Judicatura: meritocracia y equidad

El 7 de junio de 2024 se publicó en el Boletín Oficial de las Cortes Generales una proposición de Ley del grupo parlamentario Sumar con el fin de modificar el acceso a la carrera judicial.

Se quiere pasar de una oposición pura, donde los que acceden a la plaza son los que hacen mejor examen y mejor se saben el programa, a un sistema de concurso-oposición, donde entra ya en juego la «discrecionalidad» del examinador. 

En la exposición de motivos de la citada proposición de Ley, se critica nuestro sistema actual de acceso a la carrera judicial sobre cinco puntos fundamentales, que voy a tratar de rebatir con datos y/o estadísticas.

1.- Se señala que el actual sistema se trata de un «sistema elitista» y siempre se ha querido asociar a que en su mayoría acceden por este sistema de oposición libre los «hijos de jueces», a pesar de que, en los últimos 24 años, sólo el 5, 94% de los aprobados tenían algún familiar que fuera juez. 

Por ello, en la propuesta, se propone como alternativa a fin de evitar el «elitismo», que los «mejores expedientes universitarios» accedan a una formación práctica y teórica durante dos años.

¿Valdrá entonces lo mismo las notas de la universidad pública que la privada? ¿Qué pasará con un alumno que saca matrículas de honor en una universidad privada con poco prestigio? ¿No debería exigir el sistema propuesto una EBAU común a todos como el sistema de acceso alemán, o un factor de corrección, ausente en la propuesta de Sumar?

Si lo que se busca es acabar con las clases, como quiere hacer ver Sumar, es conocido que en numerosas familias que tienen pocos ingresos económicos, muchísimos estudiantes deben compatibilizar sus estudios universitarios con trabajos temporales a fin de ayudar en sus hogares. Estos, que son muchos, no podrán dedicar el mismo tiempo de estudio que los que sólo se tienen que preocupar de estudiar, por lo que volveríamos al punto de partida: gente con poder económico, podrían copar los mejores expedientes académicos al disponer de más tiempo para preparar los exámenes.

2.- Se añade que el actual método de acceso, se trata de «un sistema obsoleto de acceso en el que únicamente se valora la capacidad de memorizar normas jurídicas frente a los méritos profesionales, la sensibilidad social y democrática, la neutralidad, la empatía y la capacidad de interactuar con los ciudadanos».

Aquí me gustaría hacer dos matizaciones. 

– Puedo estar equivocado, pero el que llegue a tal afirmación, tal vez no sepa cómo son los exámenes orales de judicatura. En las bases de la convocatoria, desde hace años, ya se publican unos indicadores a tener en cuenta por los tribunales de oposiciones, donde se valora para aprobar entre otros aspectos «demostrar razonamiento analítico», «relacionar la materia con otros puntos del temario» y «conocimiento de la norma jurídica» entre otros aspectos. 

Por mi experiencia, no se puede aprobar una oposición de esta magnitud (más de 320 temas) sin comprender lo que se estudia. 

– Me preocupa la inclusión de términos como «sensibilidad social y democrática, la neutralidad, la empatía y la capacidad de interactuar con los ciudadanos». 

Esto introduce un margen de subjetividad importante. Ya no se trata de saberse los temas y recitarlos de manera ordenada, sistemática, fluida y coherente. Se quiere dejar entrar a la discrecionalidad. ¿Quién definirá estos conceptos para que los aspirantes puedan cumplirlos?

Si dejamos que entre la subjetividad en el sistema de acceso puede dar lugar a favoritismos o discriminaciones, lo que afectaría a la igualdad de oportunidades, que es lo que en principio busca reformar la propuesta del grupo parlamentario Sumar.

3.- El sistema memorístico está obsoleto ya que «la memoria ha perdido peso cuando las bases de datos de legislación y jurisprudencia se han convertido en instrumento de trabajo común para todas las personas juristas».

Se critica que se utiliza demasiado la memoria, como si en ninguna otra profesión fuera fundamental adquirir conocimientos usando la memoria. Pongamos por ejemplo la visita rutinaria al médico. Yo creo que a todos nos sorprendería que el facultativo en cuestión se detuviera en nuestra visita varias veces a consultar el móvil o el ordenador porque no recuerda qué órgano está afectado o que desconoce si los síntomas que tenemos se relacionan con alguna enfermedad.

O un abogado, al que le comentamos nuestro caso, y en juicio, en vez de defendernos de manera eficiente, como no se sabe la Ley de memoria, es incapaz de improvisar. Y así, infinitas profesiones. 

La memoria se utiliza de manera constante en nuestro día a día a fin de ampliar conocimientos, da igual la materia de la que sean.

Y lo más importante, si el sistema memorístico estuviera obsoleto, sería complicado ver a los aspirantes que han aprobado oposiciones con este método (abogados del Estado, jueces, fiscales, inspectores de Hacienda), en los despachos procesales más punteros de España en situación de excedencia

Si fuésemos máquinas de almacenar datos incapaces de razonar, no tendríamos tanto prestigio en la empresa privada. Además, no sería prudente poner a una persona que ha estado alejado de la sociedad al frente de tu área procesal.

  1. Se critica el «aislamiento social del opositor».

Se afirma que los opositores a la judicatura están 5 años encerrados alejados de la realidad. El opositor tiene vida y puede acabar su jornada a las 20h, tienen descanso tras ir a dar temas a su preparador dos días a la semana, y un día libre el fin de semana para hacer lo que le plazca, sin perjuicio, de que, con organización, cada día, después de estudiar puede salir a dar un paseo, hacer deporte o ir al cine. Lógicamente al tener sólo un día libre a la semana, y escasas vacaciones, su vida social se ve muy reducida, pero eso no es un argumento para desprestigiar a opositores que con 28 años cumplen su sueño de ser jueces o fiscales tras múltiples sacrificios. ¿Acaso un junior de un gran despacho o un doctorando reciente graduado tiene mucho más tiempo libre?

  1. Se trata de un proceso excesivamente costoso, donde se deben de potenciar las becas públicas. 

El precio medio del preparador está en torno a los 180-200 euros al mes. Eso implica una inversión de 2.400 euros al año, siendo la media para aprobar de cinco años, conlleva un gasto de unos 12.000 euros. Es innegable que además hay que sumar a esa cantidad el hecho de tener a una persona en casa durante ese tiempo sin generar ingreso alguno. 

Esta desigualdad que refleja la proposición de Ley se lleva tratando de paliar desde el año 2022, con un sistema de becas públicas, de unos 5.000 euros al año por aspirante, que cada año crece más y más. Así, las becas han permitido a 687 personas en 2022 preparar la judicatura.

Lo más justo y objetivo sería ampliar y potenciar el sistema de becas para que todos los contendientes concurran en situación de igualdad.

Todos los que trabajamos codo con codo en la preparación de opositores estamos abiertos a cualquier mejora que haga el sistema de acceso más justo y objetivo, pero siempre respetando la oposición libre, a fin de evitar la discrecionalidad propia de un sistema de concurso oposición.

Por ello, tal vez se debería incluir en la judicatura un caso práctico para ver el razonamiento de los aspirantes, y así seleccionar los 200 mejores de los 300 que pudieran aprobar los tres primeros ejercicios. El caso práctico final permitiría evaluar a los aspirantes en su conjunto, de una manera más equitativa y objetiva, con independencia del momento en que se examinen.

Además, quizás sería recomendable incluir algún tipo de control a modo test psicológico, ya sea en el examen de oposición, ya sea en la Escuela Judicial o en el Centro de Estudios Jurídicos mientras continúan con su formación. Por ejemplo, en Portugal hay psicólogos en el tribunal de oposiciones y en Países Bajos se realizan unas pruebas psicológicas exhaustivas para el acceso a la judicatura.

Pero no debemos olvidar las bondades de nuestro sistema actual: la oposición fomenta como herramientas diarias el duro trabajo, la paciencia, la humildad de mejorar un poco cada día, la constancia, el sobreponerse a las dificultades, el compromiso, y sobre todo el sacrificio diario. La llamada cultura del esfuerzo, que por supuesto se valora en cualquier trabajo.

Se aprende a tolerar pequeños fracasos personales a modo de suspensos (rara vez se aprueban las oposiciones a la primera) y sirve para saber que «las cosas cuestan».

Conclusión: se puede tratar de mejorar el sistema de acceso con algún ejercicio más práctico y de razonar, pero no se debe caer en el error de señalar a los jueces como robots que resuelven alejados de la realidad sin capacidad alguna de análisis. 

Es imprescindible una inversión en un sistema de becas públicas, para que aquellas familias que no tengan capacidad de mantener un estudiante en su casa durante cinco largos años, puedan hacerlo.

Se debe tratar de evitar abandonar un sistema objetivo puro por otro donde se deje entrar a la discrecionalidad en la selección que pueda erosionar la confianza en la imparcialidad de proceso, pues las oposiciones están diseñadas para garantizar el acceso a los candidatos más capacitados y preparados.

3 comentarios
  1. maria jose vazquez
    maria jose vazquez Dice:

    Y por qué no establece mejor un sistema de evaluación para que un ciudadano pueda ser candidato a unas elecciones, sean municipales, autonómicas, nacionales o europeas??? no haría falta que un parlamentario nacional, pongo por ejemplo, conociese, al menos el mapa geográfico de España?(doy por hecho que la prueba PISA la superaria, que ya es mucho decir)

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  2. Juan Ignacio Pajares
    Juan Ignacio Pajares Dice:

    El servicio público de justicia, por supuesto que debe mejorar, pero si los de Podemos meten mano en la justicia, nos podemos echar a temblar. Por otro lado, los argumentos esgrimidos para cambiar el sistema no pueden ser más peregrinos y absurdos y, desde luego, no están enfocados en favor de una justicia mejor.

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  3. Juan Laguna
    Juan Laguna Dice:

    Conocí y fui amigo del fiscal Ruiz Risueño al inicio de la Transición.
    Me gustaría pensar que el autor tiene algo que ver con él y ha seguido sus pasos.
    Un saludo.

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