Una educación (jurídica y financiera) para la ciudadanía

El tema de la educación ha sido algo que siempre me ha ocupado en especial, y le dediqué hace tiempo dos posts, Toni Nadal, apuntes sobre educación, y A partir de cuatro suspensos, nosotros elegimos el color. Ahora lo retomo desde una perspectiva más concreta y relacionada con otros temas que también me han interesado: la divulgación jurídica en general y la información adecuada al ciudadano de a pie en materias como las relaciones que se mantienen con los bancos, el asesoramiento que se recibe, o la actitud que tienen que tomar.
Vaya por delante que soy un inequívoco partidario de una asignatura del tipo Educación para la Ciudadanía, con ésta o con otra denominación. Pero siempre y cuando en esa asignatura se enseñe lo que su nombre indica, es decir, conocimientos, información y consejos para ser mejores ciudadanos, lo que significa entre otras cosas ser más conscientes y responsables de los propios actos. Para lo cual, tener unas sencillas nociones de Derecho me parece esencial.
Es importante, qué duda cabe, estudiar y conocer quiénes fueron Platón o Felipe II, en qué consiste la tabla periódica, cómo se calcula el área de un triángulo, cuál es la estructura lingüística de una determinada oración, cómo se reproducen las plantas, o tener un nivel muy alto de inglés. Y lo es no únicamente por la propia y mera información que se obtiene de su estudio, sino también porque todas estas variadas materias, y otras muchas más,  “entrenan” la mente, la abren, y la estructuran y la preparan mejor para el futuro.
Siendo esto así, por el contrario siempre me ha llamado la atención la ausencia casi absoluta de enseñanza en la etapa escolar de lo que podríamos denominar Derecho básico para la vida diaria. El Derecho es algo con lo que a lo largo de nuestra vida nos vamos topando continuamente, nos rodea por todos lados, y sin embargo parece considerarse como algo para juristas, para especialistas en definitiva, cuando es todo lo contrario: cuanto mejor se conozcan unas cuantas nociones prácticas, más preparados estaremos en muchos momentos de nuestra vida. ¿O es que no vamos a comprar una casa o a arrendarla, a montar un negocio por medio de una sociedad, a otorgar o recibir un poder, a resolver temas de herencias o plantearnos nuestro testamento, a recurrir una notificación administrativa que consideramos injusta, a pelearnos (o no) en una junta de propietarios de nuestro edificio, a contraer matrimonio y tener que elegir un régimen económico,  a firmar contratos laborales, a tener que acudir a un juzgado, etc., etc.? Pues sí, una o probablemente varias de estas cosas nos van a suceder a lo largo de nuestra vida, y lo cierto es que al terminar con la mayoría de edad la etapa escolar, de todas ellas y de muchas otras, los estudiantes no saben prácticamente nada. ¿Y eso por qué? Resulta que todos estos conocimientos de gran utilidad para su futuro no los aprenden cuando están en disposición y condiciones ideales de hacerlo, sino después, a salto de mata, de manera imperfecta y asistemática, y a veces ni siquiera.
A estas materias hay, desde luego, que añadir, las que tienen específica relación con las entidades financieras, las cuales conforman casi una asignatura en sí mismas. No es necesario recordar el vuelco que en los últimos años se ha producido en cuanto a la confianza que la sociedad en general tenía en la solvencia de sus instituciones financieras, en general, y en el consejo y asesoramiento que esas entidades prestaban por medio de los directores de las sucursales a los clientes. Del todo a la nada, y no sin falta de razón, desde luego. Ahora sí somos más conscientes de que los bancos están para hacer negocio y no para ponerse del lado del cliente, y que si bien son necesarios, por mucha normativa que haya que en teoría proteja al cliente bancario, la mejor protección es que ese cliente tenga la actitud correcta, de autodefensa de sus propios intereses. Para lo cual es imprescindible tener suficiente educación financiera. Y el momento ideal para ofrecerla es, en también, en mi opinión, la etapa escolar. No se trata de grandes profundizaciones, sino de tener claros los conceptos básicos: qué es un préstamo, un crédito, una hipoteca, un leasing, que es la TAE y para qué sirve, cómo se abre una cuenta corriente, qué posibilidades tengo de recurrir y a quién en caso de que en mi opinión exista un abuso bancario, en qué medida es razonable endeudarse en función de los ingresos…
Y por mi parte añadiría también ideas más generales: que hay que abandonar la posición cómoda, sí, pero pasiva y profundamente perjudicial que ha tenido el cliente bancario en España, de dejarse hacer, de confiar demasiado, tanto por no entender en muchas ocasiones, como por no molestarse en buscar, en otras. Ya hace muchas décadas, el maestro Garrigues nos alertaba contra la cultura del dónde hay que firmar. ¿Ha cambiado mucho la situación? Mi impresión es que, a pesar de todos los pesares, y aún con esta enorme crisis encima, no lo ha hecho. O no lo suficiente, al menos.
A esta idea se anuda otra, que es cien por cien educación para la ciudadanía, en mi opinión: hay que comprender el verdadero valor de la firma de cada uno. Firmar en un contrato significa prestar el consentimiento al contenido del mismo, sea cual sea éste. Incluidos los bancarios. No es buena actitud el esperar que sean todos los demás –leyes, jueces, el Estado, los propios bancos- los que trabajen para protegernos y que nosotros mismos no asumamos esta tarea en primera línea de fuego. Y la primera enseñanza para ello es valorar la propia firma, en tanto en cuanto supone reflejar nuestra conformidad, y no volver a preguntar dónde hay que firmar, sino qué hay que firmar.
Formar a los escolares en ciudadanía no es pretender inculcarles unos valores que solamente comparte una determinada opinión política, ética o religiosa, sino que, entre otras cosas, es prepararles para ser ciudadanos más formados, más conscientes, más responsables. Ganan ellos y gana la sociedad en su conjunto. El Derecho en su vertiente más práctica y aplicable en la vida cotidiana es una herramienta utilísima para ayudar a conseguir esos objetivos.
De modo que, sí, soy muy partidario de una asignatura escolar que podría llamarse Educación jurídica y financiera para la ciudadanía. Porque para que una sociedad tenga altura, primero hay que asentar la base. Y eso es imposible sin una correcta educación.

De políticos, tesis doctorales y plagios

Con este título no me quiero referir a que nuestra clase política se dedique a la profesión médica, sino que hay un número relativamente elevado de políticos patrios que deben de pensar que su cv queda más lucido si tienen el doctorado y han escrito una tesis, vaya usted a saber por qué, dado que si algo es patente en nuestra partitocracia es que el principio de fidelidad, y no el del mérito y capacidad el que suele determinar el acceso a los cargos públicos. Por otra parte, la Universidad española es muy generosa valorando las tesis doctorales –esto es un secreto a voces, del que se han ocupado algunos autores ilustres como Jordi Llovet     en su libro “Adiós a la Universidad” de manera que casi todo el mundo que lee la tesis obtiene un “cum laude”, por lo que tampoco obtener esta calificación es, “a priori” , garantía de excelencia.
Pero, con todo, para leer una tesis hay que escribir una tesis. Y por lo menos hay unos requisitos mínimos de extensión, de estructura, de investigación y documentación, etc, etc. Su elaboración lleva un tiempo. Es verdad que siempre se puede acudir a la socorrida figura del colaborador (vulgo “negro”)  lo que quizá explique el que políticos con altas responsabilidades ejecutivas hayan podido escribir sesudas tesis en sus ratos libres, pero esta posibilidad no está al alcance de todo el mundo. Como no lo está remunerar este tipo de servicios con cargos públicos. Así que no es de extrañar que otros tengan que recurrir al más modesto “copypaste”, es decir, al cortapega puro y duro de la propiedad intelectual ajena.
Aquí tenemos por ejemplo una noticia referida a un ex alto cargo de la Comunidad Valenciana  No es el primer caso ni será el último, dado que -por lo que parece- es una práctica que se puede practicar con total impunidad, salvo que el agraviado o copiado te demande. No hay una sanción administrativa que, por ejemplo, te prive del título de doctor si se comprueba el plagio. teniendo en cuenta que la comprobación no es muy complicada. Y es que esto no es Alemania donde uno arruina su carrera política o dimite por copiar no ya una tesis, sino unos cuantos párrafos de otra publicación sin citar al autor o por colocar unas cuantas citas dudosas.  El caso de la ministra de Educación y Ciencia alemana es paradigmático. Por supuesto la Universidad de Dusseldorf le retiró el título de doctora. ¡Ah! Y la ministra dimitió antes de que los Tribunales de Justicia decidieran sobre el tema.
En España, la historia es muy distinta. En nuestro caso, el ex Conseller de Sanidad de la Generalitat de Valencia, Manuel Cervera –ejemplo que fue sugerido por un lector del blog,por cierto- plagió nada menos que 80 hojas de su tesis de un trabajo anterior, siempre según esta noticia. Para que no falte de nada, este mismo ex Conseller está imputado por adjudicar contratos a la trama Gurtel durante su etapa de Consejero de Sanidad, aunque por supuesto al declarar ante el juez eludió toda responsabilidad.
Por lo que aquí nos afecta, lo más interesante es que, al parecer, la Universidad de Valencia no piensa hacer nada al respecto. Según fuentes de esta institución (cuya financiación depende de la Generalitat valenciana no hay ningún mecanismo previsto ni para investigar un plagio -insisto en que la investigación no parece muy compleja- ni para sancionarlo. Nada de retirar el doctorado. Vamos, que no hay nada que hacer si el  “copiado” no demanda al plagiador ante la jurisdicción civil por violación de propiedad intelectual. Todo muy cómodo, en primer lugar porque puede que el “copiado” en cuestión a) no se entere b) no esté en disposición de dedicar tiempo y dinero a un pleito c) no tenga ganas de enfrentarse con gente importante, que la vida es muy larga y da muchas vueltas. Es verdad que el plagio también puede ser un delito o una falta, según el art.272 del Código Penal -que exige en el primer caso ánimo de lucro- pero no es ésta me imagino la vía habitual en caso de una tesis universitaria.
Pero como decimos no es ni mucho menos el único caso aunque sí uno de los más vistosos. Aunque quizá no tan misterioso como el de la tesis del Presidente del COE. Alejandro Blanco (sí, sí, el mismo que domina el idioma de Shakespeare, recuerden su inmortal “I don´t listen the ask” en la ceremonia de presentación de la candidatura de Madrid a los JJOO) que la recomendable web  de la plataforma contra la corrupción y acoso en la Universidad Pública detalla en el link. Al parecer la memoria de la tesis del políglota estaba plagiada, pero la Universidad, esta vez la de Vigo, dice que como no se admitido para su lectura, pues que tampoco pasa nada. Claro que otros casos que cuenta esta misma plataforma (de nuevo de la Universidad de Vigo) tampoco tienen desperdicio aunque no sean cargos públicos. Para ser justos hay que reconocer que no todos los políticos son plagiarios, ni todos los plagiarios son políticos.
En cuanto a la regulación de la enseñanzas oficiales de doctorado está recogida en el RD 99/2011 de 28 de enero  donde efectivamente no se prevé ningún tipo de consecuencia por plagiar una tesis.  Además por lo que se ve, tampoco hay ningún medio disponible para detectarlo pese a la existencia en el mercado de aplicaciones informáticas (muchas instituciones disponen de ella) que permiten cómodamente comprobar si se ha hecho un uso abusivo del «copypaste». La explicación puede ser que las Universidades españolas prefieren invertir en ladrillo antes que en garantizar la originalidad de las tesis doctorales, en congruencia con las preferencias de la sociedad española que parece apreciar más los buenos edificios que los buenos doctores.
Convendría recordar que «plagio» (según la wikipedia) deriva de un término latino plaga que significa trampa. Plagiar una tesis (o lo que sea) y que no pase absolutamente nada en una institución universitaria es hacer trampa, más allá de lo que pueda ocurrir en vía civil y hasta penal. Que los rectores prefieran hacer la vista gorda – especialmente en el caso de plagiarios importantes- nos dice mucho de como está el patio. Convendría que también en el ámbito universitario empezara a romperse la “omertá” reinante sobre el nepotismo, las malas prácticas, los plagios y en definitiva la corrupción porque de eso es de lo que estamos hablando. Aunque quizá cueste más que en otros sectores, no solo por la existencia de grupos de interés muy poderosos sino sobre todo porque la sociedad española todavía considera que sus universidades públicas funcionan razonablemente bien y que si alguien tiene un título de doctor “cum laude” es porque ha hecho la tesis con mucho esfuerzo, o que si tiene tres títulos aunque uno sea de protocolo es que es un prodigio. Convendría dejar de hacemos trampas al solitario.

Economía colaborativa y licencias Creative Commons o cómo hacer realidad la gratuidad de los libros de texto.

En estos días de inicio de curso escolar uno de los temas que más preocupa a las familias españolas es el precio de los libros de texto y material escolar, cuyo desembolso representa una auténtica sangría económica para la mayoría de las familias. El gasto medio por alumno en la etapa obligatoria, según datos del INE, ronda los 400 euros por alumno y ello a pesar de que la Constitución establece en su artículo 27.4 CE  que “la enseñanza básica es obligatoria y gratuita”.
La enseñanza gratuita en la etapa obligatoria es un pilar fundamental del Estado de Derecho y condición necesaria para que exista una verdadera igualdad material. Para hacer efectivo este mandato constitucional, la gratuidad no debe quedar limitada a la prestación del servicio educativo en cuanto tal, sino que ha de extenderse a todos los elementos necesarios, incluidos los libros de texto, como ha dicho el Defensor del Pueblo, Institución que desde el año 1995 lleva insistiendo sobre esta misma idea. En el más reciente Informe, de 2013,  se afirma que “la gratuidad ha de abarcar a todo el conjunto de actividades y medios que resultan precisos para que los alumnos cursen las enseñanzas correspondientes” y se insta a los responsables a buscar medidas que la hagan efectiva, mostrando preferencia por los programas de préstamo por ser más eficientes (al ser mayor el número de usuarios potenciales con el mismo coste) y porque la reutilización fomenta, en sí misma, la adquisición de un hábito de alto valor educativo.
La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la Calidad Educativa, en su Disposición adicional quinta, establece que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte “promoverá el préstamo gratuito de libros de texto y otros materiales curriculares para la educación básica en los centros sostenidos con fondos públicos, en el seno de la Conferencia Sectorial de Educación”.
El problema para hacer realidad la gratuidad que exige nuestra Constitución es que los libros de texto siempre han tenido un coste y un precio (nada es gratis, recuerden) y en este escenario el debate giraba en torno a quién habría de pagarlos, si el Estado o las familias.
Este escenario tradicional se asentaba sobre dos premisas. La primera, que los libros han de editarse, imprimirse y distribuirse a través de los cauces tradicionales. La segunda, que todos los libros están protegidos por derechos de propiedad intelectual. A estos condicionantes habría que añadir un tercero, imperante en España hasta 2007, que era el precio fijo de los libros (incluidos los de texto) y felizmente suprimido (al menos para los libros de texto) en parte por las recomendaciones que el extinto Tribunal de Defensa de la Competencia dirigió en 1995  por la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. 
La utilización de libros de texto no es obligatoria en el sistema educativo español y nada impide que se utilicen materiales elaborados por los propios profesores, como se apunta en un reciente post del blog “nada es gratis”. Ahora bien, los libros de texto presentan una ventaja competitiva evidente: cumplen los programas oficiales y están orientados a un curso académico. Esta ventaja tiene también que ver con las economías de escala, pues la elaboración de materiales por el profesor para un reducido grupo de alumnos resulta comparativamente menos eficiente. Esto es así en el esquema tradicional. Hasta ahora.
Un grupo de profesores de la Comunidad de Madrid han comenzado a publicar material didáctico y libros de texto que se ajusta a los programas oficiales. Estos contenidos han sido creados bajo una licencia “creative commons”  por la que se autoriza la libre reproducción de la obra siempre que se cite la fuente, de manera que los interesados, por ejemplo, en reproducir los materiales, no tendrán que solicitar permiso al titular de los derechos pues, mediante este tipo de licencia, el permiso se entiende concedido de antemano. Al estar libre de derechos por expresa decisión de los autores, estos materiales no solo son fuente de competencia, sino que su carácter gratuito les otorga una ventaja competitiva.
Los proyectos de economía colaborativa son más eficientes cuantos más usuarios pueden aprovechar los mismos recursos. En este caso, los recursos son las horas de trabajo y los conocimientos de los profesores. Solo gracias a Internet – que permite que los contenidos sean accesibles a un número potencialmente ilimitado de personas – es posible que un proyecto de esta naturaleza sea eficiente.
Es prematuro saber cuáles serán las consecuencias de esta iniciativa, así como su impacto en las economías de las familias y en la estructura del mercado. Ello dependerá, como es obvio, del número de alumnos que lleguen a utilizar estos materiales y de otros factores que no quiero aventurar.
Pienso que no estamos aún suficientemente concienciados de lo importante que es la defensa activa del dominio público en el ámbito de los derechos de propiedad intelectual y quizá pronto llegue el día en que esto nos parezca tan necesario para la sociedad como la defensa del medio ambiente. Este tema lo dejo para otro posible post pero aquí está (para quien tenga tiempo y ganas) el libro del Profesor de la Universidad de Duke James Boyle 
Cualquier avance tecnológico puede generar resultados impredecibles y por esta razón hay quien ve en el progreso una amenaza. Creo que algunos no les falta algo de razón, pues el progreso tecnológico, para que sea útil a la Humanidad, ha de venir necesariamente aparejado del progreso moral. Si pensamos que diez años después de la invención de los aviones, ya se utilizaron para bombardear ciudades, cualquier avance técnico se nos presenta como algo temible. Pero ¿y si pensamos en cuántas vidas se han podido salvar gracias a los avances médicos o la facilidad con que podemos comunicarnos con nuestros seres queridos gracias a las nuevas tecnologías?
Las sociedades cristalizan en torno a un sistema de valores que en parte se transmiten a través de la educación. De ahí que el control de los contenidos educativos haya sido un empeño histórico de todos los regímenes totalitarios, esencial para fraguar mentes monolíticas, extirpando de ellas elementos tan peligrosos para la estabilidad social como la creatividad, que resulta esencial para el pensamiento crítico.
Una iniciativa como la aquí descrita presupone a sus promotores un espíritu altruista que necesariamente impregnará esos contenidos y ya no solo por su valor ejemplarizante, sino por la sensibilidad social que han demostrado los docentes implicados en esta tarea. Ya lo dijo Emerson: “el secreto de la educación está en el respeto al discípulo”.

La vuelta al cole. Una comparativa entre España y Suecia

Con el inicio de septiembre, cada año es noticia el gasto de las familias españolas en la “vuelta al cole”. Todos los años durante unos días, hacemos comparaciones con otros sistemas educativos y cada vez son más las asociaciones y webs que han creado plataformas para intercambiar libros y uniformes usados. Voy a tratar de aportar mi granito de arena comparando el gasto que supone la vuelta al cole en España y en Suecia. Adelanto que Suecia parece Arcadia frente a nosotros pero, como en todos sitios, no todo es de color rosa. Los niños suecos vienen perdiendo posiciones en los informes PISA, y dicen las voces críticas que esto se debe a los cambios normativos de los últimos años en una dirección que nosotros conocemos bien, como apuntaré más adelante.
El año pasado, la OCU publicó unos datos basados en sus encuestas , donde se recogía que el gasto medio de las familias españolas en libros de texto para 2013-2014 sería de 189 euros por hijo matriculado en un colegio público y 243 euros por niño en un concertado. En uniformes escolares, el gasto medio iba a ser de 153 euros por niño y 77 euros en ropa deportiva. En total, 439 euros por hijo, sólo en uniformes y libros.
Los gastos en concepto de matrícula, según el mismo informe, oscilarían entre los 39 euros del colegio público y los 277 euros del privado.
Se añadían gastos de comedor, clases extraescolares, transporte, material escolar, etc., hasta llegar a un gasto medio anual por hijo de casi 1.900 euros, y en el caso de colegios privados más de 5.000 euros.
Este año, El Mundo publicaba el 1 de septiembre que el gasto medio en educación de las familias españolas con hijos en edad escolar durante 2013, fue de 1.055 euros, según el informe de perfiles de consumo Habits, elaborados por AIS Group. Importe que no es igual, ni mucho menos, dependiendo de cada Comunidad Autónoma.
En todo caso, una cifra promedio de más de 1.000 euros al año por hijo parece excesiva en España, donde el sueldo mínimo interprofesional en 2014 es de 645,30 euros mensuales en 14 pagas (9.034 euros al año), un 33% de la población activa gana entre dicha cifra y 1.200 euros brutos, y casi el 50% entra en el concepto de “mileurista”, según datos del INE de 2014. Además, el porcentaje oficial de paro publicado en julio de 2014 es del 24,5% de la población activa, y en los años de la crisis se han recortado las ayudas para comedor y transporte. ¿Cómo salen las cuentas de algunas familias? ¿Dónde está el truco matemático?
En Suecia la vuelta al cole les supone a los padres muy poco gasto. Ropa y zapatos de invierno nuevos, porque el niño crece.
La enseñanza sueca es obligatoria entre los 7 y los 16 años, y es mayoritariamente pública. Existen colegios privados: los de un idioma y cultura concreta con implantación internacional que todos conocemos, y sólo 3 (en todo el país) que siguen el programa sueco pero imparten únicamente los tres últimos años de enseñanza obligatoria (de 13 a 16). Con 7 años todos los niños se escolarizan en colegios públicos, o en friskolan, concertados totalmente financiados por la Administración Pública, que no pueden cobrar matrícula ni mensualidades (aunque pueden aceptar donaciones). En todo caso, los friskolor suponen un 16% de los colegios durante la educación obligatoria, al que asiste un 15% de los alumnos.
El sistema escolar en Suecia está basado en el principio de igualdad entre los niños. Este principio conduce, no a vestir a los niños con uniformes para que no afloren las diferencias sociales que se detectan en otros países en todo lo demás (clases extraescolares que los padres pueden pagar, tipo de colegio, etc.), sino al establecimiento de una educación gratuita que se garantiza prohibiendo que las familias paguen por la educación de sus hijos, de forma que puede denunciarse al colegio que haya pedido a un niño que compre o traiga cualquier material. Incluso un sándwich. Si hay una excursión, el que quiera puede llevar “merendola”, pero el colegio estará preparado para suministrar una bolsa de pic-nic a todo niño que no la traiga.
No llevan uniformes. Los libros los suministra el colegio y permanecen en su propiedad, como los pupitres y las pizarras, y los alumnos los utilizan cada año y los dejan para los niños del siguiente curso en el mejor estado posible. Aquellos libros que han sufrido un mayor desgaste o son libros de ejercicios, son repuestos cada año por el colegio. Todo el material, hasta los lápices, los proporciona el cole.
Las actividades del colegio son gratuitas durante el horario escolar, de 8:10-30 a 14:00-15:00, dependiendo de la edad. Lógicamente, no todos los suecos no trabajan o trabajan hasta esa hora; muchos niños tienen que esperar a que sus padres los recojan sobre las 17:00 o 17.30. No hay problema. Hasta esa hora el colegio ofrece actividades extraescolares que cuestan, esas sí, 120-130 coronas suecas mensuales (15 euros). Asequible, ¿no? Otras extraescolares que imparten asociaciones y clubes públicos y privados, en sus sedes o en las instalaciones del cole, suelen recibir también subvenciones públicas, por lo que son baratas.
Todo esto en un país donde no existe un salario mínimo interprofesional reglado, pero los salarios brutos establecidos como mínimo (lägstalön) en convenios colectivos como el del acero y la metalurgia, que están entre los sueldos más bajos, rondan los 1.700 euros mensuales (tipo de cambio actual: 1 SEK = 0.108549 EUR), y donde el porcentaje de paro es del 7,1%, en julio de 2014  . Por no mencionar que todo niño recibe unas 1.050 coronas suecas mensuales (114 euros), desde que nace hasta los 16 años. Pagan más impuestos que nosotros, eso sí, y es casi seguro que contribuyen a la Hacienda Pública casi todos.
No obstante, no todo son buenas noticias en el sistema escolar sueco. Desde hace 16 años, la gestión de los colegios es una competencia que ha pasado a las municipalidades, y se ha suprimido la antigua obligación de asistir al colegio más próximo al domicilio; ahora los padres pueden elegir si llevan a sus hijos a un colegio lejano que, sin embargo, esté ganando reputación en alguna materia.
Todo esto no va a contribuir a reforzar tan idílico escenario. Eso lo sabemos los que, en relación a la primera cuestión, hemos vivido la progresiva descentralización de competencias de interés general que afectan a los ciudadanos de todo el Estado, y la proliferación de normativa autonómica en esas materias, sin que se contrarreste con una defensa clara de dicho interés general o con una mínima armonización. Ya sea el caso de norma básica conviviendo con regulación autonómica sobre la misma materia que persigue fines diferentes, o normativa autonómica exclusiva o transferida, sin que nunca se haya apreciado la necesidad de aplicar el art. 150.3 CE (recomiendo leer la STC 76/1983, de 5 de agosto).
En cuanto a la segunda cuestión, no se trata de un parangón exacto pero los españoles también sabemos lo que es un sistema escolar donde coexisten colegios privados, concertados y públicos, y es realmente difícil entrar en algunos de ellos, con las diferencias sociales y de resultado que acarrea el haber estudiado en un colegio o en otro.
Pero estos son problemas actuales de los suecos, que evolucionarán teniendo en cuenta, entre otros factores, el gobierno que resulte de las elecciones de este mes.
Desde el punto de vista español, sólo podemos tratar de imaginar la satisfacción que debe de producir que con el dinero de tus impuestos, tus hijos –cuantos te haya apetecido tener- puedan estudiar sin que tengas que presupuestar cada año la correspondiente sangría. Por otra parte, la aplicación del principio de igualdad entre los niños en la forma descrita, hace posible que los hijos de familias emigrantes se hayan integrado en el sistema social sueco y en su cultura desde corta edad, y que un importante porcentaje de ellos, así como los hijos de familias menos favorecidas, acceda a la educación superior y a puestos bien remunerados para personal cualificado, con la seguridad y la confianza de sentirse iguales a sus compañeros de trabajo en lo más profundo.
España se define como un Estado social y de Derecho, y propugna como uno de sus valores superiores la igualdad (art. 1 CE), y en el art. 27.4 CE se establece que la enseñanza básica es obligatoria y gratuita y, sin embargo, según con quién nos comparemos, no parece ni que se garantice la igualdad de todos los ciudadanos, y no digamos de los niños, ni que la enseñanza obligatoria sea tan gratuita. Como han repetido tantas personas con mejor criterio que el mío, cuando un Estado con este desiderátum no sólo no se preocupa por tener el mejor sistema educativo y hace todo lo posible en el reparto presupuestario del erario al que contribuimos los que lo hacemos, para que este servicio sea coherente, gratuito o accesible, sino que acomete recortes sin pudor, junto a reformas normativas que pagan las familias con sus salarios netos, dicho Estado está contribuyendo a su decadencia social, política y cultural, lo que también conducirá, cómo no, a su mediocridad económica.

¿Qué pasa en la Universidad? El libro «Universidad y Ciencia en España» de Clara Eugenia Nuñez

Lamentablemente no conseguimos hablar mucho en nuestro blog del funcionamiento de las Universidades españolas, que hasta ahora han conseguido salir más o menos indemnes del desastre institucional, o para ser más exactos, de la percepción ciudadana sobre la quiebra de nuestras instituciones. Aunque últimamente empiezan a salir algunas noticias sobre la alegría con la que los Rectores se gastan el dinero de los contribuyentes mientras protestan contra los “recortes” que sufren sus Universidades o sobre las prácticas mafiosas de algunos Magníficos (como el Rector de la Universidad Juan Carlos I, Fernando Suarez, imputado por un delito de amenazas)  dispuestos a todo para ganar las elecciones creo sinceramente que todavía no somos muy conscientes de la gravedad del problema.
La razón es que si ya es difícil conseguir que un funcionario hable de lo que pasa en su institución, todavía es más difícil conseguir que un catedrático o un profesor de Universidad en activo nos hable de endogamia, corruptelas, despilfarro, “puertas giratorias” (vía grandes despachos en el caso de los juristas) seminarios o congresos en países exóticos con cargo al contribuyente  o sistemas de compra de votos en elecciones a Rector. Lo que no quiere decir que no lo sigamos intentando. En todo caso, siempre es recomendable enterarse de que pasa en las Universidades españolas y sobre quien es quien antes de decidir mandar a nuestros hijos a estudiar a una de ellas. La web  http://www.corruptio.com/ de la Asociación para la Transparencia en la Universidad ofrece información sobre los casos de corrupción y falta de transparencia y permite también realizar denuncias.
Para una perspectiva más general recomendamos el libro de Clara Eugenia Nuñez, de la editorial Gadir, “Universidad y Ciencia en España” (claves de un fracaso y vias de Solución)  que tiene la ventaja de haber sido escrito por una profesora de Universidad que además ha ocupado el cargo público de Directora General de Universidades e Investigación de la Comunidad de Madrid durante varios años a lo largo de los cuales intentó llevar a cabo una profunda reforma de las Universidades públicas madrileñas que terminó en fracaso. El libro ofrece un diagnóstico certero sobre la Universidad y la Ciencia en la España del siglo XXI, una historia de la Universidad y la Ciencia desde el siglo XIX (de aquellos polvos vienen estos lodos) una explicación de los problemas que tiene actualmente la Universidad española, nacidos en la Transición (concesión de una autonomía total y de una irresponsabilidad total, una combinación letal) y unas propuestas de reforma que si bien no fueron finalmente posibles -particularmente tras el nombramiento de Lucía Figar como Consejera de Educación que restauró la tradicional relación clientelar tradicional con las Universidades públicas- quedan ahí como muestra de lo que hay que hacer y también de los formidables obstáculos que se oponen a una reforma universitaria que favorecería a los alumnos y a la sociedad española pero perjudicaría mucho a los dueños del cortijo.
Resulta apasionante en todo caso la historia de este fracaso, narrado en primera persona, tanto en la primera época de esperanza e impulso (con el Consejero de Educación Luis Peral y bajo el amparo de la todopoderosa Esperanza Aguirre, que “compra” la reforma que propone la autora) como durante la segunda, con la nueva Consejera Figar (apadrinada por Esperanza Aguirre) que finalmente destituye a la autora tras varios desencuentros que se narran con detalle en el libro y que no dejan precisamente bien a la todavía Consejera de Educación, ni desde el punto de vista político ni personal. En todo caso, la obra, como indica su subtítulo, es la historia de un fracaso de un intento de reforma serio –si bien tímido- de los perversos sistemas de incentivos que rigen en la Universidad pública española, en este caso en el ámbito de la Comunidad de Madrid.
En la obra se facilitan abundantes datos, tanto históricos (recordando aquellos casos de éxito, que también los ha habido  y que por distintos motivos no fueron más que islas en un mar de mediocridad) como económicos y sociológicos que hablan por sí solos. Apunta también a las causas profundas de los males de nuestra Universidad (básicamente el sistema de financiación, el sistema de gobernanza y la politización) y a los cambios que se han realizado otros países que tenían problemas similares y que han conseguido gracias a reformas similares a las que intentó poner en marcha Clara Eugenia Nuñez conseguir una Universidad pública de calidad.
Los “malos” de la historia, y esto quizá es lo más interesante, no son solo los obvios, es decir, los políticos partitocráticos con nula experiencia profesional, maneras de reyezuelos y  escasa preocupación por los intereses generales, encarnados perfectamente en la Consejera de Educación, sino los propios rectores de las Universidades madrileñas. Particularmente demoledora es la descripción que hace de ellos Clara Eugenia Nuñez citando literalmente sus declaraciones y reacciones ante un intento de reforma que consideraron –con razón- como un ataque frontal a sus intereses y su “status”, por mucho que fuera a mejorar el rendimiento de las Universidades pagadas con dinero de los contribuyentes. Ya dijo Luis Garicano en su momento que el de los rectores era el lobby más reaccionario de España. Por cierto, que el famoso informe sobre la reforma de las Universidades  que encargó en su día el Ministro Wert a un grupo de expertos (entre ellos el propio Garicano) debe de dormir el sueño de los justos en algún cajón del Ministerio. Y es que este toro no es fácil de lidiar, ni siquiera para un Ministro que se las da de bravo.
En último término la historia de este fracaso resulta apasionante y merece la pena ser contada –los seres humanos aprendemos más de los fracasos que de los éxitos- y las propuestas de reforma ahí quedan, lo mismo que el primer intento frustrado de llevarlas a cabo y la forma en que se torpedeó desde arriba (una vez producido el “giro copernicano” en la Consejería, dado que a la autora se le había nombrado precisamente para llevar a cabo por la misma Presidenta de la Comunidad de Madrid que luego la dejó en la estacada) y, sobre todo, desde las propias Universidades. Por supuesto con la complicidad y la colaboración de muchas personas que circulan por las páginas del libro con nombres y apellidos. Particularmente triste resulta la historia de los IMDEA, Institutos Madrileños de Estudios Avanzados concebidos como un nuevo marco institucional para la ciencia –al margen de las Universidades- y su progresiva “okupación” hasta su reducción a la categoría de chiringuito. Para los juristas, y más para los autores de ¿Hay Derecho? resulta fascinante la operación de acoso y derribo del IMDEA Ciencias Sociales, dado el desprecio por las normas vigentes demostrado por el equipo de la Consejería de Educación en la toma del Patronato. De haber leído antes el libro lo hubiéramos sacado en el capítulo “las leyes son para los otros”.
Como ya hemos dicho el libro deja constancia de un intento de reforma que honra a la autora y a otros colaboradores (y superiores y jefes políticos, antes del cambio en la Consejería)  y pone de manifiesto cuales son los auténticos enemigos de una Universidad pública de calidad y qué  tipo de armas están dispuestos a utilizar para mantener su finca. Ya saben, aunque solo sea por la razón de que para ganar una batalla hay que conocer bien al enemigo, no dejen de leer el libro. A ver si la próxima vez hay más suerte.

Educar en democracia, respetar la pluralidad. El peligroso asedio nacionalista a la educación.

Un instituto de Mallorca, febrero de 2011. Se han parado las clases (yo pierdo matemáticas) y bajamos al patio del instituto, al que me he cambiado este año. Desde una ventana preside el patio una bandera no oficial, la independentista catalana. Todos los alumnos del centro, de 12 a 18 años, tenemos la obligación de presenciar el acto y los profesores hacen cordón para que no podamos acceder a otras zonas. Otros docentes, que no comulgan con lo que allí va a tener lugar, se han quedado en los departamentos o en el bar. Hay más pancartas, todas de burla y ofensivas contra una persona. ¿Un asesino? Ni en ese caso sería justificable cargar a los niños con tal odio hacia una persona, con el agravante de suceder en un centro educativo. Pero no, no es un delincuente. Es el candidato a la presidencia de Baleares por el PP, José Ramón Bauzá. ¿Qué habrá hecho? Hay elecciones en pocas semanas y ha anunciado que él y su partido, de ser elegidos, harán respetar el derecho a estudiar en las dos lenguas oficiales de la comunidad (acabarán con la inmersión lingüística) y harán que los libros de texto estén en las modalidades lingüísticas baleares, y no en el ‘catalán de Cataluña’ actual. Las pancartas rezaban diferentes consignas, tales como: ‘por la educación en catalán, fuera el señor Bauzá’ y lucían un mapa de una parte de España, la que reivindican que se independice formando unos «Países Catalanes»: Cataluña, Valencia y Baleares. Entonces diferentes personas: el director, profesores y alumnos, se sucedieron para leer un discurso, como no podía ser de otra manera visto el panorama, contra una persona, un partido y un ideario. Tristemente, lejos de ser un caso aislado, estas ‘jornadas’ se celebraron en diferentes centros de Baleares simultáneamente. Aun así, ese programa electoral ganó las elecciones con mayoría absoluta.
Y entonces uno se queda perplejo, ojiplático y boquiabierto ante el circo que hay montado. Los funámbulos de la educación que hacen acrobacias sobre la delgada línea de la ilegalidad utilizan su privilegiada situación de autoridad sobre las nuevas generaciones para que fichen como marionetas. Por suerte son una minoría de profesores, pero el resto se mimetiza por comodidad o calla por la misma razón. Ante este control ideológico de los alumnos, nuestros gobernantes han seguido sin mover un dedo mientras las quejas eran, aunque numerosas, ahogadas, pues la prensa, copada por la ideología nacionalista, no tenía espacio para hacerse eco de estas denuncias.
La educación en un Estado democrático va acompañada de un requisito inherente: educar en democracia y para la democracia. Ello implica respetar la pluralidad de pensamiento de todas las personas, así como de raza o religión, en beneficio de aquel que ahora es tratado de ‘disidente’ (‘facha’ en su fraudulento lenguaje) y con el fin de que los estudiantes aprendan a convivir con sus semejantes desde el respeto, y no rechacen con la burla y el insulto a quienes tienen ideas diferentes. Como indica nuestra Constitución en su artículo 27.2, la libertad de pensamiento es componente irrenunciable: La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.
Síntoma de la educación autodestructiva que padecemos en Baleares es, por ejemplo, el insulto de profesores a alumnos (durante las clases y con total impunidad) bajo los apelativos ‘facha’, ‘botifler’ o ‘súbdito de Felipe V’ o que el director del centro llame la atención, alertado por una organización de alumnos, a los profesores que dan las clases indistintamente en castellano y mallorquín y que así lo permiten a sus alumnos o que se haya generalizado el ‘no t’entenc’ (‘no te entiendo’) de profesores a alumnos llegados de otras comunidades o países y que no conocen el mallorquín/catalán o que se penalice por presentar un trabajo en castellano o que se lean manifiestos contra un partido político en clase o que haya un cartel a la salida al patio que diga ‘si quiere ser atendido en castellano, lárguese’ o ‘con tus padres, habla también en catalán’.
Así pues, en su día a día, un alumno en Baleares ve vulnerado el preciado artículo 10 de la Constitución que le ampara: La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social. Se le restringe el derecho a estudiar en español en España, se le intenta guiar por la senda nacionalista y, en muchos casos, se le denigra.
Sin embargo y contra todo pronóstico, señal de que todavía estamos en democracia, gente de los diferentes ámbitos de la comunidad educativa ha empezado a disidir con más contundencia. Desde los alumnos, que formamos una asociación estudiantil contra la politización de la enseñanza y a favor del bilingüismo (Estudiantes Libres de Baleares), hasta los profesores, pasando por los padres y por la sociedad civil en general.
Todos estos movimientos cogieron fuerza tras el caos y el descontento que vivimos con una huelga indefinida de profesores que duró finalmente casi un mes contra el Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL), que introducía el castellano y, en menor proporción, el inglés como lenguas vehiculares de la enseñanza. Ahora ya se anuncia otra huelga indefinida para el mes antes de las elecciones autonómicas en 2015. Quienes lo organizan no se esconden: no sacrifican todo este esfuerzo por mejorar el nivel de sus alumnos ni por ofrecerles mejores prestaciones, esa excusa no les vale y a su forma de protestar me remito, lo hacen por no perder un sistema de educación exclusivamente en catalán que da al castellano trato de lengua extranjera.
Esta situación lleva muchos años, aunque se ha incrementado en los últimos cuatro cursos, desde que el catalanismo ve temblar su establishment ante las promesas del Partido Popular de tumbar una política educativa discriminatoria de la que hasta ahora había sido cómplice. Y es que durante años ningún gobierno, ni central ni autonómico, había hecho cumplir las sucesivas sentencias de los tribunales Supremo y Constitucional. Habían preferido hacer oídos sordos dando la espalda a sus ciudadanos a enfrentarse de lleno contra una trama muy bien organizada y que, además, controla el poder mediático.
Toda persona es digna, única, independiente y autónoma y nadie ha de intentar alterar esas cualidades. Cada niño forja su personalidad, sus creencias, sus sueños y sus miedos según sus vivencias y su propio razonamiento. La educación sistematizada, pública y universal, es uno de los eslabones primeros de la democracia. Pero solo si ésta forma ciudadanos libres; en caso contrario es también puntal de toda tiranía. La diferencia entre ambas radica en el respeto a la pluralidad. Lo que la educación sistematizada en países democráticos, de ciudadanos libres, potencia y protege, la educación sistematizada en países dictatoriales destruye y prohíbe: la libertad.
 

El triunfo del esfuerzo y de la fe (a propósito de la victoria en Liga del Atlético de Madrid)

Ya saben ustedes, queridos amigos seguidores del blog, que he escrito en ¿Hay Derecho? varias entradas sobre materias relacionadas con el fútbol, en las que me he mostrado, en general, bastante crítico con las actuales estructuras, vicios y gobernantes del futbol profesional el cual, más que un deporte, ha derivado en un negocio multimillonario y un espectáculo de masas regido por organismos que gozan de un poder omnímodo y extraterritorial, casi ajeno a todos los demás poderes mundiales.
Pero hoy, a raíz de la victoria del Club Atlético de Madrid en el Campeonato Nacional de Liga de Primera División, quiero también, como viejo aficionado, ex directivo y aún practicante de este deporte maravilloso, exigente y realmente único, rendir homenaje a sus mejores virtudes que también las tiene, y son muchas e importantes.
En el fútbol de competición, aparte de algunas cosas poco edificantes que ya hemos comentado largamente en el blog, se adquieren también una serie de hábitos fundamentales, que resultan muy útiles para el desarrollo personal, y más en estos tiempos de tantas comodidades y vida hedonista y complaciente: el esfuerzo y la generosidad, el trabajo en equipo, la solidaridad con los compañeros, la conciencia de que tú solo no ganas nada ni a nadie, la capacidad de sufrimiento, la superación positiva de los dolores y las lesiones físicas, la competitividad sana, la aptitud para sacar el mejor rendimiento de uno en una situación de máxima presión… No saben ustedes lo educativo que puede resultar para un chaval chulito y algo “crecido”, como hay muchos en la edad adolescente, que un día tu entrenador te siente en el banquillo y ponga a jugar en tu puesto a otro compañero que esa semana se ha esforzado más que tú en los entrenamientos. Y hay que aguantarse y encima apoyar y aplaudir a los tuyos para que ganen. Yo lo he vivido muchas veces, desde muy pequeño, y es una cosa que te pone en tu lugar de verdad. Hay pocas lecciones mejores que esa para la educación de un chaval. Luego la vida de cada uno está llena de trampas y dificultades que, con esas enseñanzas aprendidas practicando deporte, pueden ir superándose con mayor éxito, generosidad y destreza. Y también existe otra cuestión muy importante: las amistades. Los mejores amigos de la vida se hacen sufriendo juntos por un objetivo común. El fútbol, y el deporte en general, crean amistades imperecederas. Yo, que llevo casi 23 años ejerciendo como notario, trabajo y me relaciono a diario con un montón de amigos a los que he conocido, en diferentes épocas de mi vida, jugando al fútbol, y que hemos mantenido una amistad sana e indestructible a lo largo de los años. Es totalmente cierto que la práctica conjunta de un deporte como éste crea una camaradería difícil de encontrar en otros ámbitos de la vida.
Pues bien, en una Liga como la española dominada por dos equipos archimillonarios, Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, que imponen la dictadura implacable de su inalcanzable poder económico, la victoria de un equipo con un presupuesto que es una quinta parte de cada uno de los otros dos es una verdadera hazaña. Y una preciosa lección para la vida. Un grupo de jugadores que hace escasamente cuatro años peleaban por salir de las posiciones bajas de la Primera División encuentra de repente a un guía -ex jugador del equipo- llamado Diego Pablo Simeone, que se pone al frente del grupo y le da la vuelta como a un calcetín, convirtiendo a aquella banda de futbolistas desmotivados en un equipo ganador, paradigma de la lucha, la solidaridad y el máximo esfuerzo colectivo hasta la extenuación. Y de la fe tremenda de un colectivo en su líder. Yo he vivido desde dentro el complejísimo mundo del fútbol profesional, como directivo de otro equipo de Primera División, y no pueden ustedes imaginar el enorme mérito que tiene el trabajo que ha realizado este entrenador. Y de los directivos que le dieron, en un momento muy delicado para su Club, las riendas del equipo. Es realmente impresionante.
Cuando uno maneja diariamente un grupo de futbolistas que ganan sueldos millonarios, y que tienen el ego bastante subido a sus veintipocos años, resulta muy, pero que muy complicado lograr que todos corran y luchen como posesos durante todos los partidos de una temporada tan larga. Sin relajarse. Ni unos minutos. Ninguno de ellos. Ni siquiera los más técnicos del equipo y los que no habían corrido antes nunca tanto. Ni un miércoles de febrero ni un domingo de abril. Ni contra el Elche ni contra el Barcelona. Esto, queridos amigos, tiene un mérito enorme, y constituye un auténtico milagro futbolístico. Y lo ha conseguido el Cholo Simeone, aunque -señas de identidad de ese entrañable Club- sufriendo hasta el minuto final del último partido, con sus dos mejores jugadores lesionados antes del minuto 20, y en el campo abarrotado de su rival por el título. A partir de junio se lo van a rifar. Es realmente único. La gente que entiende de verdad de este deporte comprenderá mejor que bien lo que estoy diciendo. Como dijo él mismo recientemente, “no ganan los mejores jugadores, sino los que luchan mejor”. Por ello se ha pasado estas últimas dos semanas poniendo en vídeo a sus futbolistas imágenes de todos sus esfuerzos y sufrimientos de este año, especialmente de la terrible pretemporada a la que les sometió. Su mensaje: “sufrir da resultados”.
Por ello, esta victoria del Atleti me parece realmente bonita. Y edificante. Por lo que significa y por los valores que transmite a todos nuestros jóvenes -con independencia de su amor a unos u otros colores- necesitados hoy en día de referencias de este tipo. Como ha comentado el profesor Luis Cazorla refiriéndose a sus clases universitarias, los ejemplos -aun explicando Derecho mercantil- resultan con el fútbol más fáciles de poner, y llegan a todos ya que todo el mundo los entiende. Pues cuando en una competición tan difícil como la Liga española triunfan la fe, el esfuerzo y la solidaridad de un colectivo hay que destacarlo. Incluso en un blog jurídico como éste. Gracias al Cholo y a sus muchachos por su magnífico ejemplo. Gran parte de España quería vuestra victoria por todo lo que aquí he contado. Ahí la tenéis… ¡A disfrutarla! No siempre gana el más guapo ni el que más cobra o más camisetas vende. Algunas veces en la vida ganan los que se esfuerzan…..
 

¿Por qué le va mejor a Finlandia que a Suecia en educación?

Los informes PISA permiten hablar de calidad educativa de una manera más objetiva que antes. En Escandinavia el contraste más interesante es el entre Suecia y Finlandia. El trasfondo es que Suecia ha gozado de paz durante los últimos 200 años y ha disfrutado de un buen nivel económico desde el final de la segunda guerra mundial mientras que Finlandia salió de la segunda guerra mundial con soldados muertos, la capital en parte destruida por el bombardeo, refugiados venidos de Carelia, un territorio ocupado por la Unión Soviética y la obligación de pagar una indemnización de guerra a la Unión Soviética.
Suecia ha sido ”desde siempre” un país más próspero y más moderno que Finlandia, y hace unas décadas nadie ponía en duda de que Suecia estaba muy por delante de Finlandia también en educación, pero lo que sucedió fue que Suecia empezó a experimentar con su sistema de educación para hacerlo más igualitario, mientras que Finlandia no podía malgastar su dinero en proyectos de resultado no comprobado. Suecia se embarcó en proyectos innovadores de calidad incierta que empezaron a hacer bajar la calidad mientras que Finlandia eligió reformas lentas, poco espectaculares y métodos comprobados.
Durante los años 60, Suecia introdujo una escuela de base sin exámenes y abolió la reválida de bachillerato. Lo importante era que todos los jóvenes estudiaran juntos, lo cual iba a llevar a la igualdad social.  Estas reformas hicieron bajar la calidad intelectual y abrieron el camino a un creciente desorden en las aulas. Este desorden hizo que la profesión docente dejara de ser atractiva para los jóvenes que podían elegir entre varias profesiones. La ”nueva pedagogía” que se debía aplicar en las aulas decía que el alumno debía decidir él mismo qué iba a estudiar, cuánto y cuándo. El estudio debía basarse en la iniciativa y la curiosidad del propio alumno. Se decía que todos los alumnos tienen ganas de aprender y que la tarea de los profesores es apoyarlos, indicándoles los materiales de estudio que podrían ayudarlos a realizar sus proyectos. Si todos eligen lo que quieren hacer, no siguen en realidad el mismo plan de estudio, no se puede evaluar exactamente lo que han aprendido. Por eso, decían los nuevos pedagogos, tampoco deben usar manuales, no se debe poner exámenes  a los alumnos y son inútiles y negativas las notas.
Muchos profesores siguieron usando prácticas de antes pero empezaron a verse contradicciones y conflictos de todo tipo. Después de unas décadas, era obvio para quien quisiera verlo que el sistema sueco perdía calidad, pero era difícil discutir esto en público porque la educación había pasado a ser un tema no educativo sino político. Se decía que era progresista creer en la nueva pedagogía y retrógrado criticarla. Se evitaba comparar con los conocimientos de la generación anterior y también con los resultados de otros países. En esa situación aparecen los informes PISA – y el efecto es fuerte. Todavía no se sabe cuál va a ser reacción de la sociedad sueca, porque son muchos los pedagogos y políticos que dicen que la nueva pedagogía debería funcionar y exigen que se dé más dinero todavía a una educación ya bien financiada.
En Finlandia, durante las primeras décadas después de la segunda guerra mundial, nadie tenía tiempo de pensar en la educación sino que se dejó que ésta siguiera su vida de siempre. Cuando mejoró algo la situación, los finlandeses podían ver cómo les había ido a los suecos con las reformas innovadoras y lo que vieron les llevó a ser prudentes.
Los finlandeses modernizaron sus currículos pero guardaron en lo esencial la estructura anterior. En la escuela de base, dan un fuerte énfasis al lenguaje y a la lectura. Han mantenido la idea de la obligación del alumno de aprender el contenido del curso y también la del orden en el aula. Utilizan a profesores de apoyo para los alumnos con retraso y, de esta manera, es posible que el profesor encargado de la clase pueda dedicarse enteramente a enseñar el contenido del curso.
Después de la ESO, los alumnos finlandeses pueden elegir entre un programa teórico que prepara para la universidad y una formación profesional moderna y atractiva. La mitad o un poco menos de los alumnos eligen la formación profesional. Esto quiere decir que durante la ESO, los alumnos o bien se preparan para unos estudios más exigentes o bien saben que si aguantan unos años más les esperan una formación que habrán elegido ellos. Este sistema respeta a los alumnos y a los profesores, y es respetado también por los padres.
Para decir en pocas palabras cuál ha sido la diferencia entre Finlandia y Suecia, en Finlandia la modernización se ha llevado a cabo paso a paso y con el apoyo de los profesores mientras que en Suecia los cambios han sido impuestos de manera más brusca y con una motivación social y no pedagógica, y en gran medida en contra de la opinión profesional de los profesores.

¿Puede servir la experiencia de EEUU para formar abogados en España?

¿Se pueden usar en España los métodos de enseñanza del Derecho para formar abogados que se siguen en EEUU? En particular me refiero al método tradicional seguido por las escuelas de Derecho de EEUU: el método socrático o método del caso.

La opinión mayoritaria en Europa, y en particular en España es que los métodos empleados en EEUU, adecuados para una formación en un sistema de Common law, no son adecuados para enseñar Derecho positivo en un sistema de Civil law. La formación de abogados en España se lleva a cabo en el marco del rigor académico y de acuerdo con el sistema europeo, es decir, un modelo de enseñanza del Derecho que encaja muy bien con un sistema de Derecho Civil y que supone una formación encaminada a la comprensión sistemática del ordenamiento jurídico, frente a la formación que se ofrece en EEUU, que favorece una comprensión de asuntos jurídicos a nivel global al margen del sistema jurídico de referencia.

 El hecho de que EEUU sea un país de Common law, frente a la tradición jurídica continental de Civil Law, no impide, a pesar de lo que a primera vista pueda parecer, que puedan tenerse en cuenta los métodos de formación de abogados en EEUU para la reforma de nuestro sistema de enseñanza del Derecho para abogados.

El sistema jurídico de EEUU, como sistema de Common Law, se basa en el precedente judicial, de manera que las sentencias de los jueces constituyen la fuente principal del Derecho y el juez es el creador del Derecho. Frente a esto, en la tradición del Civil law, la principal fuente del Derecho es la ley, las sentencias de los jueces tienen un peso mucho menor de lo que lo tienen en EEUU en la formación del Derecho. En un sistema de Derecho Civil, el Derecho tiene un origen legislativo y la función de los jueces es aplicar las normas al caso concreto y esa diferencia fundamental en el sistema de Derecho determina a su vez una diferencia en el papel de las principales profesiones jurídicas en particular el del profesor de Derecho. En EEUU el juez es la figura más importante en el mundo jurídico y en Europa continental esa figura la ocupa el profesor de Derecho que forma estudiantes, escribe e investiga. En EEUU son los jueces los que han creado las tendencias jurídicas más notables (jueces como Oliver Wendell Holmes, Benjamin N. Cardozo o William Rehnquist), mientras que en España, son los profesores de Derecho las figuras más relevantes en el desarrollo del Derecho. Sin duda a primera vista estas diferencias hacen pensar que el método socrático es más adecuado para formar abogados en Common Law que en Civil law, y que el método de la conferencia es el más adecuado para el Civil law.

Sin embargo, esta afirmación se debe matizar y esto es así en debido a la creciente convergencia entre ambas tradiciones jurídicas que se refleja en particular en la profesión de abogado. Cada vez se crea más legislación en EEUU y su conocimiento gana importancia, de manera que la jurisprudencia no es la única fuente del Derecho y por otra parte, en España cada vez las resoluciones de los Tribunales de Justicia adquieren un papel más relevante en la interpretación de las normas.

Además la abogacía internacional de los negocios recibe cada vez más influencia del Common Law y se produce un acercamiento del modelo de ejercicio profesional que hace que cada vez esté más unificado. El modelo que prevalece entre las firmas de la abogacía de negocios es el de las americanas (prevalecen los modelos americanos de gestión de los despachos de abogados, procesos de selección de abogados, sistemas de retribución de abogados …), de la misma manera que el modelo de ejercicio profesional (estilo de redacción de contratos, técnicas de negociación …) es hoy en día el modelo americano. La evolución que han sufrido los despachos en EEUU se ha visto reflejada en Europa y los despachos europeos, y entre ellos los españoles, han seguido en gran medida el modelo de los despachos americanos y el mercado jurídico europeo ha ido evolucionando en el mismo sentido que el mercado jurídico americano en términos de crecimiento, especialización e internacionalización.

¿Cómo se puede adaptar en España el método socrático?

(i) La idea generalizada es la de que el método socrático se puede seguir en EEUU porque sus programas de Derecho son de postgrado, frente a los programas de Derecho de grado en España. Esta diferencia se puede salvar aplicando en diferente medida el método de aprendizaje o aplicándolo de manera gradual, aumentando su uso en los cursos superiores y combinándolo en los primeros cursos con la clase magistral. Por ejemplo, se podría introducir poco a poco desde primero de grado y aumentar su presencia a lo largo del programa y podría generalizarse en el nuevo master de abogacía necesario para poder ejercer la profesión, ya que este sí es un programa de postgrado.

(ii) Lo exportable de este sistema es un método de enseñanza activo y participativo que enseña a razonar con todas las ventajas que eso supone. Y esto se puede aplicar no sólo al análisis de sentencias (como se hace en EEUU), sino también al estudio de legislación y doctrina y, a casos prácticos basados en hipótesis.

En la situación actual de la enseñanza del Derecho y formación de abogados en España, y dado los cambios que se han producido recientemente (Ley de Acceso a la Abogacía y proceso de Bolonia), nos encontramos en un momento adecuado para llevar a cabo algunas modificaciones y creo que para llevar a cabo estos cambios es muy recomendable hacerlo a la luz de la experiencia de EEUU.

Dada la relevancia del mercado y de la cultura jurídica americanos así como la influencia de las universidades americanas, en la definición de la abogacía, y en particular de la abogacía de negocios a nivel global, el análisis de los métodos de enseñanza para la formación de abogados de EEUU es una referencia indispensable para una propuesta de reforma de la enseñanza del Derecho para la formación de abogados en España. Además, la referencia a la experiencia americana es particularmente interesante porque en EEUU existe ya en la actualidad un intenso debate sobre las metodologías de enseñanza más apropiadas para formar abogados que estudia la disciplina “legal education”.

La educación del futbolista profesional (y II): la visión de un ex futbolista

Me llamo Borja Criado.  He sido futbolista profesional durante 8 temporadas y he jugado en todas las categorías del futbol español.  Empecé defendiendo la camiseta del Europa C.E. y de ahí salté al Valencia C.F. donde alterné durante tres temporadas el filial y el primer equipo.  Luego estuve dos temporadas en el R.C.D. Español (también con alternancia);posteriormente estuve en el Ciudad de Murcia y finalmente en el Granada 74 (ambos equipos de segunda división).  Me retiré en 2008 y ahora acabo de aprobar las oposiciones a notario.

 Creo poder decir que he encauzado bien mi vida profesional tras mi etapa en el fútbol de élite.  Sin embargo, no siempre ocurre así, e incluso podría decirse que, en muchas ocasiones, la cosa no termina tan bien.  Y como en muchas otras veces, es un problema fundamentalmente de educación, y no sólo en la etapa profesional, sino mucho antes…

 Empezaré exponiendo específicamente mi caso, contando lo que yo viví y explicaré el porqué de algunos comportamientos, dado que es ahí donde radica el germen de todo.  Fiché por el RCD Espanyol con 12 años después de pasar una prueba (venía del equipo del colegio) y pasé del concepto «equipo de barrio» a lo que hoy conocemos como futbol profesional.  Y digo profesional porque no puede denominarse de otra manera y es que entrenábamos 4 días a la semana por las tardes y llegaba a mi casa todos los días no antes de las 10 de la noche.  Con este nivel de exigencia, no daba tiempo ni para hacer los deberes, ni para estudiar ni para otra cosa que no fuera dedicación exclusiva al fútbol.  Es cierto que teníamos que presentar las notas en el club cada trimestre y, salvo alguna excepción, mis compañeros venían con una relación de suspensos importantes.  Ante ello ¿cuál era el comentario de la mayoría de padres? «Mi hijo no sirve para estudiar y a la mínima que pueda lo dejará».  Dicho y hecho.  El tema de los padres (que son para analizar en un artículo separado) es clave en esta materia, porque todos se creen que su hijo es el «Maradona» de turno y que les va a sacar de la miseria, con lo cual se lo juegan todo a esa carta. A modo de ejemplo, recuerdo como si fuera ayer los entrenamientos que teníamos en la vieja ciudad deportiva del Espanyol.  Por supuesto, todos los padres presenciaban íntegramente el entrenamiento de su hijo.  No sólo observaban, sino que criticaban al otro niño que competía con su hijo por un puesto en el once titular, daban indicaciones  por encima de la figura del entrenador, insultaban a los padres del otro equipo o a los árbitros en los partidos oficiales y otros sinsabores que no vale la pena ni comentar pero que inciden de manera directa en la educación de su hijo.  Yo he oído una frase de un padre que le decía a su hijo de 10 años que me dejó petrificado (era compañero mío): «tienes que lesionar a este chico en un entrenamiento porque juega en tu sitio».  Con esto creo que uno puede hacerse una idea del nivel de exigencia que hay en edades tan tempranas y que inciden directamente en el desarrollo personal del niño.

 Otro ejemplo impactante: en aquella temporada de infantiles lo ganamos absolutamente todo: primero fuimos campeones de liga; luego vino el campeonato de España (la copa Nike) y posteriormente fuimos campeones del mundo. De aquel equipo de 22 futbolistas que eran campeonísimos, sólo 4 han conseguido tener una carrera en Primera o Segunda División: Jordi Codina (actual portero del Getafe), Albert Crusat (estuvo en el Almería y ahora en Inglaterra), Dani Fragoso (estuvo en el filial del Barça y fue compañero mío en el Ciudad de Murcia) y yo mismo.  Es decir, el  resto son chicos que con 12 años eran los mejores pero que con 20 no tuvieron la suerte de consolidar su carrera.  Si con 15 años dejas de estudiar y luego no vales para el fútbol ¿ahora qué haces? Y la culpa de todo está propiciada por el nivel de exigencia de los clubs y por los padres, ignorantes en algunos de los casos o engañados en los otros.

El autor del post ,en su etapa de jugador del Granada 74

Tras esa primera etapa formativa (que llega hasta los 18 años aproximadamente) llega el momento de la explosión definitiva de todo futbolista (cada uno a su nivel por supuesto).  En ese momento recibí tres ofertas de equipos que querían ficharme y por este orden temporal: el primero en dirigirse a mi padre (no tenía representante porque creíamos que era una figura inútil) fue el F.C. Barcelona y, casi con carácter simultáneo, llegó la oferta del Valencia.  En última instancia llegó una oferta del Mallorca, pero ya tenía un acuerdo verbal con el Valencia (y eso creo que vincula). ¿Por qué el Valencia? Por diversos motivos: primero, porque consideraba que iba a tener mas opciones de jugar con asiduidad en el filial (el del Barça que también estaba en segunda «B» estaba lleno de estrellas como Iniesta, Motta, Babangida, Trashorras, Sergio García, Arteta o Nano); en segundo lugar, porque la opción de llegar al primer equipo es mas asequible en el Valencia; y finalmente, porque mi padre incidió en no cortar bajo ningún concepto con mis estudios en la facultad de Derecho.  Es aquí donde el Valencia me puso todas las facilidades del mundo y no así el Barça.

 Comienza mi aventura en la Ciudad del Turia.  Salvo el periodo estival de pretemporada, el ritmo de entrenamientos de un futbolista profesional es bastante llevadero (por no decir muy llevadero).  Generalmente los lunes descansábamos (reposo después del partido del domingo), aunque en función de las semanas había incluso dos días de descanso (dependiendo de si había Copa del Rey o Champions).  Nuestro horario ordinario era de 10 de la mañana a 1 del mediodía (con alguna tarde esporádica), lo que conllevaba todas las tardes libres.  En mi caso, añadíamos las clases en la facultad.  Es cierto que era un esfuerzo importante, pero yo terminaba de entrenar, me iba al colegio mayor, comía, dormía y me iba a clase a las 4.  Yo no tenía prisa por terminar la carrera, pero era importante no dejarla aparcada porque si no acabaría por abandonarla.  ¿Que hacían el resto de mis compañeros? alguno podía estar terminando el Bachillerato (sí, el Bachillerato), otros trataban de ligar en algún bar, jugar a la Play Station o simplemente hacían vida de casa con sus hijos. Había algún caso aislado como Marchena que estudió turismo u otros que se sacaban el curso de entrenador (sabiendo lo difícil e inestable que es ser entrenador ya que hay 20 equipos en primera y 22 en segunda, es decir miles y miles de futbolistas retirados que compiten por unos escasos 42 puestos).  Recuerdo mi primera pretemporada con el primer equipo cuando tuve una conversación con Salva Ballesta que me gusta reproducir literalmente porque es muy gráfica: yo sabía que él era piloto militar y sabía que eran necesarias muchas horas de vuelo y de dedicación para poder sacarlo y le pregunté cómo lo había logrado y la contestación fue categórica: «hombre, Borja, por las tardes en lugar de irme al Corte Inglés a contemplar a alguna chica de buen ver (dicho finamente) o de comprarme el ultimo reloj de marca con brillantes, pues me voy a volar».  Tenía toda la razón.

 Yo le preguntaba a otros compañeros del equipo sobre su vida post deportiva y ninguno se preocupaba lo más mínimo de eso.  Respuestas como «ya lo pensaré», «yo voy a vivir de rentas» (me río de esa frase porque vivir de rentas es extremadamente difícil si uno quiere mantener su nivel de vida de futbolista), «yo viviré del ladrillo» o » a mí que me importa, pues me iré poner tochos a la obra» eran algunas de las frases mas repetidas.  De hecho, yo era el rarito del equipo, el que estudiaba, el que hablaba en un lenguaje que muchos no entendían o incluso el pijo, pero debo decir que siempre desde el buen ambiente y sin rencores de ningún tipo.

 Es difícil que un chico se centre en este tipo de situaciones porque con las cantidades que se mueven, incluso en categorías inferiores, ¿cómo va a estudiar un chico que con 18 años gana 6.000 euros todos los meses? ¡Y digo 6.000 cuando podía ser bastante más! Además es un dinero que suele ser limpio, porque en mi caso el colegio mayor estaba pagado y encima cada vez que íbamos de viaje nos pagaban las famosas «dietas» (que hoy en día han desaparecido).  Si a eso añadíamos que nos íbamos de cena a un restaurante de nivel y nos invitaban, nos íbamos de copas al bar de moda y nos volvían a invitar…  Se vive en un mundo donde es difícil mantener la humildad y debo reconocer que en alguna ocasión me daban ganas de sacar el pecho, pero tenia un padre que me pegaba un guantazo con la mano abierta y me lo volvía a meter en su sitio.  Pero no todos tenían un padre como el mío que me recordaba el auténtico valor de las cosas.

 Es aquí donde llega el despilfarro del futbolista.  El dinero que fácil llega, fácil se va.  El futbolista gana cantidades ingentes de dinero por hacer lo que más le gusta y no es consciente de lo que valen las cosas.  Voy a poner dos ejemplos de locura supina: en el Valencia había un portero que ganaba al año 60 millones de pesetas (360.000 euros).  Pues el primer año se gasto 50 millones un Porsche 911 Turbo.  No se dio cuenta de que lo que ganaba no era limpio (eran cantidades brutas) y tuvo que pedir un crédito al banco para pagar los impuestos correspondientes del ejercicio impositivo.  De locos.  El segundo ejemplo fue un día que salimos de fiesta estando ya en Granada.  Un compañero nos invito absolutamente a todo ese día, tanto a la comida, a las copas de la tarde, a la cena y a las copas nocturnas, total 6.000 euros.  Por mucho dinero que ganes si vas a este ritmo no hay tren que lo pare.

Pero todo se acaba ¿Qué ocurre cuando se acaba la vida de deportista de élite? En la mayoría de casos se busca alguna vinculación con algún club (sea en la secretaría técnica, entrenando sea a nivel profesional o en categorías inferiores o incluso de ojeador).  Pero estos puestos son tremendamente inestables porque dependes de un organigrama y de una directiva, ya que cuando hay cambio de presidencia y junta directiva, los entrantes suelen traer a «su gente».  Otra opción es introducirte en el mundo laboral, cosa muy complicada porque, aunque hayas sido futbolista de élite, eso no te sirve en el mundo empresarial-laboral como regla general.  Es cierto que el fútbol tiene muchísimas cosas positivas, que ayuda a la formación de la persona y unos valores fuertemente arraigados tales como el sacrificio, el aprender a compartir, el competir, el perder el miedo, te enseña a lidiar con situaciones de estrés o tensión y te hace madurar a un ritmo vertiginoso.  Todo ello ayuda en la formación personal pero no en lo profesional.  Como solución interesante, hoy en día la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), consciente de esta problemática ha ideado un sistema (no solo en el ámbito de la preparación laboral si no también sociológicamente) que ayuda al futbolista a asumir su nuevo papel en sociedad y que el cambio no sea tan traumático, pero sigo pensando que es importante combatir esta precariedad desde su raíz, desde el origen, es decir, desde las categorías inferiores.

En mi caso fue difícil dejar el fútbol a una edad tan temprana (27 años), pero me tocó vivir la cara oscura de este deporte tan apasionante.  Ya había vivido lo que quería como futbolista y era consciente que mi vida estaría en otro ámbito y el reto de la oposición a notarías fue mi motivación y mi objetivo.  Con un poco de esfuerzo y sacrificio uno puede conseguir prácticamente todo lo que se proponga. 

Leer la primera parte: la visión de un ex directivo.