Flash Derecho: el blog entrevista a Michael Sandel

Con ocasión de su visita a España para ofrecer la conferencia que anunciamos recientemente, hemos tenido la gran oportunidad de entrevistar en video a Michael Sandel, el cual como saben probablemente, es un profesor de Harvard y un pensador con mucha capacidad tanto de comunicación como de provocar la duda y la reflexión en sus oyente.  Es autor de obras tan notables como «Justicia» o «Lo que el dinero no puede comprar», que recomendamos como imprescindibles a cualquier jurista y especialmente a cualquier estudiante de Derecho. En la conferencia que ha dado esta tarde invitado por el Aspen Institute ha marcado claramente una diferencia entre la economía de mercado y la sociedad de mercado. La primera es un instrumento, una herramienta, la segunda es una opción no demasiado recomendable. Baste esta mera anotación de su pensamiento para despertar el interés por este autor.
 
 

Rodrigo Tena, Fernando Gomá, Michael Sandel, Matilde Cuena e Ignacio Gomá


 
 
Michael Sandel y su visión del Derecho ha sido objeto de atención ya en dos posts, uno de Elisa de la Nuez a propósito de las elecciones en el Colegio de Abogados de Madrid, y otro por Ignacio Gomá, al exponer su conferencia en Harvard acerca del poder y dinero en las sociedades cotizadas.
 
 
La entrevista realizada por los editores del blog les será ofrecida en breve.

Las listas de ciudadanos, Tribuna en «El Mundo» de nuestra coeditora Elisa de la Nuez

 
Hace algunos años me contaron una anécdota sobre dos directores de orquesta, uno ruso y otro inglés. El primero alardeaba de su falta de antisemitismo explicando que tenía un gran número de judíos entre sus músicos. El segundo le escuchaba pacientemente. Al final el ruso le preguntó:  ¿y usted, cuantos músicos judíos tiene en su orquesta? El inglés le contestó: No lo sé.
Como nos recuerdan los psicólogos sociales, establecer categorías de  seres humanos (negros y blancos, judíos y gentiles, rojos y azules, catalanes y españoles) es el primer paso para empezar a discriminarlos, resaltando lo que es distinto y difuminando lo que es común. En España hemos redescubierto hace poco, gracias a nuestra partitocracia, una categoría que pensábamos haber superado felizmente desde hace unas décadas: la de los afectos y desafectos.
Efectivamente, uno de los síntomas más graves de la degeneración de nuestra democracia es la aparición, bajo distintos nombres y formatos, de listas y archivos de ciudadano elaboradas directa o indirectamente por o para los Poderes Públicos. Por ahora, el caso más grave que ha salido a la luz es el de los ficheros o listas negras del CESICAT, la Fundación dependiente de la Generalitat,que además de vulnerar unas cuantas normas legales y varios principios constitucionales, revela una concepción profundamente antidemocrática de la sociedad. Y es que en esto de la ocupación totalitaria de la sociedad civil y del desprecio hacia el Estado de Derecho Cataluña está decididamente a la cabeza del resto de España. Pero esta conducta también una cierta ingenuidad, pues hasta tenían previsto hacer “listas blancas”, es decir, la de los buenos ciudadanos catalanistas y secesionistas, o simplemente la de los que apoyan al Poder establecido o le tienen miedo, que todo pudiera ser. Se ve que al President Mas, a diferencia del presidente Rajoy, no le basta la mayoría silenciosa y prefiere que la gente se retrate.
Y digo ingenuidad porque no hace falta elaborar una lista “blanca” oficial y con sellos de ciudadanos afectos –lo que no deja de ser una práctica bastante sospechosa en un país supuestamente democrático, por no hablar del tufillo franquista-  cuando funcionan de maravilla las extraoficiales y no solo en Cataluña.  Porque en España hoy es muy importante saber si los periodistas, economistas, abogados, funcionarios, profesores, proveedores, autónomos, empresarios, escritores, etc, etc son o no  “de confianza” por usar una expresión que le oí una vez a un dirigente político de los que ahora gobiernan. Porque si eres “de confianza” –por buen profesional que seas- estás dispuesto a callarte frente a los abusos y los atropellos, las tonterías y las falsedades, las ilegalidades y los delitos siempre que proceden de tu propio bando –o banda- claro.  Es más, incluso estás dispuesto a colaborar activa o pasivamente para que puedan cometerse los desmanes mirando para otro lado, echando balones fuera  o incluso tapando las vergüenzas con informes “técnicos” que dan mucha vergüenza, como el reciente de la AEAT explicando que la Infanta no puede cometer delito fiscal por mucho que se empeñe, cosas de la sangre azul.
Si eres “de confianza” te limitarás, como mucho, a comentar en voz baja los casos donde se les ha ido un poco la mano a los tuyos, siempre en espacios cerrados y no públicos y a otra gente “de confianza” igualmente discreta. Por supuesto, jamás dirás nada en alto y en público a las personas responsables del desastre o/y que podrían hacer algo por remediarlo que frecuentemente suelen ser las mismas. A esto en España se le llama “lealtad”. No hace falta decir que la lealtad así entendida le viene estupendamente bien al leal, por lo cómoda que resulta y por los buenos réditos que da. Aunque mucho mejor le viene al que manda, al que nunca le falta gente experta y con solvencia profesional y técnica para avalar cualquier disparate, arbitrariedad o  abuso.
En fin, que en España trae cuenta quedarse callado y no denunciar las malas prácticas de los que mandan. Y todavía trae más cuenta ser cómplice. Así que hay mucha gente que podría entrar cómodamente en la lista “blanca” de los ciudadanos afectos al régimen, como hace unas cuantas décadas, por la sencilla razón de que así se vive muchísimo mejor, exactamente igual que entonces. Así se consiguen contratos, te hacen favores, te nombran para comisiones, te dan premios, te invitan a saraos con gente importante, te dan subvenciones, te ascienden. Eres el último al que echan de los sitios. Incluso se puede encontrar trabajo en los tiempos que corren, que ya es decir. Por esa razón estas listas no hacen tanta falta, porque casi todo el mundo está ahí por defecto. Eso sí, no todo el mundo con los mismos méritos, eso es verdad.
Porque ya puestos a hacer distinciones que tengan más sentido en las “listas blancas” podemos distinguir varios subgrupos. Tenemos a aquellas personas que se rasgan las vestiduras ante la inmoralidad y la injusticia, pero solo cuando viene del adversario. Digamos que padecen una especie de ceguera moral selectiva, solo son capaces de discernir la corrupción y las malas prácticas cuando no provienen del grupo al que se pertenece. Lo que por cierto resulta también bastante cómodo, dado que lo más difícil del mundo es precisamente denunciar la incompetencia y la corrupción de los afines como nos recuerda Muñoz Molina en “Todo lo que parecía sólido”. Y hasta los oponentes te respetan, porque al fin y al cabo demuestras que conoces las reglas del juego, aunque seas del equipo contrario. Que no vienes a reventar el partido, en suma.
Luego están los “técnicos”. En esta nutrida categoría tenemos no solo a los servidores públicos que nunca ven las malas prácticas o las ilegalidades hasta el día que les revientan en la cara –como los profesionales de Canal Nou, vamos, que se dieron cuenta de que estaban haciendo propaganda y no información el mismo día en que les echaron- sino también a los numerosos profesionales y expertos que “no se quieren meter en política”. El no meterse en política equivale, más o menos, a  tragarse lo que haga falta, como por ejemplo hacer una auditoría a una caja de Ahorros dos minutos antes de que quiebre sin notar nada raro, aunque, eso sí, a cambio de una remuneración razonable, o el organizar seminarios y conferencias sobre transparencia y corrupción donde está mal visto hablar de casos muy concretos y reales de corrupción y opacidad que afectan a los organizadores. Después tenemos a la mayoría más que silenciosa, resignada del tipo “esto es lo que hay” o como diría el Ministro Montoro “Esto es España”. Los que creen que no se puede hacer nada y que todos son iguales así que para qué molestarse. Por último están también a los que han decidido que hay que hacer algo, sí, pero que lo tienen que hacer otros por ellos, por si la cosa sale mal.
Por último, en una categoría aparte y muy superior –de afectos entusiastas, podría decirse- habría que encuadrar a los militantes y colocados de los partidos, que son capaces de decir, por ejemplo, que han firmado un recibí de dinero por no recibir dinero delante de un Juez sin que les de la risa o los que firman el informe de una Comisión de Investigación sobre la tragedia del Madrid Arena concluyendo que no hay más responsabilidad del Ayuntamiento que la asumida voluntariamente por un vicealcalde por “autoexigencia ética”, aunque acabe de ser imputado y sea inmediatamente recolocado.
Porque, si vamos a tener listas, a mí por lo menos me gustaría conocer los nombres, apellidos, cargos y cv de esas personas que amparándose bajo el paraguas de instituciones y colectivos (la AEAT, la Fiscalía, la Comisión de Investigación, el Consejo de Administración o lo que sea)  son capaces de afirmar que las infantas “delinquere non potest” o que nombran para ocupar un cargo directivo en el sector público una persona sin ninguna experiencia previa pero con vínculos con el partido. Me parece que desde un punto de vista de calidad democrático no hay color con las otras. Se ganaría mucho en transparencia y hasta en vergüenza torera.
Y luego están las listas negras, en la que estamos gente como la autora de estas líneas y los lectores que están de acuerdo con ellas. A mucha honra.

Matilde Cuena Casas, nueva editora del blog ¿Hay Derecho?

Para nosotros es un auténtico orgullo y una gran alegría anunciarles la incorporación de Matilde como nueva editora del blog. Nuestro coeditor fundador, Fernando Rodríguez-Prieto, nos deja sólo por una temporada debido a sus múltiples compromisos, pero volverá tan pronto como pueda para reintegrarse en nuestro nuevo sexteto.
No creemos que sea necesario presentar a Matilde, desde luego no en este blog. Ha colaborado asiduamente desde su fundación con muchos post (y comentarios tan profundos como aquéllos) que han tenido una gran repercusión. No hay que olvidar que algunas de sus ideas, especialmente sobre concurso de persona física, han terminado discutiéndose en el Congreso, por una vía u otra, y consagrándose (aunque bastante mal, eso hay que reconocerlo) en normas en vigor.
Como saben perfectamente nuestros seguidores, Matilde es Profesora Titular de Derecho Civil en la Universidad Complutense y una auténtica especialista en transmisión de derechos reales, insolvencia de persona física y Derecho de familia en general. Pero al margen de su indiscutible competencia técnica, creo que nuestros lectores van a valorar especialmente su compromiso personal con los temas jurídicos de mayor impacto social en la actualidad. El Derecho está para servir a la justicia y no para divertir a sus teóricos con juegos florales y conceptuales. En este blog lo tenemos claro.
¡Bienvenida, Matilde!

Entrevista a los editores en Lawyerpress

El pasado dia 11 de septiembre se publicó en la web Lawyerpress una entrevista efectuada a los editores por el periodista Luis Javier Sánchez, que consideramos interesante y enlazamos a continuación.
 
Ver entrevista
 
 

¿Hay Derecho?, renovado

Como puede comprobar, amigo lector, hemos cumplido nuestra palabra. Presentamos la nueva imagen del blog, a la que le hemos dado muchas vueltas. La idea fundamental ha sido hacer más atractiva y armoniosa la web mediante la modificación de los colores, que en la versión primitiva era muy sencilla y standard. Se ha introducido una banda de color, se ha cambiado la letra y la disposición de las utilidades, aparte de poner más posts en el inicio para que de una simple ojeada se puedan ver las últimas publicaciones.
 
Muy importante es, también, que hemos mejorado el buscador que, anteriormente, no funcionaba eficazmente de manera que no resultaba fácil encontrar entradas que se sabe positivamente que existen.
 
Es más, y aunque sabemos que esto puede producir diatribas a nivel nacional, nos hemos decidido a cambiar el logo, tras arduas discusiones internas, por todo tipo de redes sociales y comunicaciones electrónicas, entre los editores. El concepto es el mismo -que la pluma inclina la balanza más que la pesa- pues representa perfectamente el espíritu del blog, pero se ha modificado su diseño con ruptura total.
 
Esperemos que les guste. Nos ha ayudado en esta labor Daniel Ucha de Rumpelstinski. En todo caso, a partir del día 12 iniciaremos la publicación de entradas, eso sí, en agosto a un ritmo algo menor que el del post diario rigurosamente ininterrumpido que nos caracteriza.

¿Hay Derecho? se renueva

Los editores de ¿Hay Derecho? llevamos un tiempo pensando en mejorar la estética y las funcionalidades de nuestra web. Cuando comenzamos con esto, hace ya dos años y medio, la mayoría de las herramientas y diseños eran artesanales, y quizá es momento de dar un lavado de cara a nuestra imagen. Vamos a cambiar el logo, manteniendo el concepto, los colores y algunas herramientas. Esperamos que les guste.
 
Aprovecharemos para ello la semana del 5 al 12 de agosto, durante la cual el blog permanecerá inactivo y luego volveremos, aunque, como ya es tradicional a un ritmo, un poco más pausado, con dos o tres posts por semana, para mantener la llama encendida.
 
En todo caso, aprovechemos todos para descansar y recuperar fuerzas para la lucha.
 
¡Felices vacaciones!

Artículo de la editora Elisa de la Nuez en El Mundo: «La democracia, en su sitio»

Ayer viernes se publicó este artículo de la editora Elisa de la Nuez en el diario «El Mundo»:
 

LA DEMOCRACIA, EN SU SITIO

 
Quizá una de las preguntas más importantes que podemos hacernos estos días en España es la relativa al espacio donde debe jugar la democracia. Quizá una anécdota de hace muchos años pueda aclarar lo que quiero decir.
 
Cuando iniciaba mi carrera profesional en Logroño a principios de los años 90 como flamante Abogada del Estado-Jefe del Servicio Jurídico del Estado en la Rioja el Consejo Regulador de la Denominación de Origen de la Rioja me encargó un informe técnico-jurídico al que dediqué mucho tiempo y entusiasmo dado que era mi tarjeta de presentación en mi nuevo destino. Para presentar sus conclusiones se me convocó a una reunión muy importante y cual no sería mi sorpresa cuando al acabar mi exposición el Presidente del organismo dijo tranquilamente: “Bueno, pues ahora vamos a votar el informe del Abogado del Estado”. Y el caso es que lo votaron y -afortunadamente para mi prestigio profesional- la votación me fue favorable. Reconozco que no tuve el valor de decir en voz alta lo que pensaba: que los informes técnicos de los especialistas no se votan. Sencillamente, se siguen (o no) sus recomendaciones. Porque en el ámbito técnico o científico no hay votación que valga, aunque los creacionistas americanos crean otra cosa. El origen de las especies no se decide por votación.
 
Traigo a colación esta historia porque parece que en España hemos conseguido rizar el rizo de la democracia de forma que votamos lo que no tiene mucho sentido votar y no votamos (o votamos a ciegas y sin un debate riguroso, lo que viene a ser lo mismo) cuestiones esenciales para nuestra convivencia y para nuestro futuro. Nos consideramos muy democráticos porque votamos sobre cuestiones que por su carácter histórico, técnico o científico no son susceptibles de votación o para ser más exactos, a las que el resultado de la votación no va a afectar ni poco ni mucho, como puede ser votar sobre el carácter fascista de la conquista de Granada por los Reyes Católicos. En cambio hemos expulsado de la esfera pública y de la democracia temas esenciales, y eso que tenemos más Parlamentos por cabeza que nadie. Pero en ellos no se  vota en serio, previo un debate informado y de calidad, y no será por falta de temas tanto a nivel nacional como regional. Piensen que tenemos encima de la mesa desde la pretendida secesión de una Comunidad Autónoma hasta el futuro de la monarquía pasando por la reorganización territorial, la sanidad, el desastre de la educación, la quiebra de las Cajas de Ahorros, el paro, las pensiones o la corrupción. Casi nada.
 
Y no es que de esto no se hable. Todo lo contrario, se habla muchísimo en la calle, en Internet y últimamente hasta en los medios de comunicación. Y también hablan nuestros políticos pero preferentemente fuera del hemiciclo, a puerta cerrada o en reuniones más o menos secretas. Es más, el Presidente del Gobierno que se jacta de esa “discreción” que aleja del debate público y democrático temas sensibles (prácticamente todos lo son a estas alturas) y no como lo que es, algo aberrante desde un punto de vista democrático. Claro que también considera un mérito que en su partido no haya debates públicos. Y no es el único.
 
A mi juicio, éste es el origen del problema. Que no hay verdadera democracia ni cultura democrática allí donde debería haberla en grado sumo que es en el seno de los partidos políticos. Esta falta de democracia interna ha debilitado todo el sistema diseñado en la Transición y ha dañado extraordinariamente los fundamentos de nuestra democracia, sobre todo si se tiene en cuenta la colonización partitocrática que han sufrido prácticamente todas y cada una de nuestras instituciones y una parte no despreciable de las empresas y la sociedad civil. Nos hemos confundido con el sitio de la democracia. Hemos pensando que por votar asuntos como los informes jurídicos, el carácter genocida de la conquista española o los informes sobre la solvencia del solicitante de un crédito en una Caja de Ahorros éramos más democráticos que nadie. Y hemos consentido que se dejase primero de debatir y luego de votar (o que se votase siempre casi por unanimidad lo que previamente había decidido el líder de turno con resultados que harían palidecer de envidia al Partido Comunista Soviético) en el seno de los partidos políticos españoles. De forma inevitable al debilitarse o desaparecer la democracia de su sitio natural se ha ido debilitando y desapareciendo también en los grupos parlamentarios, en los Parlamentos nacional y autonómicos y en tantos y tantos otros sitios con las consecuencias de todos conocidas.
 
En fin, como tantos ciudadanos de buena fe nacidos o educados bajo el franquismo no me atreví a decir entonces lo que hoy parece obvio: que la democracia es imprescindible para tomar algunas decisiones y no pinta nada en otras. Que no podemos confundir ser democráticos con votar al tuntún sin ningún tipo de criterio. Quizá votar un informe jurídico no entrañe tanto riesgo como votar como se debe operar en un quirófano, pero no está de más recordar que el mismo principio democrático mal entendido ha llevado a votar a quien se le concedía o no un préstamo en las Cajas de Ahorros que ha habido que salvar con el dinero de los contribuyentes. Y ya puestos y para ahorrar tiempo ¿por qué no prescindir del paso intermedio de votar los informes técnicos y repartirse directamente los préstamos, o los cargos en los órganos reguladores y de fiscalización o lo que sea por cuotas partidistas?
 
Ahora que toca replantearse prácticamente todo lo que parecía sólido, por utilizar la feliz expresión de Antonio Muñoz Molina, conviene empezar por el principio. Y en el principio están los partidos políticos, consagrados en el Titulo Preliminar de la Constitución como instrumentos fundamentales para la participación política de los ciudadanos con la finalidad de concurrir a la “formación y manifestación de la voluntad popular”.  Como verán, poco que ver con la realidad de su funcionamiento actual. Hoy podemos afirmar que nuestros partidos políticos carecen de democracia interna -digan lo que digan sus Estatutos- en la medida es que el debate público y abierto y las votaciones libres e informadas les resultan insoportables hasta el punto de ser consideradas como una amenaza no ya para sus cúpulas directivas sino para la misma existencia del partido. En cuanto a la participación ciudadana de simpatizantes o afines es sencillamente imposible en las condiciones actuales. No hay que extrañarse de que la ciudadanía busque cauces de participación alternativos.
 
Se trata de un problema gravísimo sobre el que conviene llamar la atención y al que urge poner remedio antes de que sea demasiadotarde. Una regeneración democrática como la que es imprescindible acometer en España no es viable con partidos sin democracia interna. Necesitamos partidos políticos, por supuesto, pero tienen que cambiar por dentro. Y como no lo van a hacer voluntariamente corresponde a la sociedad civil exigirlo.
 
Parafraseando a Kelsen, para bien o para mal solo la ilusión o la hipocresía puede creer que la democracia sea posible… sin partidos políticos internamente no democráticos.

«Tercera» de ABC del coeditor Fernando Gomá sobre productos financieros complejos

El pasado sábado 4 de mayo, el editor Fernando Gomá publicó en la Tercera de ABC un artículo dedicado a un tema que no puede estar más de actualidad: los productos financieros como preferentes o swaps. En él no solamente describe cómo hemos llegado a la lamentable situación actual, sino que también reclama para el consumidor un cambio total en su forma de comportarse a la hora de contratar productos financieros. Éste es el artículo:
 

PRODUCTOS FINANCIEROS COMPLEJOS

Si en una conversación cotidiana de hace, pongamos, seis años, alguien hubiera argumentado a favor o en contra de las participaciones preferentes, los swaps o la deuda subordinada, probablemente el tema decaería con rapidez. Pocos contertulios estarían preparados para opinar con seguridad sobre negocios tan técnicos y escasamente conocidos. En el 2013, sin embargo, muchas personas son capaces de describir con notable precisión las características y el funcionamiento de alguno de estos complejos productos financieros aún sin ser en absoluto expertas en esta materia, quizá por haber contratado alguno de ellos. Y no es posible exagerar su repercusión mediática. Un día se especula sobre las pérdidas económicas que tendrán que afrontar los preferentistas; otro se analiza la última sentencia judicial sobre swaps; y en muchos de ellos hay hueco para dramas sociales de personas que invirtieron en algo que creían seguro, y no lo era. Gran cantidad de cosas han cambiado notablemente en poco tiempo.
 
 
Podemos tener la sensación de que en un pasado no muy lejano los productos financieros que eran ofrecidos por el banco a sus clientes no especializados eran más sencillos y comprensibles, y el asesoramiento de la entidad, confiable. Y que en un momento determinado algo cambió. Es probable que fuera así en realidad, y que ese momento fuera la aprobación en 1999 en Estados Unidos de la Financial Services Modernization Act, que abrió la puerta a algo prohibido desde la Glass-Steagall Act de 1933: la fusión de la banca de inversión y la banca de depósitos. Con ello, sofisticados y herméticos instrumentos económicos diseñados por agentes de inversión y destinados únicamente a este sector, pasaron a ser ofrecidos al cliente minorista. Esa derivación era una bomba en potencia, que acabó explotando.
 
Las preferentes no son un producto totalmente falto de alicientes. Al adquirirlas se obtiene el derecho a recibir una remuneración anual por aplicación de un elevado interés fijo –en algunas emisiones llega a ofrecerse el 7 %- que es abonada siempre que la entidad no declare pérdidas ese año. Ahora bien, la inversión es perpetua, el capital no es recuperable salvo que se vendan los títulos. Y en caso de quiebra de la entidad, sus titulares están por detrás de todos los acreedores para el cobro, puesto que responden de las deudas sociales casi al mismo nivel que los accionistas. Estos caracteres no les impiden ser una razonable opción de colocación de capital para un número reducido de inversores con conocimientos superiores al nivel básico. Pero resulta muy improbable que sean capaces por sí mismas de ejercer una atracción insuperable para una mayoría muy considerable de clientes bancarios minoristas, hasta convertirse en el mayor best seller financiero del siglo XXI en España. Y, sin embargo, esto es exactamente lo que ha ocurrido. Se calcula en los últimos años se han comercializado por un valor superior a 30000 millones de euros, y que el 80% del total fueron contratadas por consumidores sin conocimientos especiales, para muchos de los cuales esta inversión ha  resultado muy perjudicial.
 
¿Cómo ha sido esto posible? ¿No estábamos protegidos contra estos desastres tras unos sólidos muros jurídicos e institucionales? ¿No teníamos una exigente y garantista legislación de defensa del consumidor, unos reguladores a los que se les suponía vigilantes, unos ministerios con atribuciones sobre la materia?
 
Tal vez. Pero hubo algo más poderoso: el enorme interés en venderlas, porque las preferentes tenían  una propiedad valiosa en extremo. Eran un instrumento de capitalización de las entidades financieras clasificado como de máxima calidad. Si ya desde el principio habían resultado muy atractivas para aquéllas, cuando en 2007 comienza a asomar la crisis financiera, y especialmente tras la quiebra de un too big to fail como Lehmann Brothers el 15 de septiembre de 2008, se convirtieron en dramáticamente imprescindibles. A medida que avanza la crisis hay dos fuerzas divergentes en pugna; una, la del interés del cliente minorista, para el cual el producto será cada vez menos conveniente y más peligroso; y otra, las imperiosas necesidades de capitalización de bancos y cajas.  Esta segunda fuerza se impone sin matices. En 2009 se comercializan más preferentes que en todo el periodo 2003-2006. Las normas que hubieran debido proteger al consumidor e impedirlo (Directiva MiFID, derecho interno desde 2007, entre otras) fueron sistemáticamente ignoradas por las entidades. El Gobierno no actuó y los reguladores Banco de España y CNMV, que debieron haberlo detectado y corregido, sencillamente no lo hicieron.
 
El resultado es conocido. Quizá el mejor resumen de la situación lo ha hecho el comisario europeo Joaquín Almunia quien, con inusual contundencia en un político, ha afirmado: “hay titulares de preferentes, que, por decirlo suavemente, han sido engañados”.
 
De todo lo acontecido hemos de extraer una importante lección para el futuro. Además de fallar todos los sistemas de tutela de la parte débil, el inversor minorista, hubo otro factor que hizo finalmente posibles esas ventas de preferentes: que se compraron. Se firmaron muchos de los contratos por la confianza que se tenía en el asesoramiento bancario. Ya en los años 50 el maestro Garrigues advertía contra la cultura del dónde hay que firmar. En pleno siglo XXI se firmó sin mirar, y aunque desde luego la principal -enorme, inexcusable, quizá penal- responsabilidad es de las entidades, ha de reconocerse al menos un error fatal en esa delegación de confianza.
 
No cabe aprender nada si se tiene la convicción de que la situación del que ha comprado productos tóxicos es atribuible exclusivamente a los demás, sean bancos, Gobierno o reguladores. Si no hay conciencia de haber sido, al menos en cierta medida, causante de ella, no hay ninguna posibilidad real de esperar una rectificación de actitud en el futuro, por faltar la conciencia de haber fallado. Busca tu confianza donde la dejaste, reza un antiguo aforismo germánico. Recojámosla de ese lugar y no volvamos a prestarla tan fácilmente.
 
Pueden proponerse muchas reformas que permitan a los consumidores precaverse contra inversiones y contratos no adecuados o perjudiciales, pero la más efectiva es la única que depende de nosotros mismos. Hay que cambiar de raíz nuestro comportamiento financiero. Ante un producto bancario que no se comprende, no parece conveniente o resulta dudoso, se impone decir la palabra que constituye la protección definitiva: no.

Entrevista al editor Fernando Gomá en el blog económico Sintetia

 
El blog Sintetia publica hoy una amplia entrevista con nuestro editor Fernando Gomá. En ella se habla de muchos temas que hemos venido tratando en ¿Hay Derecho?:  superabundancia legislativa, dación en pago, fresh start, desahucios, transparencia, productos financieros abusivos, modificación de la legislación hipotecaria, etc.
 
Recomendamos mucho su lectura, pues constituye un compendio de muchas de las tesis que hemos venido defendiendo en el blog. Puede hacerlo a través de este enlace.
 
 

Entrega del premio «Regeneración Democrática»

Esta mañana ha sido entregado en el Hotel Villa Real de Madrid el premio «Regeneración Democrática» de la Fundación Progreso y Democracia, en su primera edición y en su modalidad «Difusión», a este blog ¿Hay Derecho?, en un acto entrañable al que acudió numeroso público. En la foto de la izquierda, los cinco editores: de izquierda a derecha, Fernando Rodríguez Prieto, Rodrigo Tena, Fernando Gomá e Ignacio Gomá y, en el centro, Elisa de la Nuez con el premio.

 

Junto con el blog, recibieron el premio, en su modalidad «Sensibilización», el periodista Santiago González, por sus valiosos artículos en El Mundo y en su blog, particularmente por su respeto a los hechos y persistencia en la verdad, con especial mención a los temas relacionados con el terrorismo; en su modalidad «Análisis», recibió el premio Luis Garicano, por su énfasis en las reformas institucionales en España y en Europa para lograr una economía más competitiva y su esfuerzo por plantearlas en términos asequibles al común de los ciudadanos.

 

Ramón Marcos entregó el premio al blog, representado por Elisa de la Nuez, que habló de los orígenes del mismo, del propósito inicial y continuado de defensa del Estado de Derecho, de la seguridad jurídica, de los principios y de la verdad, como espíritu que anima a los editores y colaboradores del blog, y agradeció el premio como estímulo para seguir adelante.

 

El premio a Luis Garicano fue entregado por Carlos Martínez Gorriarán, y el premiado, entre otras cosas, habló de la importancia de las instituciones como presupuesto necesario para el crecimiento económico, aparte de glosar peripecias personales derivadas de sus interesantes contribuciones, que le hacen ser «valiente» a su pesar.

 

 

J. L de Fabo lo entregó a Santiago González que disertó, entre otras cosas, sobre la situación política española, la necesidad o no de reformar la Constitución y las reformas que sí serían imprescindibles en la conducta y la actuación de políticos y ciudadanos.

 

Cerró el acto Carlos Martínez Gorriarán, con un acerado análisis de la situación política española.