Reformar las oposiciones: sí, pero ¿cómo?

Hace pocos días salió la noticia de que Sumar proponía sustituir las oposiciones del “ámbito de la carrera judicial”, es decir jueces y fiscales. La reforma del sistema de oposiciones es algo que puede contribuir a un mejor funcionamiento de la administración. Es evidente que cualquier sistema es mejorable y que el progreso exige cambios. Pero si en general hay que tocar las leyes “con mano temblorosa” (como decía Montesquieu), más nos tiene que temblar en este caso, por varias razones. 

En primer lugar, porque las oposiciones son objetivas, y eso en nuestro país es raro e importante. Es raro porque aún en el ámbito privado España es uno de los países occidentales donde más personas encuentran trabajo a través de contactos. Mucho peor es la situación en el ámbito público: el informe de Hay Derecho sobre directivos de entidades públicas (el dedómetro) revela cómo los criterios de mérito y capacidad apenas se utilizan en su selección. Las oposiciones y el MIR son unos de los pocos sistemas objetivos de selección que existen en nuestro país. Esto permite la selección de los mejores, la movilidad social, y la independencia frente al poder político. Son falsas las acusaciones de corporativismo o elitismo: la estadística demuestra que el 95% de los jueces no tienen ningún familiar en el mundo judicial y que en una gran proporción no tienen dos progenitores universitarios.  

La elección de los funcionarios públicos por el criterio de mérito y capacidad se debe considerar como una de las bases del Estado de Derecho. Por tanto, cualquier reforma tiene que garantizar la misma o mayor objetividad. Por eso preocupa que los políticos, a los que vemos diariamente elegir para empresas y tribunales a sus amiguetes, pretendan cambiar el sistema de oposiciones. Es particularmente alarmante que solo se quiera cambiar el sistema para jueces y fiscales, y no todas las oposiciones estatales equiparables. Además, no se entiende bien el sistema de selección que se propone: se habla de un MIR jurídico, es decir de un examen para todos los licenciados en Derecho. Algo parecido se hace en Alemania pero la propuesta habla de un segundo examen y de una preocupante “solicitud ante el Ministerio de Justicia”. En todo caso, un cambio como éste requeriría una modificación sustancial del sistema de acceso y formación en buena parte de la administración pública y una planificación a largo plazo. 

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, aunque mejorable, el sistema consigue una preparación de un nivel alto y uniforme. Todo el mundo admite que jueces, notarios, fiscales, registradores, abogados del Estado, etc…  tienen una alta competencia jurídica. Puede que el sistema sea excesivamente memorístico, pero lo cierto es que la memoria es un instrumento imprescindible para el conocimiento. Dominar la regulación permite hacer relaciones, comprender el sistema en su conjunto, y también razonar y sacar conclusiones. La memoria funciona más por asociación que repetición y por tanto, fuera de casos borgianos totalmente excepcionales, es casi imposible memorizar sin comprender, ni de retener sin relacionar. Además, casi todas las oposiciones tienen pruebas que son casos prácticos que evalúan la capacidad de comprensión, razonamiento y redacción. Miguel Pasquau, Magistrado y profesor, contraponía en este artículo en El Pais  su preparación de  profesor universitario con la del opositor (anacrónica, memorística y recitativa). Sin embargo, no parece que la selección universitaria, lastrada por la endogamia y la parcialidad, sea un ejemplo. Mi experiencia es que en el ámbito académico llegan a profesor o catedrático personas muy brillantes (como el propio Pasquau) y otras con escasísimos conocimientos, capacidad de análisis y comunicación. Este es el resultado acostumbrado de la falta de objetividad . 

Todo lo anterior no quiere decir que no se deba reformar el sistema. Creo (con Sumar) que el esfuerzo que exigen estas oposiciones es excesivo. No es razonable que la media para obtener plaza sea de más de 4 años en casi todas ellas, y de más de 6 en algunas. Pensemos en que muchos opositores pasan ese tiempo o más y nunca las aprueban. Como propone Pasquau, el temario se debe reducir: suprimiendo las instituciones que apenas se utilizan en la práctica (servidumbres legales, ausencia y tantas otras); y reduciendo el número de temas y su extensión, para concentrarse sobre todo en los principios, conceptos, y naturaleza de las distintas instituciones. Se puede plantear que los exámenes no sean orales, aunque en todo caso la memoria es necesaria y el tipo test también termina siendo memorístico y tiene sus propios problemas. También estoy con Pasquau en que hay que corregir la anomalía de que jueces y fiscales no tengan un ejercicio práctico. Pero hay que evitar cualquier prueba que pueda introducir un elemento de discrecionalidad: da verdadero miedo que la propuesta de Sumar hable de evaluar otras habilidades “como la empatía o la inteligencia emocional”. 

Otros cambios sencillos pueden mejorar el proceso de selección y el atractivo de las oposiciones. Se debe ampliar el sistema de becas. Hay que reducir el número de ejercicios para acortar las oposiciones (muchas terminan más de 6 meses después del primer examen). Se debe garantizar la convocatoria anual y unificar las que tuvieran una parte común: se hizo en el año 2000 para jueces y fiscales y debería hacerse con notarios y registradores, que tienen un programa muy semejante (más propuestas en estos artículos de Alfonso Madridejos aquí y aquí)

En resumen, es oportuno estudiar cómo reformar el sistema de oposiciones, pero el de todas ellas, y se puede hacer de manera sencilla y eficaz, sin cambios revolucionarios. El nuevo sistema puede garantizar un conocimiento profundo -aunque no enciclopédico- del Derecho y permitir seleccionar a los mejores con una preparación que no debería exceder de 2  años. Pero sobre todo es preciso mantener su carácter objetivo. Seamos conscientes de que los políticos tratan siempre de extender su red clientelar en perjuicio de la igualdad, la eficiencia y la independencia de los funcionarios -muy especialmente la de los del poder judicial-. Estemos muy vigilantes. 

 

10 comentarios
  1. Luis Enrique Lapiedra Frias
    Luis Enrique Lapiedra Frias Dice:

    ‘’Dominar la regulación permite hacer relaciones, comprender el sistema en su conjunto, y también razonar y sacar conclusiones.’’
    Enhorabuena no se puede decir de una forma más breve y más precisa. La memoria es imprescindible. Si no se conoce la ley es muy difícil aplicarla. No quiero ni pensar que será de los cuerpos que citas sin oposición.

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    • Manuela Lanuza
      Manuela Lanuza Dice:

      Efectivamente estoy de acuerdo. No se puede decir más claro. Este concepto filosófico de Spinoza es absolutamente cierto. Pero el único modo no es el de la oposición tradicional ( he sido opositora).
      Hay otros sistemas que garantizan la objetividad: el MIR, las carreras militares…. En fin, el nuevo sistema debe ser tan objetivo o más que el actual. No tiene sentido mantenerlo cuando la manera de estudiar la carrera según Bolonia nada tenga que ver, ni en cantidad di en calidad (que no digo que sea peor) con los planes anteriores a dicho plan europeo.

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      • Segismundo Alvarez Royo-Villanova
        Segismundo Alvarez Royo-Villanova Dice:

        Muchas gracias y totalmente de acuerdo. La prioridad es mantener la objetividad, pero siempre que esto se cumpla es posible y deseable que se mejore el sistema. Las reformas que yo propongo son sencillas y fáciles de aplicar.
        No es incompatible con estudiar una reforma más ambiciosa (sistema como el MIR o Academias Militares), pero ésta requiere investigación y debate. También dotación presupuestaria, pues al final consiste en que se acorta el tiempo de estudio y se amplia la fase posterior de formación.

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  2. Segismundo Alvarez
    Segismundo Alvarez Dice:

    Muchas gracias Luis Enrique. En efecto la memoria está muy desprestigiada (en parte porque se ha abusado en la educación española, o más bien porque se ha descuidado el razonamiento y la redacción). Pero como decía Borges (de nuevo) somos nuestra memoria.

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  3. maria jose
    maria jose Dice:

    y alguien se ha preguntado si antes de la implantación de Bolonia el tiempo necesario para aprobar una oposición, que no ha sufrido cambios ni en temario ni en número de examenes, era inferior??? a ver si es que el problema viene de la configuración de los actuales Grados??? Dónde está fallando el sistema? Justo al final del proceso o antes?? ahí lo dejo

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    • Segismundo Alvarez Royo-Villanova
      Segismundo Alvarez Royo-Villanova Dice:

      Yo también creo que puede ser uno de los factores que alarga el tiempo de preparación. Pero no veo fácil cambiarlo y además hay otros factores (como la creciente complejidad de la legislación).

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  4. godello
    godello Dice:

    el ejemplo del Mir, muy bonito pero, cuando acabas 4 o 5 años que?los que siguen enchufados, desde 2015 hasta 2023 en Castilla y Leon dos oposiciones, buen examen, buen expediente académico, cero años de trabajo, cero cursos,= eliminado, lo que mas puntos da son los años de interino, da pena ver que han estudiado dos años mucho en bachiller y selectividad para poder entrar en la facultad, 6 años de carrera, de nuevo a por buenas notas, cuentan para el Mir, academia para preparar Mir,, CTO, empiezan en octubre de 6 todos los sabados, unos 6 horas otros 10, navidad nada pero hasta agosto que descansas de clase dos sabados hasta navidad, examen finales de enero. en los años de interno, master, cursos, oposiciones a calendas grecas, si se convocan 6500 plazas de Mir, no es lo normal que se convoquen 6000 para adjuntos todos los años. parecido en cuanto a plazas estan las enfermeras y las auxilires, no se convocan ioposiciones, todo dedo,metro

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  5. Herminia Peraita
    Herminia Peraita Dice:

    Su post es muy interesante y oportuno, y no solo debido a la sugerencia de Sumar respecto a la posible modificación de las oposiciones del ámbito judicial (a la que usted responde muy acertadamente), sino por el contexto en que estamos, en el que los criterios de mérito y capacidad están totalmente devaluados, diríamos que están por los suelos.
    El clientelismo rampante que nos rodea (del cual hay en los medios informativos dos últimos ejemplos, que no citaré aquí, aunque de distinto tipo), es una llamada de atención a lo que puede suceder si las pruebas objetivas de selección que hay en nuestro país, se anulan o modifican sin estudiar bien previamente cómo se han de modificar.
    Obviamente los que critican todo tipo de selección objetiva (siempre con algunos reparos, como los que se citan respecto a la universidad), probablemente nunca han pasado por ningún tipo de prueba, ni objetiva ni “subjetiva”, sino que están donde están por puro clientelismo, amiguismo y oportunismo.
    Dicho esto quiero indicar a los críticos acérrimos de la “memoria” (entre ellos muchos de los reformadores de los actuales sistemas de enseñanza), que la memoria “así citada ” es una simplificación absurda, no significa nada, sino que es un proceso cognitivo muy complejo, relacionado con todos los otros procesos cognitivos (atención, percepción, lenguaje, razonamiento, etc.) y que, sin entrar en tecnicismos innecesarios y solo a nivel de aclaración, diré que existen muchos tipos y sistemas de memoria a lo largo de varias dimensiones teóricas: memoria sensorial, a corto plazo, operativa o de trabajo, a largo plazo: episódica y semántica, procedimental, explícita, implícita, espacial, de caras, etc. etc. ¿Basta este brevísimo apunte para indicar que no se puede criticar nada diciendo tan solo que es memorístico?

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  6. Alfonso
    Alfonso Dice:

    En “La escuela no es un parque de atracciones”, Gregorio Luri afirma que sin memoria no hay aprendizaje.
    José Antonio Marina, en “El bosque pedagógico y cómo salir de él”, sostiene que la memoria es el órgano del aprendizaje, y que sin ella no es posible la creatividad.

    Y ,según Habermas, el conocimiento de lo que verdaderamente es, es anámnesis,
    memoria.

    Ni la educación ni las oposiciones han de basarse en las llamadas “capacidades”, sino que éstas se demuestran mediante los exámenes que habitualmente se desarrollan en las oposiciones. Yo insistiría en dos aspectos que suelen estar abandonados en muchas oposiciones: evaluar la calificar argumentativa y el lenguaje empleado para ello, y, en el caso de profesiones que requieren del Derecho, introducir mucha filosofía del Derecho (no mucha historia de filosofía del derecho, sino que podría evaluarse al opositor como, por ejemplo, lo hace Michael Sandel en su famoso curso sobre la Justicia).
    Un saludo cordial

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