.

    Responder
  5. Ángel B. Gómez Puerto
    Ángel B. Gómez Puerto Dice:

    Fundamental reflexión. Como profesor universitario constato la realidad que se describe. Creo que es necesario que se reflexiones en todas las universidades este fenómeno, pues, la enseñanza universitaria sin alumnado en el aula no tiene sentido. El problema de inasistencia lo constato en la enseñanza teórica en el gran grupo, pues en el grupo mediano (prácticas), al menos en mi experiencia, la asistencia sí es bastante aceptable.

    Prof. Dr. Ángel B. Gómez Puerto.
    Área Derecho Constitucional.
    Universidad de Córdoba.
    https://gomezpuerto.blogspot.com/

    Responder
  6. Alfonso
    Alfonso Dice:

    Buenos días a todos,
    el asunto planteado por la autora de este artículo es de tan hondo calado que supone hablar de qué clase de sociedad somos. Las Universidades han dejado ser el “alma mater”. Ya no forman individuos cultos, con conocimientos y capacidad de reflexionar, es decir, las élites (o elites, a gusto del lector) intelectuales de la sociedad (también ha existido una parte de dichas élites intelectuales de formación autodidacta, y han aportado frescura creativa, contestación a lo establecido y críticas transformadoras, son los intelectuales puros, contestarios, no constreñidos por la “Academia”). Hoy, y desde finales del siglo XX , las Universidades forman “empleados”, “trabajadores”. Productores (horrenda palabra que debería estar proscrita en el centro del saber). Las Universidades ya sólo lo son de nombre.
    De forma marginal me permito apuntar, como reflexión a algunos comentarios anteriores, que han existido grandes profesores muy mal pagados a lo largo de la historia de la enseñanza, también la universitaria. Uno de los problemas es que apenas ya hay “maestros”, esas personas entregadas vocacionalmente a la enseñanza. En esto incluyo todo el ciclo formativo desde que ingresamos en el preescolar.
    Ahora bien, ¿ a qué se podría deber esta ausencia vocacional, entregada y verdadera? A mi juicio, la causa de este problema, así como de otros muchos, como la carencia de motivación de los alumnos, es tan profunda que voy a calificarla como una catástrofe del sistema de ideas y creencias de las sociedades en las que vivimos. O, si se prefiere, de un apocalipsis del paradigma cultural.

    A finales del siglo XX se produce un cambio en el paradigma cultural de la sociedad occidental, que venía ya gestándose desde los años 70: el neoliberalismo pasa de ser una filosofía política, es decir, una opción, a convertirse en el sistema de ideas y creencias en el que nos desarrollamos, es decir, donde ya no hay opción (o bien opta uno por enfrentarse a dicho paradigma cultural dominante, y asume la consecuencia de ser un paria). Como sistema cultural el neoliberalismo, surgido en el mundo protestante anglosajón, es pura y totalmente utilitarista, de una forma cruel.

    Y como el lamentablemente fallecido de forma reciente, profesor Nuccio Ordine, lo expresó con rotunda y exquisita claridad, tomo una cita de su ensayo “La utilidad de la inútil”. Ordine subvierte el concepto de utilidad y dice de él que “…considero útil todo aquello que nos ayuda a hacernos mejores…Pero la lógica del beneficio mina por la base las instituciones (escuelas, universidades, centros de investigación, laboratorios, museos, bibliotecas, archivos) y las disciplinas (humanísticas y científicas) cuyo valor debería coincidir con el saber en sí, independientemente de la capacidad de producir ganancias inmediatas o beneficios prácticos”.

    En definitiva, a mi juicio el problema que plantea el artículo tiene como origen que vivimos en un sistema de ideas y creencias en el que todo es beneficio, mercado, trabajo, y las Universidades están dentro de eso que se llama “mercado”, y que es completamente contrario a la esencia de un Templo del Pensamiento, en el que la sabiduría debería ser el sujeto de adoración (que no el objeto pasivo) por sí misma, porque es Sabiduría, una diosa ajena a la producción y el beneficio.

    Un cordial saludo.

    Responder
  7. Herminia Peraita
    Herminia Peraita Dice:

    Muy interesante post que, al abordar el tema de la falta de asistencia a clase de los alumnos, trata indirectamente una serie amplia de los problemas que aquejan a nuestra universidad.
    Estoy muy de acuerdo con el primer comentario de Matilde Cuena. Un buen profesor, siempre motivará al alumno. Un mal profesor lo desmotivará y alejará de sus clases. Esto es obvio;son los dos términos básicos de la ecuación: calidad del profesorado y motivación del alumno. También estoy de acuerdo en que debe empezarse a valorar de manera objetiva y seria la labor docente, como ha empezado a suceder en muchas universidades del RU, en que este factor ha sido introducido en las evaluaciones y ranking de algunas universidades, cosa que hace unos años no se hacía, por limitarse a valorar parámetros centrados en la investigación.
    La autora del post cita una serie de posibles factores que explican la no asistencia a clase del alumnado. Siendo todos importantes, citaré como destacados algunos de ellos de matiz muy distinto, pues unos podrían ser positivos y otros negativos. Al margen de algunos puramente “acomodaticios” –distancia al domicilio, Viernes por la tarde, etc.- yo no mezclaría los motivacionales con los de falta de responsabilidad. Son dos aspectos muy distintos.
    La disponibilidad de medios digitales (plataformas virtuales, apuntes colgados en internet, etc.) son avances tecnológicos indudables a disposición del alumno, siempre y cuando se utilicen debidamente y sin sustituir al profesor.
    La implementación del Plan Bolonia no ha sido lo exitosa que hubiera sido de desear, y lo expone perfectamente la profesora De la Nuez en los puntos 1,2 y 3 de su post. cuyo contenido debería dar vergüenza a los profesores que los ponen en marcha.
    La generalización de los exámenes tipo test es otro clásico de la universidad actual. Dado que es bastante laborioso generar este tipo de pruebas de manera coherente, rigurosa, seria y variada varias veces al año, y así cada año, las repeticiones, simplificaciones, técnicas de elaboración, dejan mucho que desear en ciertas asignaturas. (Como anécdota diré que en la universidad donde yo trabajé muchos años, los alumnos se quejaban si alguna pregunta se había modificado respecto a las del año anterior colgadas en internet, pues se lo habían estudiado ¡tal cual estaban en internet!)

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *