CIVIO: Sin medios contra el coronavirus. Cómo España intentó huir a ciegas del «tsunami»

9 de abril, 2020

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Según informa CIVIO, al principio de la crisis sanitaria, solo 7 personas eran las encargadas de analizar todas las muestras de coronavirus que llegasen de todo el país. Se trataba de un equipo del Centro Nacional de Microbiología (CNM), que fue el que confirmó el primer caso de covid-19 en España. Era un lejano 31 de enero de 2020.

La periodista Ángela Bernardo explica, con los datos disponibles, cómo ha evolucionado la detección del virus en España desde entonces y qué problemas se han producido desde entonces. De las primeras barreras administrativas -una vez que las autonomías empezaron a realizar diagnósticos- a la posterior saturación de los laboratorios ante el ‘tsunami’ de casos.

¿Por qué no se pudo parar la transmisión a tiempo? ¿Fue similar la respuesta de todas las comunidades? ¿Qué laboratorios están haciendo hoy los test PCR en España? ¿Es posible hacer más pruebas? Con los datos disponibles en la mano, y la ayuda de numerosos expertos, desde CIVIO tratan de responder a estas y otras preguntas:

A finales del mes de enero, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia sanitaria internacional y España conseguía repatriar a una veintena de ciudadanos atrapados en Wuhan (China), el Ministerio decidió cambiar de criterio. Sanidad dio entonces luz verde a que las autonomías pudieran diagnosticar la infección. Eso sí, solo podían descartarse los casos negativos. El resto, los que hubieran sido positivos o fueran dudosos, debían enviarse al CNM para que realizase la confirmación, una vez que Salud Pública lo autorizara.

Según explica a Civio Jesús Oteo, director del CNM, esto era necesario porque, en un primer momento, “la metodología no estaba puesta a punto en la mayoría de los hospitales” y los kits comerciales “eran escasos y no bien conocidos”. Su centro reorganizó el equipo habitual de 7 personas para formar un laboratorio de más de 60 especialistas dedicados al diagnóstico del coronavirus. Los medios en la ciencia española son escasos: la cifra del centro nacional tan solo duplica el número de profesionales (28) que trabajan en la actualidad en el Hospital de Oviedo para detectar la infección.

Durante semanas, todas las muestras positivas y dudosas debían seguir enviándose al CNM, siempre contando con la aprobación de Salud Pública. Estos dos trámites se mantuvieron igual hasta el 11 de marzo, cuando dejó de ser necesario salvo en casos dudosos o positivos de pacientes graves. Fue el mismo día que la OMS declaró a la covid-19 como una pandemia. Hoy el problema “ya no es administrativo”, explica Julio García, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), que señala que en un principio faltó “diligencia”.

A comienzos de marzo, los hospitales madrileños se adelantaron y dejaron de enviar muestras para que las confirmase el CNM. “Rápidamente nos vimos superados por este tsunami”, reconoce García, ante el “explosivo” número de casos detectados en Madrid. El 3 de marzo, la Comunidad de Madrid notificó 49 infectados; el día 9, esta cifra se había multiplicado casi por diez, hasta alcanzar los 469 afectados. Pero estos datos no ofrecían una imagen a tiempo real debido a los días que tardan en aparecer los síntomas y al tiempo necesario para obtener los resultados de las pruebas.

El virus pasó desapercibido en España

Durante semanas, el virus parecía estar demasiado lejos. Así había ocurrido también con los anteriores coronavirus, el del primer SARS y el del MERS, cuyo impacto había sido más localizado, lo que puede explicar en parte la falta de reacción occidental. Salvador Peiró, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), apunta otro factor para el exceso de confianza en España: la experiencia de la gripe A, cuando se criticó la sobrerreacción de Sanidad por la compra masiva de vacunas y antivirales contra una enfermedad que, al final, tuvo mucho menos impacto en nuestro país.

Esa confianza explica también que no se hicieran muchas más pruebas. “Estábamos asumiendo que [el coronavirus] solo podía venir de fuera”, dice Peiró. A finales de febrero, nuestro país había investigado un total de 276 casos, de los que 31 eran positivos. Los criterios para hacer pruebas permitían detectar a las personas con síntomas, pero no a aquellos que no los tuvieran o que padecieran signos leves, “que era por donde se estaba colando todo el mundo”, algo que en un primer momento no se sabía.

“Probablemente a partir de la segunda quincena de febrero el coronavirus ya circulaba de forma importante”, explica a Civio. Sin embargo, lo hizo de forma sigilosa, a través de personas sin síntomas o con signos muy leves, que pasaron desapercibidas. España estaba a ciegas en el peor momento, ya que “epidemiológicamente es muy importante tener pruebas” para rastrear por dónde circula el virus. Fue a finales de febrero cuando se encendieron todas las alarmas. El virus ya no estaba tan lejos: de los 483 casos confirmados en Europa, 400 habían sido detectados en Italia, la mayoría en el norte, en las zonas de Milán, Bolonia y Venecia. “Italia y España tienen tal nivel de interacción que era imposible que no tuviéramos montones de casos ya metidos dentro”, lamenta Peiró.

La dispar respuesta autonómica

Sanidad “recomendaba” desde principios de febrero que cada autonomía dispusiera de “al menos un laboratorio con capacidad diagnóstica”. Pero al principio los medios autonómicos también eran muy escasos. Aragón, por ejemplo, solo habilitó dos hospitales en Zaragoza, donde también se tenían que llevar las muestras de Huesca y Teruel. Andalucía hizo lo propio con dos hospitales, en Granada y Sevilla, para atender a toda la región. La Comunidad de Madrid solo contaba en un principio con los cuatro hospitales más grandes para hacer las pruebas. “Hubo previsión para una situación mucho menor que la que nos hemos encontrado. Se pensó en casos importados, brotes locales y localización de contactos, no en una situación masiva”, apunta Peiró.

Al comienzo del brote, según cuenta a Civio un portavoz de la Junta de Castilla y León, la región también centralizó sus análisis en los complejos más grandes -Burgos, Valladolid, Salamanca y León-. Las muestras de Soria, por ejemplo, tenían que hacer un viaje de dos horas por carretera para llegar al hospital burgalés. Y en Baleares, inicialmente todas las muestras se analizaban en Son Espases (Mallorca). Todavía hoy, según explica una facultativa, la mayor parte de muestras de Ibiza viajan a Mallorca por la falta de medios. Un problema similar en Canarias, la carencia de material, también ha obligado a que las muestras vayan de Lanzarote a Gran Canaria para ser analizadas, según el diario local La Voz de Lanzarote.

La reacción a la crisis del coronavirus ha sido dispar en España. Comunidades pequeñas como La Rioja, Cantabria y Asturias son las que más pruebas por millón de habitantes habían hecho a finales de marzo, según los datos recabados por Civio -cifras que, en paralelo había obtenido y publicado de forma previa El Confidencial. La Rioja parece haber seguido el consejo de la OMS, que a través de su director general, Tedros Adhanom, lanzó un mensaje claro: “test, test, test”. Tal vez su elevado número de pruebas responda a dos factores. El primero, el miedo inicial. El 6 de marzo, según los datos de Sanidad, esta comunidad era la que más incidencia acumulada de casos (9,15) tenía por cada 100.000 habitantes, muy por delante de Madrid (2,06) y el País Vasco (2,04), en parte debido al primer gran foco de coronavirus en España, localizado en el municipio de Haro. El segundo factor tal vez sea que La Rioja es una comunidad uniprovincial con pocos habitantes y relativamente rica. En las últimas semanas, la región ha desplegado equipos de diagnóstico móvil para tomar muestras y ha centralizado las pruebas en el Hospital de San Pedro de Logroño.

Si la falta de transparencia sobre el total de pruebas realizadas es muy preocupante, la opacidad es aún mayor en el número de personas que se han sometido al análisis. Hasta la fecha España no ha dado a conocer estos datos. A nivel regional, La Rioja, Madrid, Galicia, Cantabria, Canarias y País Vasco son las seis únicas autonomías que han hecho público el número de personas que se han sometido a test de PCR, según la información obtenida por Civio. En términos relativos, la comunidad riojana vuelve a liderar la corta clasificación al haber analizado a 14.000 personas por millón de habitantes.

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Durante semanas, no ha habido infraestructura ni medios para atrapar al virus a tiempo. Por ejemplo, hasta mediados de marzo, Extremadura solo contaba con un único hospital para hacer análisis, el de Cáceres, ya que el de Badajoz comenzó a funcionar hace unas semanas, según el periódico regional Hoy. Entre marzo y abril, cada autonomía ha intentado multiplicar su capacidad de detección del coronavirus: la Comunidad de Madrid cuenta ahora con 12 laboratorios en hospitales frente a los 4 iniciales; Andalucía, con 14 centros respecto a los 2 con los que comenzó. En las regiones que publican las pruebas realizadas de forma periódica, Cataluña y País Vasco, también se ve que el número de pruebas se disparó a partir de marzo.

Por qué no se hacen más pruebas en España

Los test se llevan a cabo mediante un análisis llamado RT-PCR en tiempo real. La prueba, considerada como el “método de elección” por su “alta sensibilidad” -en torno al 70%-, tarda en condiciones ideales entre dos y tres horas, según el portavoz de SEIMC. “Si no estuviéramos sepultados por toneladas de muestras”, puntualiza. De acuerdo con Nerea Irigoyen, viróloga de la Universidad de Cambridge, la PCR tiene dos limitaciones importantes, la necesidad de mayor soporte técnico y el tiempo que se requiere. Pero a día de hoy sigue siendo la mejor herramienta disponible para atrapar al coronavirus. “Nos sirve para detectar a las personas que tienen el virus en ese momento en sus células”, apunta Peiró, pero no para identificar a aquellos que ya han pasado la infección, para los que se requieren otro tipo de pruebas.

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El microbiólogo Julio García reconoce que necesitan más gente que ayude para diagnosticar a personas infectadas. Y la PCR es un procedimiento común en los laboratorios de biología molecular de todo el mundo. Pero, en su opinión, cualquier investigador que utilice esta técnica no puede hacer diagnóstico. García advierte de un problema logístico: no solo se necesita hacer el análisis, sino también gestionar bien la muestra y validar clínicamente los resultados. Tan problemático puede ser no hacer pruebas como hacerlas ofreciendo conclusiones erróneas. Además, se necesitan laboratorios que cumplan condiciones de seguridad biológica, ya que el virus es “muy contagioso”. Hubo que esperar hasta el 2 de abril para que Pedro Duque, ministro de Ciencia, anunciase un protocolo de formación para que más profesionales sanitarios se dedicasen al diagnóstico del coronavirus.

Las partidas anunciadas por Pedro Sánchez para ciencia están centradas en el estudio del virus y el desarrollo de potenciales vacunas y tratamientos. Un 4% de esta financiación, 1,2 millones de euros, se dedica a “cubrir necesidades excepcionales” para esta crisis, como la adquisición de material y el pago de guardias en el Instituto de Salud Carlos III. Pero, según confirma a Civio una portavoz del Ministerio de Universidades, esta inversión de momento no va para aquellas instituciones que intentan hacer más pruebas, como la Complutense (UCM) y la de León.

La UCM, que desde hace tres semanas trata de detectar casos en residencias de la Comunidad de Madrid, confirma que no recibe ayuda del Ministerio, salvo los kits de PCR proporcionados por el Carlos III. La universidad ha aportado sus propios medios, incluyendo los científicos que se han ofrecido de forma voluntaria, y cuenta con el apoyo de tres fundaciones para una parte del material. El Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA) es otro organismo de I+D que trabaja haciendo análisis en personal esencial de la Policía, los Bomberos o Protección Civil. En las últimas horas y a través de las redes sociales, algunos de los investigadores implicados en estas tareas han demandado coordinación y organización al Gobierno.

A la carrera detrás de un virus desconocido

En la actualidad, además, existen dificultades para obtener los productos para hacer las pruebas. El mayor problema, según Oteo, “está en los reactivos para el proceso de extracción de material genético de la muestra”, un paso fundamental para detectar el virus. “Estamos estrangulados”, admite García. Los laboratorios de países de todo el mundo, entre ellos España, se enfrentan al desabastecimiento. Y ello porque está habiendo una “demanda masiva”, según Stephen Baker, profesor de la Universidad de Cambridge. España está intentando sortear esta dificultad apoyándose en empresas biotecnológicas nacionales, intentando extraer el ARN del virus de forma automatizada y probando nuevos protocolos.

Lo sucedido con el SARS-CoV-2 es una problemática habitual de los llamados virus emergentes, es decir, virus inesperados que aparecen de la noche a la mañana. “Sucedió también con el zika”, comenta García, pero ahora se han visto completamente “desbordados” ante un número de casos “tan grande”. La falta de test rápidos, que sí hay para la gripe, también ha limitado el desarrollo de pruebas masivas. El tsunami del coronavirus vuelve a demostrar, como sucedió con el VIH y el ébola, que las enfermedades infecciosas no son cosas del siglo XIX. “Es difícil prever situaciones como esta”, admite el portavoz de SEIMC, quien recuerda que, tras la crisis del ébola, se crearon numerosas unidades de aislamiento de alto nivel, casi inexistentes hasta entonces, que ahora ayudan al tratamiento de pacientes. Quizás esa sea una de las lecciones más importantes de esta crisis: dotarnos de capacidad suficiente para detectar a tiempo virus emergentes como el SARS-CoV-2.

 

¿Por qué no sabemos a cuántas personas se ha analizado?

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